Por Jim Polk y Alicia Stewart, CNN

(CNN) - “Yo tengo un sueño que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter”.

El reverendo Martin Luther King pronunció estas palabras en 1963, pero no solo durante el que sería uno de los discursos más importantes de la historia.

King dijo esa frase en Detroit, dos meses antes de dirigir su afamado discurso “Yo tengo un sueño” a una multitud de casi 250 mil personas en la Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad del 28 de agosto de 1963.

Varios asesores de King intentaron disuadirlo de utilizar las mismas palabras.

Sabemos que no lo lograron. Pero cómo fue forjado este discurso crucial es apenas uno de varios datos interesantes sobre uno de los momentos más importantes de la historia moderna de los Estados Unidos:

El discurso casi no incluye la frase “Yo tengo un sueño”

King había sugerido el ya conocido discurso sobre el sueño utilizado en Detroit para la marcha, pero su asesor Wyatt Tee Walker lo consideró “trillado y lleno de estereotipos”.

Por ello, la noche antes de la movilización, su grupo cercano confeccionó otra alocución llamada “Nunca más normalidad”.

King fue el último orador en la concentración en Washington. Mientras hablaba, la cantante de góspel Mahalia Jackson le pidió a King: “Cuéntales sobre el sueño, Martin”.

Walker estaba ente el público.

“Creí que era un error utilizar esas palabras”, recordó Walker. “Pero qué equivocado estaba. Nunca antes habían sido utilizadas en un escenario mundial”, agregó.

El resto, claro, es historia conocida.

La marcha casi no incluye ninguna oradora mujer

Fue solo después de la presión de Anna Arnold Hedgeman, la única mujer en el comité organizador, que se incluyó un “Tributo a las luchadoras negras por la libertad” en el programa oficial.

Resultó aún más difícil que una mujer lo liderara.

Daisy Bates habló en lugar de Myrlie Evers, la viuda de Medgar Evers, un activista por los derechos civiles asesinado. Bates, presidenta de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color de Arkansas, le dijo a la multitud: “Caminaremos hasta ser libres, hasta ingresar a cualquier escuela y hasta que nuestros hijos asistan a cualquier escuela de los Estados Unidos. Y protestaremos hasta que todos los negros de Estados Unidos puedan votar. Se lo prometemos a todas las mujeres del país”.

Un rato antes, la artista Josephine Baker, que había viajado a Francia para hacerse famosa, se dirigió a la muchedumbre en términos muy personales sobre la libertad: “Ustedes saben que siempre he tomado el camino más duro. Nunca he tomado el más sencillo, pero al crecer y al saber que tenía poder, tomé ese camino duro y quise hacerlo más fácil para ustedes. Quiero que tengan la posibilidad de lograr lo que yo tuve. Pero no quiero que tengan que escaparse para alcanzarlo”.

Las mujeres habían sido centrales en el movimiento por los dererechos civiles (Diane Nash, Ella Baker, Dorothy Height y muchas otras), pero solo fueron incluidas en el programa después de que una de ellas levantara la voz.

El orador blanco más importante era llamado “el Martin Luther King blanco”

Walter Reuther fue el líder del grupo Trabajadores Automotrices Unidos, que colaboró con fondos y logística para las marchas de Detroit y Washington.

Fue el séptimo orador en el programa y compartió sus impresiones con el público.

“No arreglaremos la educación, la vivienda y los servicios públicos mientras millones de negros sean tratados como ciudadanos de segunda clase”, dijo.

En 1998, la revista Time lo incluyó en su lista de Constructores y Titanes del siglo XX. Irving Bluestone, antiguo asistente de Reuther, hizo pública una anécdota para explicar el papel de Reuther durante la Marcha sobre Washington. “Había dos mujeres mayores cerca del podio. Cuando (Reuther) fue presentado, una de ellas preguntó quién era ese hombre. La respuesta: ‘¿Walter Reuther? Es el Martin Luther King blanco’”.

