El presidente Barack Obama criticó a legisladores de su partido que bloquearon un acuerdo comercial y llamó a la senadora Elizabeth Warren por su nombre, tras lo cual algunos lo acusaron de "sexista" (AFP/Getty Images/Archivo).

Nota del editor: S.E. Cupp es la autora de 'Losing our Religion: The Liberal Media's Attack on Christianity', coautora de 'Why You're Wrong About the Right' y columnista en el New York Daily News. Las opiniones expresadas en este comentario son suyas.

(CNN) - Ahora que ya ha avanzado en su segundo mandato, creerías que el presidente se habría hecho un poco más fuerte.

Pero cuando de pruebas de la lealtad del partido se trata, el presidente Obama es demasiado sensible.

Así lo vimos esta semana, no en una sino en dos ocasiones en el marco de un único debate sobre su Acuerdo de Asociación Trans-Pacífico, el cual fue obstaculizado por los demócratas del Senado.

Primero, Obama le respondió a su amiga, la senadora Elizabeth Warren, por las críticas que hizo hacia el acuerdo comercial, al decir que estaba "absolutamente equivocada".

"Sus argumentos no pasan la prueba de los hechos y el escrutinio", dijo. Y el comentario final: "Elizabeth es, como ustedes saben, una política como todos los demás".

Una versión más diplomática y menos defensiva de eso podría haber sonado algo así: "La senadora tiene el derecho a tener su opinión y aprecio su pasión, pero simplemente resulta que estamos en desacuerdo".

Pero los sentimientos lastimados continuaron. Increíblemente, la Casa Blanca ha pedido una disculpa por parte del senador Sherrod Brown, quien, mientras defendía las críticas de Warren, acusó al presidente de tomarse una batalla legislativa de manera demasiado personal.

Brown también parece haber tocado una fibra sensible cuando sugirió que Obama había sido "irrespetuoso" con Warren cuando la llamó por su primer nombre. El demócrata por Ohio dijo lo siguiente en relación al presidente: "... ¿quizá no lo habría hecho con un senador hombre?"

Ahora, esa última afirmación es absolutamente descabellada. Obama y Warren son amigos, y él también llama a muchos hombres por su primer nombre. Pero, de hecho, es tan ridículo que la Casa Blanca no tenía que dignificarlo con una respuesta. Pedir una disculpa es algo que se espera de los maestros del jardín infantil, y no de los presidentes con un ego lastimado.

La belleza del tercer y cuarto año del segundo mandato es que para entonces, el presidente ya ha sobrellevado lo más difícil, y las intensas batallas y conflictos negativos que ocurren durante los tensos años electorales son cosa del pasado.

Usualmente ves a un comandante en jefe que finalmente siente que se puede relajar. Él bromea más con los cuerpos de prensa. Se muestra bromista con sus antiguos rivales en el Congreso. Puede reírse de sí mismo.

De cara a 2016, lo último que Obama querría es empezar a atacar a miembros de su propio partido. ¿Mi consejo? Relájese, señor presidente.