Adiós "a la cubana"
15 enero 2013
05:14 PM ET

Adiós "a la cubana"

Por Sebastián Jiménez Valencia, CNN

(CNNEspañol.com) – Tras muchos años de ver llegar miles de extranjeros a su país, Ramón*, un licenciado en meteorología nacido en La Habana, pensó que por fin iba a poder hacer lo mismo: viajar al exterior como turista.

No era para menos. Después de todo, el anuncio del gobierno cubano sobre la flexibilización de las restricciones de viaje fue una luz de esperanza para millones de cubanos que durante décadas se han sentido aislados en el mundo. Una esperanza fundada especialmente en la eliminación de la Tarjeta Blanca, el permiso de salida que los cubanos necesitaban para viajar al extranjero.

“Si me dieran un boleto de avión me iría a cualquier parte”, dijo Ramón, que nunca había ni siquiera considerado poder viajar debido al alto costo de la Tarjeta Blanca.

La noticia la dio a conocer el periódico oficial Granma en octubre: “A partir del 14 de enero del 2013 solo se exigirá la presentación del pasaporte corriente actualizado y la visa del país de destino”.

Sin embargo, para Ramón y muchos otros cubanos, las cosas no son como las pintan. Cuando fue publicada la nueva ley migratoria en la Gaceta Oficial, él encontró los mismos artículos de antes, que en últimas dejan en manos del régimen la decisión del permiso de viaje.

Así volvió a reinar en él el escepticismo que se ha convertido en regla en Cuba con las reformas del gobierno. Ramón, un joven de 28 años, teme que no califique para poder viajar.

“Me gustaría salir pero no hay posibilidad. Puede emigrar todo cubano excepto la persona calificada. Y yo soy calificado”, dijo Ramón, quien aseguró haber dejado de practicar su profesión para poder tener mejores ingresos.

“A raíz de esos obstáculos, dejé de ejercer la función, porque no es justo de que estudies cinco años, presentes una tesis, te quemes las pestañas y aún así no tengas posibilidades de salir”.

Las restricciones que se mantienen

El Decreto 302, que modificó la Ley 1312 (Ley de Migración), no cambió el artículo 23, en donde se especifican las condiciones que impiden que un cubano pueda obtener el “pasaporte corriente”. Entre otras limitantes, la norma impide el viaje “cuando razones de Defensa y Seguridad Nacional así lo aconsejen”.

Además, no pueden tener pasaporte las personas que carezcan “de la autorización establecida, en virtud de las normas dirigidas a preservar la fuerza de trabajo calificada para el desarrollo económico, social y científico técnico del país”. Es decir, los profesionales calificados no pueden salir del país si el Gobierno así lo determina.

Para las autoridades, esas condiciones cumplen un propósito justo. Según dijo en televisión nacional el coronel Lamberto Fraga, de la Dirección de Inmigración y Extranjería, esas cláusulas "son razones que tiene el Estado, razones de la mayoría”.

Pero para un cubano como Ramón eso parece no ser cierto.

¿Verdadera reforma o “cambio fraude”?

Marisel Trespalacios, internacionalista de la Pan American Development Foundation, en Washington D.C., opina que la reforma es “más de lo mismo”.

“Existen varias cláusulas dentro de esa nueva reforma que limitan muchísimo y dejan todavía en manos del Estado –conformado por un partido único- decidir quién en realidad puede salir de la isla, y eso equivale a cualquier persona que ellos estimen una amenaza para la seguridad nacional o para la ideología”, dijo Trespalacios, que emigró de Cuba en los noventa.

La prohibición de viaje ha sido una constante en activistas como la bloguera Yoani Sánchez, a la que le han negado su permiso de salida casi 15 veces a pesar de contar con visas de varios países del mundo.

En un video difundido en 2012, Sánchez muestra su pasaporte, que sacó para viajar a España al recibir un premio Ortega y Gasset de periodismo digital. Según describe la activista, el pasaporte costó 55 CUC (peso convertible cubano, prácticamente equivalente a un dólar), “lo que viene siendo el salario completo de tres meses de cualquier trabajador medio”.

Las páginas del pasaporte de Sánchez están llenas, aunque nunca ha salido de Cuba. “Tengo un pasaporte muy peculiar: lleno de autorizaciones para entrar a otros países y ni una autorización para salir del mío”.