Un hombre abiertamente gay organizó la marcha en menos de dos meses

En su reciente columna en CNN, LZ Granderson lo definió como “el más importante líder del movimiento por los derechos civiles del que quizá nunca hayas oído”. Bayard Rustin no solo organizó la marcha en menos de dos meses, sino que también fue el responsable de enseñarle a King sobre los métodos de protesta no violenta.

Conocida su orientación sexual, Rustin manejaba un bajo perfil para evitar que se la utilizara en contra del movimiento.

Al cumplirse cincuenta años de la marcha, Rustin, que murió en 1987, será homenajeado con una Medalla Presidencial de la Libertad póstuma por Barack Obama en noviembre.

No fue la primera “marcha sobre Washington” planeada

El líder sindical y defensor de los derechos civiles A. Philip Randolph había amenazado con convocar una “Marcha por la libertad” en el mismo sitio en 1941 para presionar al entonces presidente Franklin Roosevelt por la igualdad de oportunidades laborales. La advertencia funcionó: la marcha fue suspendida después de que Roosevelt estableciera el Comité de Prácticas Laborales Justas y aboliera la discriminación laboral al momento de contratar personal.

La marcha contó con la presencia de numerosas celebridades

El actor y cantante Harry Belafonte aprovechó su popularidad para convocar a otras celebridades a la Marcha sobre Washington. Belafonte incluso se reunió con los grandes empresarios de Hollywood para que les permitieran a los actores y actrices participar de la movilización.

Su esfuerzo fue exitoso. La lista de estrellas que participaron aquel 28 de agosto incluyó a Marlon Brando, Sidney Poitier, Lena Horne, Charlton Heston y Burt Lancaste, que también ofreció un discurso.

“Creo que su presencia alivió a muchos, entre ellos el presidente Kennedy, preocupados por posibles hechos de violencia”, dijo Belafonte.

Una trabajadora de la marcha se durmió durante el discurso de King

Durante la organización de la marcha, la estudiante universitaria Patricia Worthy trabajó contestando teléfonos en la oficina de planificación.

“Recuerdo que un día escuché a alguien decir: ‘¿Dónde está esta jovencita que atiende el teléfono?’. Cuando miré hacia arriba, vi que era el doctor King, que dijo: ‘Quiero conocerla. Me dejó en espera dos veces y en una ocasión me cortó la llamada’”.

Worthy dijo que estaba “muy avergonzada”, pero que enseguida el ícono de los derechos civiles la abrazó.

Pero algo curioso ocurrió el día de la marcha. La mujer estaba tan cansada que, sin quererlo, se durmió durante el histórico discurso de “Yo tengo un sueño”.

Las cosas resultaron bien para Worthy: ha tenido una exitosa carrera legal y hoy da clases en la Universidad de Howard.

Tres muchachos hicieron más de mil kilómetros a dedo para llegar a la marcha

Robert Avery, junto a dos amigos, hizo más de mil kilómetros a dedo desde Gadsden, Alabama, hasta Washington para participar de la movilización.

Avery, que tenía apenas 15 años, ya participaba del movimiento por los derechos civiles. Unos meses antes, había sido herido por una picana durante una protesta.

Los tres jóvenes llegaron a la capital una semana antes de la marcha después de tres días de hacer dedo y colaboraron en su organización.

En un momento, King apareció y preguntó por ellos. Había estado en Gadsden la noche anterior y los padres del muchacho le habían pedido al líder del movimiento que chequeara que estuvieran bien.

King se sentó con los tres y habló con ellos durante unos 20 minutos en los que les preguntó por sus sueños, recordó luego Avery.

“Yo tengo un sueño” le gana al famoso discurso de Kennedy

No hay dudas de que el discurso de King fue la parte más significativa de la Marcha sobre Washington. Todavía se lo enseña en la escuela y muchos niños lo aprenden de memoria. Pero, ¿cómo se compara con otros grandes discursos de líderes del siglo XX, como el de Kennedy (“No se pregunten qué puede hacer su país por ustedes...”)?

Un panel de más de 130 académicos se reunió en 1999 para elaborar un ranking de los mejores discursos del siglo pasado y el de King obtuvo el primer lugar.