Estambul (CNN) - La película de Francis Alys, "The Silence of Ani", inicia con el crujir del viento a través de una ciudad impresionante que ahora se encuentra en ruinas. En la piedra antigua, vemos águilas talladas y poco a poco, una melodía de cantos de pájaro llega a un punto culminante, la cual resulta ser el sonido de silbidos de flauta interpretados por niños que corren entre los escombros.

El artista detrás de la película, Alys, dice que le preocupa que sea "demasiado poética". Si tuviera tiempo para hacerla de nuevo, él podría hacer algo más crítico: su punto de partida, después de todo, fue un genocidio en el que más de un millón de armenios fueron masacrados.

Las notas que acompañan a la película, la cual se está presentando actualmente en la exposición Bienal Internacional de Estambul, nos dicen que estas ruinas una vez fueron Ani, una de las ciudades del mundo medieval más impresionantes desde el punto de vista tecnológico, y la capital de un reino armenio que abarcaba desde la Armenia de la era moderna hasta el este de Turquía.

Ani, en silencio desde el siglo XVII, habla de una ausencia más moderna: de las poblaciones armenias a lo largo de Turquía que fueron asesinadas y deportadas por las fuerzas otomanas en 1915, y de una catástrofe cuyo nombre está prohibido que sea enseñado en los salones de clases turcos.

En Estambul —donde la película es parte de una serie de obras que confrontan el genocidio armenio en su centenario— el optimismo poético del canto de las aves suena contra un telón de fondo de silencio por parte del gobierno.

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La instalación de la artista Kristina Buch en la exposición Bienal Internacional de Estambul también está inspirada en las ruinas de Ani. (Crédito: Dilijan Art Initiative)

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, se ha negado rotundamente a reconocer la masacre como un genocidio organizado deliberadamente. Sin embargo, las obras que están en exhibición, realizadas por artistas contemporáneos de ascendencia armenia —Sonia Balassanian, Hera Buyuktascıyan y Sarkis (su nombre real es Sarkis Zabunyan)— al igual que Alys, de origen belga, el iraquí-estadounidense Michael Rakowitz, y Haig Aivazian, nacido en el Líbano, entre otros, han conformado un creciente coro de oposición en el corazón de la ciudad más grande del país.

La conservadora de la exhibición, Carolyn Christov-Bakargiev, ha hecho que el reconocimiento del genocidio y el legado cultural de los armenios sea uno de los temas más importantes del evento (el cual se lleva a cabo en distintas ubicaciones en Estambul hasta el 1 de noviembre).

Erdogan actualmente enfrenta una creciente presión por parte de líderes internacionales para que el genocidio sea reconocido como una campaña deliberada, organizada por los ancestros del imperio otomano de su país... y Christov-Bakargiev cree que el arte puede cambiar el curso de este debate político.

En el discurso inaugural de la exhibición, ella dijo que eligió convertirse en conservadora, en parte, porque "siento que el arte tiene la posibilidad de moldear las almas de las personas, de transformar la opinión de los líderes de opinión, quienes luego generan un efecto de difusión que moldeará lo que serán las políticas de un gobierno".

Alys y Rakowitz, un artista conceptual estadounidense de ascendencia iraquí judía que actualmente trabaja en Chicago, explican por qué y cómo abordaron este tema monumental.

Michael Rakowitz: The Flesh Is Yours, The Bones Are Ours (La carne es tuya, los huesos son nuestros)

La instalación de Michael Rakowitz, "The Flesh Is Yours, The Bones Are Ours" se lleva a cabo en el tercer piso de una escuela primaria para niños griegos que fue cerrada en 2007, debido a una falta de estudiantes, cuando la población griega de Estambul que una vez fue grandiosa, se redujo a unos cuantos miles.

Este es uno de los muchos sitios de exhibición que están vinculados a las minorías étnicas de Estambul, lo cual obliga a los visitantes a enfrentar a las comunidades que no son turcas de la ciudad; otros eventos se llevan a cabo en el sitio donde solían ser las oficinas del periódico armenio Agos, en una escuela italiana y club de trabajadores y en un orfanato francés.