Otro caso con tintes aparentemente políticos es el de Rosa María Payá, hija de Oswaldo Payá, el disidente fallecido el año pasado en un accidente automovilístico que ha generado cuestionamientos sobre sus causas.

La joven, de 23 años y graduada en Física, fue despedida del trabajo y no le permiten estudiar. Chile recientemente la invitó al Encuentro de Humanismo Cristiano y Cuba le impidió la salida.

“Ahora el Estado decide quién y quién no tiene un pasaporte. Antes un cubano, como Yoani Sánchez, tenía su pasaporte lleno de visas y cuando lo presentaba ante la oficina de migración ellos negaban la Tarjeta Blanca. Ya ese paso lo quitaron, pero ahora la nueva Tarjeta Blanca es el pasaporte. Ellos deciden si dan o no un pasaporte”, señaló Trespalacios.

Por otro lado, la reforma –explica la internacionalista- no deja claro qué pasa en el caso de que un ciudadano sienta violentados sus derechos, pues no hay un tribunal al cual acudir. Ante una negativa, no hay una vía legal por la cual se pueda cuestionar ese dictamen.

Y por lo demás, el principal obstáculo vuelve a aparecer por cuenta de los costos administrativos: cada pasaporte tiene un valor de 100 CUC.

“En un país en donde a un neurocirujano le pagan 25 o 30 dólares al mes, ¿la gente a qué puede aspirar?”, preguntó Trespalacios.

Además de la restricción de salida, la ley también establece que el Estado se guarda el derecho de decidir si la persona puede reingresar a Cuba una vez se ha ido.

Por eso la disidencia cubana, en especial el Movimiento Cristiano de Liberación –fundado por Oswaldo Payá-, han llamado a las reformas el “cambio fraude”, por ser, dicen, reformas fachada.

Para los cubanos es claro: las persistentes restricciones evidencian que “se teme el éxodo masivo de personas calificadas”, dijo Ramón.

“En el tema de la salida de los profesionales, Cuba es una de las pocas sociedades en que la pirámide está completamente invertida: mientras más capacidad profesional y entrenamiento académico tengas, contrario al resto del mundo, tienes más trabas para viajar. Se castiga el ser profesional”, señaló Trespalacios.

La subsistencia: turismo o emigración

En una nación con un ingreso per cápita anual de 6.000 dólares (comparados con los 51.000 dólares de los habitantes de Estados Unidos), las posibilidades económicas para cualquier persona parecen estar exclusivamente en empleos del turismo, en las remesas de los familiares en el extranjero y en la búsqueda de un futuro mejor en otro país.

“Al saber que no puedo viajar al exterior, me sentí frustrado y ya dejé de trabajar”, dijo Ramón. Él renunció al Instituto de Meteorología y ahora trabaja como promotor turístico, ofreciéndoles a los turistas el menú de un restaurante en la Plaza de la Catedral, en Habana Vieja.

Cuba recibe al año cerca de dos millones de turistas, según cifras del ministerio de Turismo de ese país. De esos, un millón proviene de Canadá y 600.000 de Estados Unidos (de los cuales el 85 % son cubano-estadounidenses).

En La Habana y Varadero, los principales destinos, todo gira alrededor de un turismo que explota el singular atractivo de un país que parece haberse detenido en el tiempo. Pero la cara que el turista ve ciertamente es una fabricada especialmente para mantener a esa próspera industria nacional. Por ejemplo, la moneda que los turistas pueden usar, los pesos convertibles o CUC, es casi 24 veces más cara que la moneda nacional, el peso cubano.

“Aquí en Cuba vivimos del turista”, dijo Félix*, instructor de salsa de un hotel de cinco estrellas en Vedado, un barrio de La Habana. Félix aseguró que si no trabajara en turismo no sabría cómo sobrevivir.

Para los cubanos estar en el medio turístico es asegurar un poco más de seguridad financiera. Por eso, dada la gran afluencia de turistas y la precariedad de los salarios en otras profesiones, muchos cubanos, como Ramón, han optado por trabajar en alguna actividad que tenga que ver con extranjeros.

“Una mesera vive mucho mejor que un médico. Por eso es que se ve que muchos médicos y cirujanos no ejercen sino que trabajan de barman, por ejemplo, o en restaurantes privados”, contó Ramón.

Los guías son los más beneficiados. La gran mayoría habla más de dos idiomas y representan el contacto que tienen las personas en el turismo organizado en Cuba. Así, por cuenta de las propinas y los arreglos con los sitios a los que llevan a los turistas, reciben dinero en moneda convertible.

