Un cazador alemán pagó 60.000 dólares por cazar a un enorme elefante de larguísimos colmillos en Zimbabwe. (Crédito: CNN).

(CNN) –  Y así, la controversia sobre la cacería mayor —la matanza de animales majestuosos como trofeos— vuelve a surgir.

Esta vez la caza era legal. El animal no fue Cecil el león, sino un elefante sin nombre de enorme tamaño y edad avanzada. La criatura era, según algunas versiones, el elefante más grande al que se le haya disparado en África en 50 años.

Independientemente de que fuera legal o no, el asunto central sigue siendo: ¿Acaso la emoción de matar a los majestuosos animales —ya sea legal o no— es aceptable? ¿O debería la cacería mayor ser relegada a la era de Teddy Roosevelt de hace más de 100 años?

El cazador esta vez no fue un dentista estadounidense, como ocurrió en el caso de Cecil el león, sino un cazador alemán que pagó 60.000 dólares para la caza, según el Telegraph, un periódico británico.

Al animal lo mataron a tiros el 8 de octubre, según el Telegraph, y se estima que este tenía entre 40 a 60 años de edad.

Una caza legal

Los conservacionistas estiman que cada uno de los colmillos del elefante pesaba 120 libras (55 kilogramos). Los "elefantes con grandes colmillos" — aquellos con colmillos de 45 kilos o más— son poco comunes.

La caza era legal: en Zimbabwe, al igual que en Tanzania, Sudáfrica, Zambia, Mozambique y otros países, la caza controlada es legal.

Por lo general, un cazador profesional hará una oferta para un cupo de animales por parte del gobierno. Por ejemplo: seis elefantes, cuatro búfalos, dos leones y cacería menor, tales como gacelas.

Pero hay restricciones. Los cazadores no pueden matar a los animales en peligro de extinción y prevalecen ciertas consideraciones éticas. Se considera poco ético, por ejemplo, cazar a un elefante macho joven que probablemente aún pueda aparearse. Además, es ilegal matar a las hembras jóvenes que podrían estar amamantando a una cría.

Sin embargo, por lo demás, siempre y cuando un cazador cuente con los permisos correspondientes y se haya mantenido dentro de un área designada, en Zimbabwe, la generosidad de la naturaleza está al alcance de una persona que paga una cuota.

No se trató de caza furtiva

La cacería del elefante se llevó a cabo en las afueras de Parque Nacional de Gonarezhou. (Gonarezhou significa "lugar de muchos elefantes", según la página web del parque). Como es el caso de muchos parques en Zimbabwe, los animales de la zona son víctimas de una economía en ruinas.

La caza furtiva se ha extendido. Algunos guardias forestales en Zimbabwe dicen que la pérdida de la vida silvestre en los parques más remotos es de aproximadamente 75%. Solo en el último mes, Zimbabwe perdió decenas de elefantes a causa de la caza furtiva, cuando fueron envenenados con cianuro. La cifra de muertos la semana pasada era de 14; ahora ha aumentado a 26.

En el caso de ese elefante no se trataba de caza furtiva, era legal. Sin embargo, independientemente de que fuera legal o no, para algunas personas es difícil entender por qué alguien querría matar a un enorme y hermoso animal.

Los conservacionistas y muchos guías profesionales dicen que no debieron matar al elefante de grandes colmillos. Ellos dicen que el elefante macho que mataron en Zimbabwe era una atracción turística y que muy probablemente estaba deambulando a través de una línea invisible que separa el parque nacional de una concesión de caza donde se volvió presa fácil para los cazadores.

Ellos sostienen que, por medio de safaris fotográficos y turismo, el gran elefante habría generado más dinero vivo, que muerto.

Sin embargo, los cazadores argumentan que la cacería de trofeos legal genera dinero muy necesario para las comunidades.

Dicen que el elefante era tan viejo que ya habría perdido sus capacidades de reproducción, y él ya habría pasado los genes de sus maravillosos grandes colmillos.

Además, señalan, la caza era legal.

Un guardabosque del parque nacional incluso acompañaba a los cazadores cuando le dispararon al elefante. Las decenas de miles de dólares que pagaron por la caza, dicen, favorece la economía local.

Los conservacionistas sostienen que —por muy lucrativo que eso parece— los animales como este elefante, siempre valen más vivos que muertos. Señalan que solo puedes dispararle a un animal una vez y que media vez lo has hecho, perderás para siempre el placer de verlo.

Ya sea que fuera cazado ilegalmente dentro del parque, o muerto legalmente a solo unos kilómetros del mismo, el animal siempre termina muerto, tal vez con su cabeza colocada sobre una chimenea. Ellos están presionando para que se prohíba la caza, de forma similar a lo que se hace actualmente en Kenya.

Esta semana, retiraron todos los cargos contra Walter Palmer, el dentista estadounidense que le disparó a Cecil el león. Su documentación, de acuerdo con los parques nacionales de Zimbabwe, estaba en orden.

El cazador profesional que escoltaba a Palmer ahora enfrenta solo cargos menores, lo cual posiblemente dé lugar a multas que aún se expresan en dólares zimbabuenses.

La moneda de Zimbabwe, una de las más devaluadas del mundo, fue abandonada efectivamente hace seis años.

Briana Duggan de CNN contribuyó con este reporte