Aquí, a lo largo de un piso de la escuela, él establece una narrativa compleja, la cual surge de su propia investigación extensa. Esta entrelaza la historia arquitectónica de la ciudad: una mezcla de barroco europeo y art nouveau, estilos islámicos y del Levante que se mezclan en el interior de los edificios históricos de la ciudad.

Huesos de perro: restos de uno de los 60.000 perros callejeros exiliados a una isla turca en 1910.

Huesos de perro: restos de uno de los 60.000 perros callejeros exiliados a una isla turca en 1910.

Los visitantes pueden apreciar los objetos coleccionados —moldes de yeso, recortes de periódico, fotos, cartas, huesos de perros muertos, los restos de granjas armenias— en el orden que deseen.

Ellos aprenden la historia de Kemal Cimbiz, el aprendiz turco en la vida real de un experto artesano armenio, Garabet-Cezayirliyan, quien hizo motivos decorativos de yeso que aún adornan techos a lo largo de Estambul.

Cuando entregaron a Cimbiz como aprendiz a su maestro, sus padres le dijeron a Cezayirliyan "La carne es tuya, los huesos son nuestros", un tradicional dicho turco que implica que al maestro le otorgan el derecho de influenciar a su hijo. Rakowitz dice que su proyecto se inició con fotografías del taller en el centro de Estambul dirigido por Cimbiz, quien ahora tiene 76 años de edad y sigue trabajando en la ciudad.

"Casi tan pronto como Carolyn [Christov-Bakargiev] me mostró las imágenes de este taller, inmediatamente entendí que también, como ciudad, fueron estos dedos y manos armenios que estaban creando estos motivos en el edificio los que daban fe en silencio del trauma sufrido en los últimos 100 años. Y fue casi como una sesión de espiritismo arquitectónico, donde estos ciudadanos que fueron olvidados por la fuerza, pudieron regresar".

Rakowitz dice que 1915 lo interesó porque "es uno de esos momentos en los que la creación de una nación da paso a un cierto tipo de amnesia". Mientras los otomanos intentaban modernizar a principios del siglo XX, y construyeron una nación turca, la minoría armenia —entre otros grupos— fue despojada de tierra, propiedades y otros aspectos de su historia cultural distintiva, dice.

"Me interesó el hecho de que los armenios han contribuido tanto a la creación de la ciudad de Estambul: visiblemente la arquitectura, pero también el idioma turco... el alfabeto en realidad fue creado por un armenio (Hagop Martayan, primer Secretario General de la Sociedad de la Lengua Turca). El arquitecto llamado Mimar Sinan, el autor de la mezquita de Suleiman (la mezquita más grande de Estambul) también era de origen armenio".

"Y están todas estas cosas hermosas. Pero luego a ti, o a mí, como investigador, inmediatamente nos confrontaban con estos momentos tan violentos al apreciar toda la belleza".

"En medio de rumores en 1935 en relación a que el arquitecto Mimar Sinan era armenio, los nacionalistas turcos exhumaron su cuerpo y midieron su cráneo para tratar de demostrar que él era un turco étnico y no un armenio. Y luego su cráneo desapareció 'misteriosamente'".

La historia de Cimbiz se mezcla con varias facetas... la historia de cómo funcionarios otomanos reunieron a 60.000 perros callejeros y los enviaron a la isla de Sivriada en 1910, y cómo sus huesos fueron molidos para hacer yeso, el mismo material que los artesanos armenios usaron para decorar la ciudad que se estaba modernizando.

Los proyectos anteriores de Rakowitz han incluido volver a introducir las antiguas técnicas de tallado en piedra en áreas de Afganistán donde los talibanes destruyeron los budas gigantes del siglo VI en 2001, y gran parte de su trabajo aborda la desaparición cultural, y cómo el arte en peligro o extinto nos vincula a nuestro pasado.