Los mismo piensa Félix: “El mejor trabajo en turismo es ser guía, porque son los que los que se montan en las guagas (buses) con los turistas, los llevan a las fábricas de tabacos y bares y se buscan dinero con ellos y cuando llegan a sus casas tienen 300 y 400 CUC libres”.

Las otras opciones: el adiós

A pesar de que se garantiza educación gratuita, la situación para los trabajadores en Cuba es deficiente. Alrededor del 80 % de la fuerza laboral trabaja para el Estado (son llamados ‘funcionarios de la Revolución’) y no son pagados en CUC, sino en moneda nacional, según The National Geographic. Pero desde 2010 más de 150.000 trabajadores estatales han renunciado o sido despedidos de sus puestos.

“Yo quisiera vivir en Cuba para siempre porque no hay enfermedades, no hay esa violencia como en otros países, pero lo malo es que yo trabajo el mes entero y mi sueldo no me alcanza”, explicó Félix. “En un mes me alcanza para comer, en el otro para vestirme y el otro para comprarle ropa a mi hijo. Entonces no puedo comer y vestirme con el mismo sueldo”.

Así que la opción –hoy, como en los últimos años- es salir del país, a pesar de las dificultades y riesgos que implica. Por eso el fenómeno emigratorio cubano es uno de los más pronunciados del mundo. Particularmente desde los años noventa, cuando la caída de la Unión Soviética derivó en una fuerte crisis que hizo más severas las consecuencias del embargo estadounidense. El resultado: miles de cubanos buscaron por todas las formas un mejor destino, muchos de ellos arriesgando la vida al embarcarse en balsas hechizas hacia el sur de Florida.

El fenómeno todavía se presenta hoy en día: el 30 de diciembre cuatro cubanos a bordo de una balsa de poliestireno fueron rescatados por un crucero cuando se dirigían a Miami.

A pesar de las malas condiciones de las balsas, poder ‘viajar’ en una tampoco es un asunto económico: “Salir en una dona (neumático) vale 650 CUC. Una brújula vale 180, unos remos rudimentarios te valen 80 CUC. Todo los implementos de navegación, así sean sofisticados o rudimentarios, valen dinero”, comentó Ramón, quien como muchos cubanos conoce a alguien que alguna vez intentó –o logró- migrar como balsero.

Por otro lado, quienes han tenido la posibilidad de viajar al extranjero con autorización del Estado –muchos en misiones de trabajo- han aprovechado para quedarse en esos países de ilegales o inclusive han recurrido a matrimonios arreglados para conseguir pasaportes.

“Yo quiero irme ahora en enero”, dijo Félix, el instructor de salsa. “Gracias a Dios me dieron la visa, voy para Italia –me lleva el Estado- y me voy a casar con una italiana para no tener que vivir más en Cuba. Mi papá está allá y le va a pagar 5.000 euros a la mujer para casarse conmigo”.

Félix viajará con una delegación oficial para hacer presentaciones de baile en Italia. Allí lo espera su padre, un exmarinero que se estableció hace siete años en Roma tras haber abandonado la embarcación cubana en la que se encontraba y haberse llevado todo el dinero de la tripulación.

Félix, de 30 años y padre de un niño de 5, habla italiano, francés e inglés. Dijo haber estado planeando esto durante años.
“Cuando me case con ella voy a estar en Italia los seis meses de contrato con el Estado cubano. Cuando termine el contrato, voy a venir a Cuba con esa mujer y me voy a volver a casar aquí, y así voy a tener visa italiana. Entonces ya podré ir a Italia y venir a Cuba cada vez que yo quiera, como un turista”.

Así Félix podrá realizar su sueño, el mismo de Ramón y de muchos otros que anhelan salir de Cuba y poder ser, por fin, viajeros internacionales.

A pesar de la permanencia de obstáculos administrativos y de los altos costos, de todas maneras la reforma migratoria abre –al menos en el papel- la puerta para que más cubanos puedan salir del país con menor dificultad, ya no en balsas ni en misiones de trabajo, sino como turistas. Y algunos, quizá, lo harán para no volver.

Bien lo dijo Yoani Sánchez: “Este 2013, en que tantos aguardan por la implementación de la Reforma Migratoria, puede convertirse en un año donde digamos muchas veces ‘adiós’”.

* Nombres cambiados a petición de los entrevistados para proteger su identidad.

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