(Crédito: GABRIEL BOUYS/AFP/Getty Images)

Nota del Editor: Rodrigo Guerra López es Doctor en Filosofía por la Academia Internacional de Filosofía en el Principado de Liechtenstein; miembro del Consejo Pontificio Justicia y Paz del Vaticano, de la Academia Pontificia pro Vita y del Equipo de Reflexión Teológica del CELAM; Autor de 30 libros sobre filosofía social. Actualmente es Profesor-investigador en el Centro de Investigación Social Avanzada

(CNN) - La visita del papa Francisco a México ha suscitado todo tipo de expectativas. Una de ellas es la supuesta simpatía que el Pontífice tiene hacia la “teología de la liberación”. Este término se refiere a un conjunto de corrientes pastorales y teológicas que nacieron en América Latina tras el Concilio Vaticano II. El sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez luego de analizar las teorías del desarrollo hacia finales de los años sesenta, concluye que es necesaria una teología que ayude a superar el sometimiento en el que viven los pueblos de la región, una teología liberadora, no-conformista. Así surge su libro “Teología de la liberación. Perspectivas” en el año 1971.

Como en otras áreas del saber y del compromiso social, la teología de la liberación no puede ser reducida a una sola escuela o modalidad. Con el paso del tiempo y la incursión de numerosos hombres dentro de esta corriente, se darán convergencias y divergencias importantes que tal vez sólo estarán unidas por el reconocimiento de la irrupción de los pobres como un “signo de los tiempos” que debe ser interpretado a la luz de la fe cristiana.

¿El papa Francisco simpatiza con alguna corriente de la teología de la liberación?

La respuesta tiene que ser matizada: Francisco ha forjado su pensamiento y su acción pastoral principalmente con el caminar de la Iglesia tal y como se ha expresado en las llamadas “Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano”. La influencia de algunos autores como Lucio Gera o Methol Ferré en el papa Bergoglio es patente. Sin embargo, no significa que él sea un mero repetidor de aquellos. Francisco valora positivamente la llamada “teología del pueblo” construida por Gera y el enfoque cultural de Ferré. Con ellos en mente reconoce que existen conflictos relevantes en América Latina que intentan vulnerar las energías del pueblo que busca emerger, que busca ser escuchado. Sin embargo, a diferencia de varias teologías de la liberación, Francisco, no reducirá la conflictividad social a su aspecto económico-clasista sino que afirmará que los conflictos existentes tienen en su raíz un componente religioso y cultural. Más aún, Francisco no simpatizará con los métodos violentos en la resolución de las tensiones sino que será particularmente crítico de ellos.

Leonardo Boff, uno de los teólogos de la liberación más connotados, alguna vez escribió un artículo intitulado: “Marxismo en teología: la fe requiere eficacia”. Un hombre como el papa Francisco jamás ha estado de acuerdo en el uso del marxismo como mediación adecuada para la interpretación de los fenómenos sociales o para la lectura de la propia Biblia. Sin embargo, tal vez con igual fuerza, rechaza que la fe no sea operativa de suyo y por lo tanto que requiriera de una organización o de un proyecto político concreto para hacerse “eficaz”.

En efecto, para Bergoglio y en esto sigue a Benedicto XVI, el mensaje del evangelio no es puramente informativo sino “performativo”. Este término quiere decir que la fe se realiza en la conversión del corazón, en lo que sucede al interior de la persona, en el perdón al hermano, en la acogida concreta a todos los hombres y las mujeres, en especial, a los más pobres y marginados. Esta “acción”, según Francisco, no es la que brota del puro voluntarismo o de la mera filantropía sino de la conciencia sobre la eficacia de un Dios que precede a todo esfuerzo humano.

Durante su visita a México es posible que creyentes y no-creyentes que han cultivado una sensibilidad hacia los más pobres y oprimidos experimenten de parte de Francisco un especial apoyo y aliento. Desde este punto de vista, en nuestra opinión, es previsible una reactivación de la “teología de la liberación”. Pero no de aquella condenada por Ratzinger en su primera Instrucción sobre este tema (“Libertatis nuntius”) sino de la que también el propio Ratzinger desarrollaba en su segundo documento al exponer la necesidad de explicitar la dimensión liberadora del evangelio (“Libertatis conscientia”). Una teología de la liberación radical pero no-marxista; radical pero que simpatiza con los caminos de la generación y distribución justa de la riqueza; radical por su opción a favor de los más pobres y por su crítica valiente a las “teologías de la prosperidad” que de manera tácita o explícita pretenden identificar la eficacia del mercado, de la estrategia conservadora o de la acción política de derechas con la realización del Reino.

Francisco es un papa jesuita con nombre franciscano. Nada más desconcertante para un México acostumbrado a la polarización y al enfrentamiento derecha-izquierda, conservador-liberal, tradicionalista vs. progresista. Nada más desconcertante y nada más oportuno.