
(CNN) — Este domingo, más de 100 millones de personas sintonizarán el Super Bowl cuando los Gigantes de Nueva York enfrenten a los patriotas de Nueva Inglaterra en Indianapolis.
Estarán mirando algo más que una simple tradición estadounidense en acción: serán testigos de uno de los deportes más mortíferos en la historia, cuyo récord de muertes prematuras demuestra la triste realidad del asesino silencioso en todos nosotros: la inflamación.
Considera lo siguiente:
Podemos señalar el exceso de peso y, como resultado, la enfermedad cardíaca prematura, como un asesino en potencia entre los jugadores de fútbol. Está bien documentado que el índice de masa corporal tiene una relación inversamente proporcional con la longevidad.
Tiene sentido que los linieros de fútbol que mantienen una elevada masa corporal por razones competitivas, probablemente están sacrificando años de vida debido a su gran tamaño.
Varios estudios han confirmado que los atletas de gran tamaño no se encuentran en mejor estado físico; el tiempo que pasan ejercitándose intensamente no compensa los efectos negativos para la salud que conlleva su sobrepeso. Se considera que el exceso de peso es tan dañino debido al progreso oculto de la inflamación.
Ya sea que estemos considerando los efectos perjudiciales del peso corporal excesivo o de los rutinarios golpes recibidos por parte de otros jugadores, el denominador común es la inflamación, una parte normal del mecanismo de defensa natural de nuestro cuerpo contra los invasores y las lesiones. La inflamación en exceso puede ser perjudicial y cuando se torna desenfrenada o irreversible, puede alterar el sistema inmune y conducir a problemas y enfermedades crónicas.
Mucho después de que un jugador de futbol ha colgado su casco, su cuerpo está tratando de curarse a sí mismo, y ese camino de regreso a la salud probablemente implica algo de inflamación.
El año pasado, el miembro del Salón de la Fama de la NFL Lee Roy Selmon murió dos días después de ser hospitalizado por una apoplejía. Tenía 56 años. A pesar de que estaba muy lejos de la imagen de un hombre obeso que luce peligrosamente cerca de tener un evento cardiaco repentino, la inflamación que había sufrido años atrás en el campo tuvo otras consecuencias. ¿Habría muerto si no hubiera sido un jugador de fútbol? Nunca lo sabremos.
Para los no jugadores de fútbol, la inflamación llega de otra forma: al someter al cuerpo a rutinas irregulares, comer fuera de horario y no dormir lo suficiente. También golpea con las enfermedades. Recuperarse de un resfriado o gripe implica un combate contra la inflamación mientras el cuerpo lucha por librarse de la infección y volver al estado normal.
Nota del editor: El médico David Agus, quien escrinió esta nota, es autor de The End of Illness.


soundoff (Sin Respuestas)