Periódicos de Ecuador registran la victoria de reelección de Rafael Correa el 18 de febrero de 2013 (Crédito: RODRIGO BUENDIA/AFP/Getty Images)

Nota del editor: Camilo Egaña es el conductor de Encuentro. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor.

(CNN Español) - Yo creo que las opiniones son libres pero los hechos, sagrados.

Por tanto, comienzo con datos del gobierno de Ecuador, de la Superintendencia de la Información y la Comunicación (Supercom), publicados en junio pasado: las autoridades han impuesto 313 sanciones a medios de comunicación durante los dos años que lleva en vigencia de la Ley de Comunicación.

Más datos oficiales: en dos años se ejecutaron en total 506 procesos y el gobierno dio "seguimiento aleatorio" a 396 medios radiofónicos, 111 impresos y 78 televisivos y asegura que detectó un rosario de calamidades que implican la gestión técnica y editorial.

Más datos: el gobierno ecuatoriano ha cobrado 201.596 dólares por las multas económicas a la prensa. Reitero que son datos de la Superintendencia de la Información y la Comunicación del gobierno de Ecuador.

Con tales mimbres, un ingenuo se preguntaría si es que la prensa de ese país es la peor del universo. Alguien más lúcido cuestionaría quien debe decidir si esa prensa vale la pena o no.

El 24 de agosto pasado, Carlos Ochoa, superintendente de la Información y Comunicación, aseguró que gracias a la Ley de Comunicación —aprobada en  2013— en Ecuador existe "una verdadera libertad de expresión".

Los detractores de esa ley dicen que amordaza a quien se atreve a criticar al gobierno. Los que la defienden dicen que sin esa ley los canallas agazapados en la prensa serían los dueños del país.

Lo que sí resulta evidente de toda evidencia es que el presidente Correa tiene una manera muy particular de entender la gestión de la prensa.

Cree el presidente que a la prensa hay que regularla. Como en cualquier país que se respete. En Estados Unidos, la Comisión Federal de Comunicaciones se encarga del tema.

"Lo que pasa que Ecuador no es Estados Unidos’’, me decían una y otra vez los colegas indignados en Quito hace unas pocas semanas. Vale, pero ¿por qué no imitar a los que aprendieron antes que nosotros a bregar con la prensa, a respetar la diversidad y la libertad de opinión aun cuando alguien en la Casa Blanca diga que la seguridad nacional está en peligro?

Entre tanto, el gobierno ecuatoriano ha iniciado el cierre de Fundamedios, una ONG que velaba por la libertad de expresión.  Y la organización tiene diez días para para presentar pruebas que contradigan la acusación. Diez días. Ni uno más.

Lo que sí resulta evidente de toda evidencia es que el presidente Correa tiene una manera muy particular de entender la gestión de la prensa.

Camilo Egaña