Esta momia de gato es de la zona de Saqqara (Museo de Manchester, Universidad de Manchester)

(CNN) – Hace decenas de siglos, los animales eran considerados más y más como una representación sagrada de los dioses en el antiguo Egipto.

Los peregrinos solían pagar por la momificación de un animal, a cambio de un favor o una revelación divina.

Así comenzó una industria lucrativa (compuesta por conservadores de animales, embalsamadores, sacerdotes y trabajadores que construían los cementerios y las catacumbas) y, con el tiempo, hasta 70 millones de animales fueron conservados cuidadosamente o así lo creían los habitantes del antiguo Egipto.

Ahora, 3.000 años después, investigadores en Inglaterra han revelado lo que según los principios modernos parece ser una estafa de proporciones épicas.

Por medio de la más reciente tecnología de imágenes médicas, radiólogos y egiptólogos han escaneado cientos de momias de animales y encontraron que un número considerable contiene solo restos parciales de animales o están completamente vacías.

Los investigadores del Museo de Manchester y de la Universidad de Manchester utilizaron un escáner de tomografía computarizada y una máquina de rayos X que normalmente se utilizarían en niños, para ver debajo de los envoltorios sin dañar los antiguos especímenes que se encuentran dentro.

Lidija McKinght, quien dirigió al equipo, dice lo siguiente respecto a sus hallazgos: "Siempre supimos que no todas las momias de animales contenían lo que esperaríamos, pero encontramos que aproximadamente un tercio de ellas no contienen material de animales en absoluto, así que no hay restos óseos".

Para explicar el fenómeno, McKnight le dijo a BBC que incluso las partes más pequeñas del animal podrían haber sido consideradas sagradas, y valía la pena el esfuerzo de embalsamarlas. "No creemos que sea falsificación o fraude. Es solo que utilizaban todo lo que podían encontrar".

Un género de momias falsas

De hecho, la escala de la momificación de animales era tan enorme que otros expertos sugieren que el uso de falsificaciones habría sido inevitable.

De acuerdo con la profesora Selima Ikram, quien en 2011 ayudó a conservar una exhibición de momias de animales en el Museo Nacional de Historia Natural en Washington, los babuinos fueron momificados hasta casi el punto de extinción.

"Si querías tener un babuino como una ofrenda, haces que parezca un babuino y si dices que es un babuino, entonces mágicamente se convierte en un babuino. Los verdaderos eran muy caros y difíciles de obtener, y esa es la razón por la que inició todo el género de momias falsas".

Mitos modernos y lecciones del clima

McKnight corrobora la idea de que los sistemas de creencias de los antiguos egipcios hicieron que el uso de momias falsas fuera aceptable.

"Hoy en día, queremos pensar que lo que compramos es lo que obtenemos. Pero los antiguos egipcios eran diferentes. Ellos compraban una momia como una representación de un dios. Creían que lo que fuera que estuviera dentro podría ser transformado por arte de magia".

Pero si las momias de animales no revelan un antiguo engaño, ¿qué es lo que en realidad nos dice el descubrimiento? McKnight sugiere que la investigación (la cual ha sido la más completa hasta la fecha, y ha reunido las colecciones de varios museos y diferentes tipos de animales en un solo estudio) presenta interesantes lecciones para aquellos que estudian el cambio climático en África.

"Hay lecciones que se pueden aprender acerca de cómo era el antiguo Egipto. A partir de las momias podemos suponer que Egipto podría haber sido más verde. Por ejemplo, podrían haber existido fuentes de agua que atrajeran grandes colonias de ibis sagrados, una de las aves que más se momificaban", dice McKnight.

El ibis sagrado, el cual para los egipcios representaba al dios Tot está extinto en el Egipto moderno, pero aún vive en los humedales del África subsahariana.

"Siempre supimos que no todas las momias de animales contenían lo que esperaríamos, pero encontramos que aproximadamente un tercio de ellas no contienen material de animales en absoluto, así que no hay restos óseos"

Lidija McKinght, investigadora