La emotiva llegada de una madre colombiana y su hija a Cúcuta luego de cruzar la frontera colombo-venezolana. (Crédito: Luis Acosta/AFP/Getty Images)

Nota del editor: Camilo Egaña es el conductor de Encuentro. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor.

(CNN Español) - La Guerra de las Malvinas fue para los adolescentes cubanos de 1982, la guerra de la confusión.

La mayoría no sabía ni siquiera donde estaban esas islas, por tanto nos tomó de sorpresa que de la noche a la mañana, hubiera que apoyar al gobierno militar que gobernaba Argentina desde hacía siete años con mano de hierro.

Pese a que eran cada vez más evidentes los signos de erosión del gobierno, aquello fue la apoteosis del nacionalismo. En las calles argentinas  los gritos de “se va a acabar/ la dictadura militar” se trasformaron en “se acabó / se acabó, la colonia / se acabó”.

Los más entusiastas —que en tales circunstancias suelen resultar muy peligrosos—,  se desgañitaban con otro grito de guerra: “el que no salta es un inglés”. En La Habana todo aquello me parecía un cuento chino. Y lo era.

Setenta y dos días después, Argentina contaba sus muertos, a muchos ni siquiera les había salido la barba. La derrota precipitó la caída de la Junta Militar. Tras las elecciones de diciembre de 1983, Argentina estrenaba un gobierno democrático.

La crisis fronteriza entre Colombia y Venezuela va camino de convertirse en la crisis de la confusión. Los patrioteros, esos seres dispensables que hacen gala de un patriotismo exagerado y superficial, están viviendo sus quince minutos de gloria.

Los políticos de ambos lados se dan golpes de pecho, cada uno intenta convencernos de las bonanzas de sus países y gobiernos. Los presidentes Santos y  Maduro no se han hablado pero no paran de hablar.

Y detrás de todo lo que dicen y callan, está la gente, como en aquella canción de Serrat:

"Detrás de los héroes y de los titanes, /y de las medallas de los generales. /Detrás de la Estatua de la Libertad, de los himnos y de las banderas/ Detrás de la hoguera de la Inquisición, de las cifras y de los rascacielos.

Detrás, está la gente con sus pequeños temas, /sus pequeños problemas /y sus pequeños amores. /Con sus pequeños sueldos, sus pequeñas hazañas y sus pequeños errores.

Cada uno a su manera/ con su espina y su rosa, /detrás, está la gente".

Quien lo olvide, que jamás sea perdonado.

La crisis fronteriza entre Colombia y Venezuela va camino de convertirse en la crisis de la confusión. Los patrioteros, esos seres dispensables que hacen gala de un patriotismo exagerado y superficial, están viviendo sus quince minutos de gloria.

Camilo Egaña