Nota del editor: Roberto Artavia es doctor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard y tiene una maestría de INCAE y es ingeniero mecánico-naval. Es presidente del consejo directivo de INCAE y miembro de la Junta Directiva del World Resources Institute en Washington, además de autor de varios libros y docenas de artículos y estudios de caso en temas de desarrollo sostenible, estrategia empresarial y responsabilidad social de las empresas. 

(CNN Español) – América Latina es una región en que la pobreza, la desigualdad y la ilegalidad son temas recurrentes. Al analizar índices internacionales de progreso social, transparencia y gobernabilidad, la región se ve mal; sobre todo si se toman en cuenta sus ventajas: su carga demográfica es pequeña, su riqueza natural es enorme y sus problemas, como la pobreza, la desigualdad, el populismo, la corrupción y la ilegalidad -desde la evasión de impuestos hasta el narcotráfico y la tasa de homicidios-, son altos y comunes a prácticamente todas sus naciones y sectores.

Es por esto que el concepto de responsabilidad social es tan importante para la región, pues se crea un marco de análisis y acción que permite a personas, familias, comunidades y organizaciones dedicar tiempo, recursos y capacidades a contribuir al bienestar común.

La responsabilidad social en las organizaciones, particularmente en empresas productivas, es una forma de transferir recursos económicos, humanos, tecnológicos y otros, así como conocimientos, capacidades especiales y tiempo, a causas de bien común; ya sea por medio de actividades de valor compartido, responsabilidad social corporativa o filantropía.

El valor compartido se da cuando en las operaciones de un negocio se crea valor superior para la comunidad, ya sea en el campo ambiental, social o económico. Cuando el valor creado para la comunidad excede el valor intrínseco de los productos y servicios que la empresa produce y comercia, se dice que se ha creado valor compartido entre la empresa y la comunidad.

Responsabilidad social es cuando una empresa cumple con las leyes y normas que le corresponde –laborales, fiscales, comerciales, ambientales y otras- y además cumple a cabalidad sus obligaciones hacia todos sus públicos interesados –empleados, clientes, accionistas, suplidores, acreedores- de manera ética y puntual, al tiempo que mitiga y minimiza su huella ambiental.

Filantropía es cuando una empresa dedica recursos, por medio de inversiones que trascienden sus obligaciones y buenas prácticas, para crear valor social y ambiental más allá de su actividad operativa. La filantropía puede ser “abierta”, para responder a necesidades generales o coyunturales de la comunidad, o “especializada,” cuando identifica un tema en que la comunidad requiere cambio y lo diseña, promueve y ayuda a ejecutar en profundidad.

Hoy, la responsabilidad social avanza de la mano de la empresa productiva en la región, contribuyendo a crear una ambiente más próspero, equitativo y sostenible para todos. En buena hora que así sea y que los medios contribuyan a divulgar sus mejores prácticas.

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La responsabilidad social en las organizaciones, particularmente en empresas productivas, es una forma de transferir recursos, así como conocimientos, a causas de bien común

Roberto Artavia