Esta instalación explora la forma en la que "a una persona a menudo le arrebatan su narrativa", dice "y la forma en la que la República Turca ha negado la historia del genocidio y se ha rehusado a lidiar con él o a reconocerlo".

"Es uno de esos episodios que es un momento base en la forma en la que ocurrió el siglo XX y en la forma en la que está ocurriendo el siglo XXI".

Francis Alys: The Silence of Ani (El silencio de Ani)

El artista belga nacido en México, Francis Alys, dice que él tenía "un poco" de conocimiento sobre las masacres antes de empezar a trabajar en este proyecto, el cual había tomado de otros artistas que pertenecen a la diáspora armenia (descendientes armenios que se consideraba, eran hasta 10 millones alrededor del mundo... tres veces la población actual de Armenia).

Los nueve meses que pasaron entre el momento en el que fue invitado a contribuir por parte de Christov-Bakargiev y el lanzamiento de la exhibición se desarrollaron rápidamente; Alys, de 56 años de edad, editó su película hasta tarde en la noche antes del estreno. Pasó cuatro meses investigando: leyendo y viendo todo lo que podía encontrar, tanto desde las perspectivas turcas como armenias.

"Tuve que condensarlo de cierta forma", dice. "Y esta quizá sea la razón por la que el resultado final es una 'fábula'. Me quedé dentro del marco de algo que no es un enfoque histórico; es un enfoque mucho más poético. En todo caso podría ser demasiado poético, dentro de las circunstancias. Pero es lo que surgió durante ese corto período de tiempo".

Por "demasiado poético" Alys dice que se preocupó por una cita del teórico alemán Theodor Adorno que dice que escribir poesía luego de los terribles eventos que ocurrieron en Auschwitz sería "brutal"... que una persona no podía hacer algo ingenuamente hermoso después de tal masacre. A pesar de la respuesta abrumadoramente positiva de El Silencio de Ani, Alys permanece meditabundo.

"La escala de la tragedia es tremenda. No puedes dejar de sentir cierta ira. Si tengo algún remordimiento es que podría haber sido un poco más crítico, un poco más agresivo en mi respuesta a la Cuestión Armenia".

Alys pasó una semana con los niños que aparecen en la fuerte película en blanco y negro, discutiendo la actuación y su entendimiento de los eventos que ocurrieron en 1915. La filmación debía llevarse a cabo durante la mitad de la semana, pero los mantuvieron dentro debido al mal clima hasta el último día.

Los niños fueron reclutados de una escuela primaria cerca de las ruinas de Ani, en la región de Anatolia oriental de Turquía y, según descubrió Alys, la mayoría de los miembros pertenecen a la minoría kurda. Los kurdos se restablecieron en el área luego del éxodo armenio, y en años recientes ellos mismos han sido víctimas de la discriminación social y la violencia. Desde 1984, las fuerzas turcas han contenido una insurgencia por parte de combatientes kurdos en pro de la independencia del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (P.K.K., la cual es designada como una organización terrorista por Turquía y Estados Unidos), en un conflicto centrado en el este de Anatolia que hasta ahora ha ocasionado la muerte de 45.000 personas.

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Los silbatos utilizados en la grabación de "The silence of Ani".

Pero entre este grupo, el cual vive en una región que una vez fue armenia, existe una sorprendente falta de conocimiento del genocidio, afirma Alys. Las guías turcas apenas mencionan su historia armenia, dice, y uno debe aprender a reconocer los nombres armenios para encontrar los restos. Al final de la filmación, un estudiante "salió del closet" como armenio, dice Alys, para la sorpresa de sus compañeros.

"Mientras más leía sobre las muchas masacres... más me sentía completamente impactado por los eventos", dice Alys. "Me enteré sobre cómo la historia ha sido tergiversada, hasta el punto en el que los niños con los que trabajamos no tenían idea de qué había sucedido en realidad".

"Aquí vemos un caso de reescribir la historia que ha sido extremadamente eficiente".

Me enteré sobre cómo la historia ha sido tergiversada, hasta el punto en el que los niños con los que trabajamos no tenían idea de qué había sucedido en realidad".

Francis Alys