OPINIÓN: ¿Qué le espera a un mundo con 7.000 millones de habitantes?

Por Jeffrey D. Sachs, Especial para CNN

Nota del editor: Jeffrey D. Sachs es director del Instituto de la Tierra, de la Universidad de Columbia. Acaba de publicar este mes el libro "El Precio de la Civilización".

Doce años después del nacimiento del habitante número 6.000 millones del planeta en 1999, la humanidad recibirá la llegada del número 7.000 millones este mes. La población mundial sigue en rápido ascenso, con 75 millones de nacimientos más que decesos cada año. Las consecuencias de un mundo poblado por 7.000 millones de personas son enormes. Y, si la población no se estabiliza durante el siglo XXI, las consecuencias para la humanidad podrían ser severas.

Una población creciente aumenta la presión sobre un planeta ya sumido en una catástrofe medioambiental. Proporcionar alimento, vestido, refugio y energía a 7.000 millones de personas es una tarea sumamente complicada.

Los sistemas agrícolas mundiales ya están peligrosamente al límite. Se están talando los bosques para hacer granjas; se está acabando el agua para el riego; los gases de efecto invernadero procedentes de las actividades agrícolas tienen un gran impacto en el cambio climático; los fertilizantes envenenan los estuarios; y un gran número de especies se enfrentan a la extinción conforme usurpamos su tierra y agua y destruimos sus hábitats.

Los desafíos económicos son igualmente enormes. La población crece más rápido todavía en los países más pobres, que generalmente también presentan las condiciones ecológicas más frágiles. Los pobres tienden a tener muchos más hijos, por varios motivos. Muchos viven en granjas, donde los niños pueden realizar trabajos agrícolas.

Las sociedades pobres suelen presentar altos niveles de mortalidad infantil, lo que lleva a los padres a tener más hijos como "garantía" por si se les muere algún niño. Las niñas no suelen ir a la secundaria y terminan casándose a edades muy tempranas, con embarazos precoces. Y los anticonceptivos o no están disponibles o son demasiado caros.

Cuando las familias pobres tienen seis u ocho hijos, muchos de ellos quedan condenados prácticamente a una vida de pobreza. A menudo, los padres carecen de recursos para proporcionarles una nutrición decente, cuidado médico o educación. El analfabetismo y las enfermedades terminan heredándose de generación en generación. Y los gobiernos en esos países pobres son incapaces de responder ya que sus presupuestos son insuficientes para cubrir las necesidades de nuevas escuelas, carreteras y otras infraestructuras.

Por tanto, la llegada del habitante número 7.000 es motivo de una gran preocupación en el mundo. Acarrea un desafío: ¿Cómo mantener un planeta en el que cada persona tenga la oportunidad de vivir una vida plena, próspera y productiva, y en el que los recursos del planeta se mantienen para futuras generaciones? ¿Cómo, en definitiva, podemos disfrutar de un "desarrollo sustentable" en un planeta sobrepoblado?

La respuesta tiene dos partes y ambas suponen un largo y difícil camino que durará décadas. La primera exige un cambio de tecnologías – en la agricultura, la energía, la industria, el transporte y la construcción – para que todos pongamos menos presión sobre el medio ambiente. Habrá que hacer una transición mundial, por ejemplo, de la era de los combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo, o el gas, a una era basada en energías como la solar y eólica. Esto requerirá una cooperación global sin precedentes.

La segunda clave del desarrollo sostenible es la estabilización de la población mundial. Esto ya sucede en los países desarrollados y algunos en desarrollo, en los que las familias deciden tener un promedio de uno o dos hijos. La disminución en la natalidad debería alentarse también en los países más pobres. El éxito en la reducción de esta natalidad depende de que las niñas continúen en la escuela, de garantizar la supervivencia infantil y de proporcionar acceso a los métodos modernos de planificación familiar y anticoncepción.

Hace dos décadas, el intelectual británico Thomas Robert Malthus advirtió que el exceso de población reduciría el progreso económico. La amenaza continúa, pero es una advertencia, no un resultado inevitable.

Nos enfrentamos a una tarea urgente: adoptar tecnologías y estilos de vida más sustentables, y trabajar más para lograr una población estable de unos 8.000 millones de personas para mediados de siglo, en lugar de seguir la tendencia actual, que fácilmente nos pondría en 10.000 millones de personas para el 2100.

(Las opiniones expresadas en este artículo corresponden exclusivamente a Jeffrey Sachs)