OPINIÓN: No clonen un bebé Neardental
4 febrero 2013
12:41 PM ET

OPINIÓN: No clonen un bebé Neardental

Por Arthur Caplan

Nota del Editor: Arthur Caplan es profesor y director de la División de Bioética en el Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York.

(CNN) — Ahora lo sabemos, no habrá un Neandertal mudándose a tu vecindario.

A pesar de la enardecida atención que acaparó la provocativa sugerencia hecha por un reconocido científico de Harvard acerca de que la nueva tecnología genética permite unir un conjunto completo de genes de Neandertal, encontrar una aventurera madre sustituta para clonar y dar vida a un bebé Neandertal no ocurrirá pronto.

Ni debería. Sin embargo, hay muchas otras cosas en los trabajos relacionados con la ingeniería genética que ameritan un serio debate ético a nivel nacional e internacional.

Algunos pensaban que el científico de Harvard, George Church, pronto publicaría un anuncio buscando madres voluntarias sustitutas para llevar dentro de sí un, desde hace mucho tiempo extinto, bebé Neandertal con sus 35.000 años de antigüedad. La Iglesia tuvo que aclarar los comentarios del científico e indicar que solo estaba especulando, no incubando.

La clonación conlleva mucho misterio y el glamour de Hollywood agradece en películas como Parque JurásicoLos niños del Brasil, y Nunca me abandones de que sucediera la discusión acerca de los pros y los contras de fabricar un Neandertal. Eso no era necesario. No sería ético intentarlo.

¿Por qué? Debido a que no existe una razón obvia para hacerlo. No hay necesidad o beneficio notable de llevar acabo este proyecto. En el mejor de los casos podría servir en el ámbito biológico y para entender el comportamiento de un antepasado lejano.

En el peor de los casos, no sería nada más que un material de reality show estilo Octomamá, pero sobre una madre sustituta que cría a un niño cavernícola,  sintonícelo la próxima semana para ver lo que su nuevo novio piensa cuando ella le dice que hay un pequeño agregado en su vida que porta un pequeño garrote y un trocito de pedernal para dormir con el bebé.

Entre las desventajas de intentar clonar un Neandertal está la alta probabilidad de matarlo. Primero porque se trataría de un sujeto seriamente deformado, carente de defensas contra las enfermedades e incapaz de consumir los alimentos a los que nos hemos acostumbrado. El niño no podría comprender acerca de qué tipo de comportamiento es “normal” o “apropiado” de acuerdo a nuestro entorno debido a que lleva mucho tiempo extinto.

Cuando se ponen en balance los riesgos y los daños que seguramente ocurrirían, se necesitaría una justificación sustentada para llevar a cabo el experimento. Afirmo sin temor a equivocarme que el posible beneficio nunca, nunca llegará al punto en que pudiera superar la lista de los probables y horribles inconvenientes.

Incluso argumentar el intento de resucitar un mamut lanudo, un mastodonte, un pájaro dodo o cualquier otro animal extinto es una controversia ética. ¿Cuántos experimentos fallidos serían aceptables para conseguir un espécimen de estos? ¿Dónde viviría el animal? ¿Qué le daríamos de comer? ¿Quién lo protegería de los cazadores furtivos, de los curiosos y de los buscadores de tesoros?

No es tan fácil resucitar especies que desde hace mucho ya no existen, producir suficiente cantidad de animales para que no mueran de aislamiento y falta de estimulación social para después encontrar un ambiente que sea adecuado y lo suficientemente seguro en comparación al que alguna vez habitaron.

En cualquier caso, los aspectos más interesantes de la ingeniería genética no implican fabricar seres humanos o neandertales y mamuts. Implican recrear microbios para hacer las cosas que de verdad necesitamos hacer, como fabricar combustible limpio, absorber dióxido de carbono, limpiar la grasa de nuestras arterias, inmunidad a bacterias y virus desagradables o producir plásticos y productos químicos de manera más eficiente y económica.

Al tratar de fabricar este tipo de microbios, se pueden matar a todos lo que se quiera sin temor a la condena ética. Y si al nuevo organismo no le gusta el ambiente en el que tiene que existir para vivir bien, no pasará de ser mal tino.

El desafío ético de esta clase de biología sintética es que puede ser utilizado por personas malas para fines oscuros. Se pueden crear armas biológicas y microbios que sólo infecten a personas con ciertos genes que comúnmente se asocian con ciertos grupos raciales o étnicos.

En lugar de preocuparse por lo que va a pasar con los valores de bienes raíces, en caso de que una nueva generación de “Picapiedras” se instale en las calles, nuestros funcionarios públicos, grupos religiosos y moralistas deben tomar en serio el uso de la genética para producir microbios y la forma en que podemos detectar a los terroristas que lo aprovechen. Qué tipo de controles necesitamos para prevenir accidentes y quién va a pagar el costo si un organismo termina por provocar más daño que bien.

Nos encanta pensar que la clave del futuro radica en la forma en que la humanidad puede ser diseñada. De ahí, la fascinación con la clonación de otros seres. En realidad, por lo menos en varios años por venir, el futuro pertenece a lo que podamos hacer para diseñar y controlar microbios. Ciertamente eso es menos fascinante, pero es mucho mejor seguir una historia que es real a una como la de la clonación del Neandertal, que no es más que pura fantasía y especulación.

Las opiniones expresadas en este comentario son solamente las de Arthur Caplan.


Secciones: Investigaciones