19 noviembre 2012
12:57 PM ET

La ciencia y la ficción colaboran para unir la realidad y fantasía

(CNN) — La transición de los artefactos concebidos por la ciencia ficción a la realidad científica rara vez es un proceso simple.

Más de 20 años después de la trilogía fílmica Volver al futuro seguimos esperando con ansia un avance en la tecnología que permita crear patinetas voladoras, sin mencionar algún acercamiento auto DeLorean que viaja en el tiempo, y creado por Doc Brown.

Sin embargo, un nuevo órgano de investigación de la Universidad Estatal de Arizona (ASU, por sus siglas en inglés) busca tender un puente entre el laboratorio y las invenciones más evocadoras de la ciencia ficción.

El Centro para la Ciencia y la Imaginación (CSI, por sus siglas en inglés), que se inauguró el mes pasado, busca la colaboración de los escritores de ciencia ficción, inventores, ingenieros y tecnólogos.

La meta es crear una red de concentración de las llamadas ideas de “lanzamiento”,  en la que los científicos y artistas se puedan reunir, conversar y posiblemente poner sus ideas en práctica.

Algunas empresas, como el titán de la tecnología de computadoras, Intel, y la editorial HarperCollins se han involucrado en los primeros empeños del grupo.

“Es inusual que una universidad haga algo como esto, ya que reúne a una gran variedad de personas que normalmente no trabajarían juntas”, dice el director del CSI, Ed Finn.

“Queremos generar diálogos que rebasen todas estas fronteras distintas y que la gente piense en su trabajo de una forma más amplia”.

En uno de los primeros proyectos del centro se reunió el aclamado escritor de ciencia ficción, Neal Stephenson, con el académico de la ASU e ingeniero en estructuras, Keith Hjelmstad.

Stephenson es uno de los principales exponentes del Ciberpunk, el género oscuro de la ciencia ficción, y ha dado discursos apasionados acerca del combate a la enfermedad que él cree ha atrofiado la imaginación de la ciencia y la ciencia ficción estadounidense.

Hasta ahora, el dúo ha evaluado la viabilidad de una torre de acero de 20 kilómetros de alto desde la que se puedan lanzar vehículos al espacio con mayor eficiencia.

Aunque este proyecto no arroje resultados prácticos inmediatamente, se espera que anime a los científicos y escritores de ciencia ficción a pensar en grande y a plantearse entre sí retos desafiantes.

“De eso se trata en realidad el Centro para la Ciencia y la Imaginación”, dice Hjelmstad. “Los escritores de ciencia ficción, y en realidad cualquier escritor, son diferentes de las personas con las que me relaciono usualmente. La gente que no está relacionada con la ingeniería hará preguntas básicas que frecuentemente los especialistas  se olvidan de hacer, en este caso: ¿cuánto puede medir la estructura más alta que se puede construir? Para mí fue increíblemente interesante considerar la pregunta: ¿Qué se puede hacer con las estructuras?, algo que no había hecho antes”.

Resulta que Hjelmstad llega a la conclusión de que es posible construir una torre de 20 kilómetros de altura, pero que probablemente nunca se construya debido a los recursos que requeriría (dice que alrededor de 55 millones de toneladas de acero) y al costo financiero que representaría.

Sin embargo, para las compañías como Intel, las soluciones que se pueden poner en práctica de inmediato no son tan importantes como el diálogo y las ideas que se generan gracias a estas interacciones disciplinarias, al menos por ahora.

El gigante de la tecnología está trabajando con el CSI para crear el Tomorrow Project USA, un nuevo sitio web diseñado para generar un diálogo entre expertos acerca de temas futuristas como la sostenibilidad, la energía y la educación.

“A través de los textos de ciencia ficción y los diálogos, se puede explorar el impacto, tanto positivo como negativo, que la tecnología puede tener… mostrándonos la clase de futuro que queremos así como el que no queremos”, dice Steve Brown, proclamado místicamente como evangelista tecnológico de Intel. “También nos permite [jugar] con las consecuencias morales y éticas de las tecnologías”, agrega Brown.

Otros proyectos del centro que están pendientes  incluyen un plan para diseñar la ciudad ideal del futuro, reuniendo las contribuciones de escritores, ingenieros y urbanistas.

Mientras tanto, Finn predice que en los próximos años se sacará partido del talento de otros artistas, incluidos músicos, pintores, actores, bailarines y artistas escénicos.

Mientras que los científicos, ingenieros y corporaciones de tecnología cosechan los beneficios de abrir sus disciplinas a las nuevas y emocionantes formas de pensar, ¿qué ganan los escritores y artistas?

De acuerdo con Kathryn Cramer, escritora de ciencia ficción y editora de Hieroglyph, un proyecto de antología en el que se reúnen los comentarios de los científicos y escritores de la ASU, que será publicado por HarperCollins–,  el centro colaborará a la formación de un género de ciencia ficción más realista y artísticamente rico.

“Para los escritores, el contacto con [los científicos] les permite refinar sus ideas para crear algo potencialmente más viable”, dice Cramer.

Algunos escritores pueden realizar ese proceso por sí mismos, pero al formalizar esta relación, Cramer cree que surgirá un diálogo más fluido y enriquecedor entre la ciencia y la ciencia ficción.

Al igual que Hjelmstad, Brown y Finn, Cramer calma la expectación al decir que es probable que las aplicaciones prácticas de estas ideas tengan que esperar. “No creo que se pueda garantizar que el proyecto pueda originar ideas que se puedan presentar ante los inversionistas  para desarrollarlas mañana. No obstante, la ciencia ficción ha probado ser inspiración para los científicos y el inicio de la innovación científica”, explica Cramer.

“Vale la pena hacerlo, pero hay que tener en cuenta que, anteriormente, aunque hubo ideas que funcionaron, también hubo ideas que no lo hicieron”.