(Crédito: FREDERIC J. BROWN/AFP/Getty Images)

(CNN Español) - Llegaron y plantaron una especie de campamento improvisado frente al edificio de la corte de apelaciones del Quinto Circuito, en Nueva Orleans, y permanecieron allí durante nueve días. En ayunas, a la intemperie. No era difícil distinguirlos. Las pancartas y fotos que les acompañaban hablaban de su causa. Aunque era un grupo pequeño –solo 13 mantenían la manifestación—, casi siempre contaron con la compañía de muchos simpatizantes. 

Afirman que solo bebieron agua durante el tiempo que duró la acción, bautizada “Ayuno para mantener a las familias unidas”. Este jueves, el día de cierre de la protesta, al menos sus voluntades no parecían mermadas.

“Este sacrificio que estamos haciendo no se compara con lo que han sufrido nuestras comunidades inmigrantes. Tenemos hambre de justicia, de una solución”, manifestó en entrevista telefónica a CNN en Español Petra Falcón, directora de PAZ Arizona, una organización que nació para enfrentar la Ley SB 1070, que exige a la policía de ese estado verificar el estatus inmigratorio de los residentes.

Carlos Mauricio Jiménez, de Make The Road New York, otro de los integrantes del grupo que también habló con CNN en Español, asegura que su alimento fue “el amor y el apoyo” recibido. “Estamos preparados para este tipo de acciones. Considero esta experiencia como una satisfacción porque estamos representando a los millones de inmigrantes que tanto aportan a este país sin gozar de reconocimiento”, aseguró.

Los manifestantes son una mezcla heterogénea de activistas comunitarios y líderes sociales y religiosos que forman parte de The Fair Immigration Movement (FIRM), un movimiento de amplia representación nacional resuelto a apoyar las acciones ejecutivas de alivio inmigratorio aprobadas por el presidente Barack Obama el 20 de noviembre de 2014. Su meta era presionar a los jueces de la corte de apelaciones para que emitan lo antes posible un fallo sobre los decretos.

El objetivo del Gobierno se torció a finales de noviembre, cuando 26 estados, encabezados por Texas, contragolpearon con una demanda para liquidar la iniciativa a favor de los inmigrantes indocumentados.

En febrero de este año llegó otro mazazo legal, tras la orden de un juez de congelar la implementación de los programas, mientras consideraba los aspectos constitucionales de la querella. El Ejecutivo apeló la decisión ante la Corte de Nueva Orleans y desde entonces la historia es la de una espera que no termina.

La acción ejecutiva amplió el programa de acción diferida de 2012, que permite a aquellos que llegaron siendo muy niños a EE.UU. –conocidos como “Dreamers”– obtener permisos para trabajar. Y creó uno similar para aquellos adultos que tengan hijos ciudadanos o residentes legales en el país.

Cada día que pasa, es una jornada más de desconcierto para unos 5 millones de indocumentados que tenían la esperanza de quedar protegidos de la deportación bajo esta sombrilla legal, hasta que el Congreso de EE.UU. apruebe una reforma inmigratoria definitiva.

Jiménez evoca su experiencia personal y de amigos y dice que él sabe lo que es vivir en el limbo, sin documentos. Temeroso de que la policía lo detenga en la calle, o le pida los documentos mientras conduce. “Es muy duro no tener un estatus que te de tranquilidad personal y familiar”, remató.

Los ayunantes soportaron noches de lluvia, días soleados y jornadas en las que el viento frío les castigaba la piel como bayonetas afiladas. Pero ninguno de los elementos naturales los mortificaba tanto como las consecuencias de que la corte de apelaciones demore su decisión.

“Este el tiempo crítico para sacarle a este circuito una decisión”, apuntó Falcon, refiriéndose a que el retraso podría prevenir que la Corte Suprema llegue a considerar el caso en 2016, si la corte de apelaciones decide en contra de la administración Obama.

Durante los días de ayuno hubo jornadas de reflexión, sesiones de oración y recibieron visitas de estudiantes. Los manifestantes recibieron chequeos regulares de varios médicos. No hubo ninguna emergencia. Todos completaron la penitencia autoimpuesta.Independientemente de sus resultados inmediatos, los participantes dejaron claro que perseguían un propósito superior: “educar, inspirar”, en palabras de Falcon.

“Estamos aquí para mandarles un mensaje a los jueces pero también a nuestra comunidad. Estamos aquí para luchar juntos hasta encontrar una solución”, remarcó haciendo acopio de la energía de la que disponía, tras nueve días transcurridos sin ingerir alimentos sólidos.

Con la maquinaria electoral de EE.UU. calentando motores, Jiménez quiso dejar un aviso: “Como comunidad de inmigrantes estamos aprendiendo a decidir y vamos a hacerlo con el voto. Vamos a elegir a quien esté dispuesto a ayudarnos”.