(CNN) - Nuestra guía había sido claro. "No lleven nada al volcán", dijo. "Cualquier cosa que lleven será destruida".

Debajo de mí se asomaba el volcán de lodo "El Totumo", un baño de lodo de 15,24 metros conocido por sus cualidades terapéuticas.

La leyenda local dice que el sitio, ubicado a unos 45 minutos de Cartagena, una vez fue un verdadero volcán activo hasta que un ingenioso sacerdote intervino. Armado con agua sagrada, el clérigo domó el ardiente monte y transformó la lava fundida en una caldosa invención de minerales beneficiosos para el cuerpo.

Hoy en día, un cartel en la base del volcán prominentemente enumera los ingredientes naturales del lodo: calcio, magnesio y aluminio, entre otros. El asunto es evidente: este no es lodo común y corriente; este material es bueno para ti.

Mientras evaluaba el cráter que se encontraba frente a mí, un hombre cubierto de manchas color gris pizarra tras su permanencia en el volcán me animó a que lo acompañara en la turbia piscina.

Al principio pensaba que el lodo sería espeso y denso. Sin embargo, en lugar de sumergirme en un tanque de jabón espeso, me sorprendió que pude flotar sin esfuerzo, de alguna forma gracias al sedimento ligero, parecido a la seda.

Una vez están dentro del volcán, los visitantes untábamos la sustancia por cada centímetro de nuestros cuerpos. Luego de inclinarme cuidadosamente hacia atrás, un guía sumergió mi cabeza en el lodo como si me estuviera bautizando en algún tipo de culto de adoración a la arcilla. Luego vino un rápido "masaje", un tratamiento de más o menos un minuto que en general fue relajante a pesar de su ejecución poco elegante.

A medida que más personas entraban a la piscina, los asistentes cambiábamos nuestros cuerpos flotantes de lugar, y nos organizábamos como petroleros a la espera de pasar por un canal.

Sin embargo, debido a que solo tiene 4,5 metros de diámetro, el volcán pronto se llenó por completo. Mientras me movía para subir la resbalosa escalera que conducía hacia afuera del tanque, una chica soltó un fuerte grito y desesperadamente se alejó de donde me encontraba.

El autor alza la vista desde el lodo rico en minerales. En algún lugar, una rana ronda en las cercanías.

El autor alza la vista desde el lodo rico en minerales. En algún lugar, una rana ronda en las cercanías.

"¡Es una rana!", gritó, sacudiendo sus brazos como si estuviera esquivando a una cobra venenosa. El grupo la imitó en su estado de pánico, y se movieron hacia el rincón más alejado del anfibio.

Afuera del volcán, la guía nos había dicho que nos lavaríamos en el río cercano y, de ser necesario, un grupo de mujeres del área estaría ahí para ayudar.

Mientras caminaba con dos viajeras que conocí en el recorrido en bus de la mañana, me dirigí hacia el río por el camino. Al final del camino, un trío de mujeres nos saludó y condujo al grupo al agua.

Luego de unos minutos de restregarme frenéticamente, la mujer se detuvo y me vio.

"Quítate tus shorts", me dijo en un inglés ensayado.

"¿Cómo dices?", le pregunté.

"Tus shorts. Quítatelos".

Consciente de mis nuevos vecinos y de los pocos pies de agua limpia que nos separaba, me rehusé amablemente, y sacudí la parte inferior de mi cuerpo para de alguna forma dejarle ver que estaba tan limpio como era posible.

Confiado en mis habilidades físicas de comunicación, me puse de pie y le di las gracias a la mujer. Sin embargo, mientras me empezaba a alejar, ella tomó la parte de arriba de mi traje de baño y me lo bajó.

Permanecí inmóvil mientras la mujer sonreía con timidez y vertía agua sobre mis partes privadas. Por suerte, tenía frente a mí a la ribera y estaba lejos de las dos mujeres que acababa de conocer hacía más o menos una hora.

Después de comprobar por sí misma que ya no había más lodo, la mujer soltó mis shorts, y el elástico volvió a su lugar.

Por suerte, no perdí nada en el volcán, como la guía me lo había advertido inicialmente.

Pero el río fue otra historia. Ahí, en una playa arenosa al norte de Colombia, desapareció un poco de mi modestia en medio de las corrientes de agua cristalina.

Si lo visitas...

El Totumo se encuentra a un viaje en bus relativamente rápido de 45 minutos desde la Ciudad Vieja de Cartagena.

La entrada y el transporte ida y vuelta debería oscilar en más o menos 20 dólares por persona. Ten cuidado de los operadores que fijan un precio excesivo y buscan cobrarte una cantidad superior.

Lo más recomendable es que organices tu visita por medio de un hostal local como el hostal El Viajero. No necesitas ser un huésped para aprovecharte de estos precios que se ajustan a tu presupuesto. Calcula darle a los lugareños una propina de 1 dólar por sus servicios mientras visitas el volcán.