(Crédito: Gonzalo Arroyo Moreno/Getty Images)

(CNN Español) - La marca que dejó el Real Madrid al vencer 3-0 al Wolfsburgo y pasar a semifinales de la Champions tiene nombre propio, solo uno: Cristiano Ronaldo. Un jugador que ya no es solo un jugador o una lámina del álbum Panini para la posteridad: CR7 es una marca, un sello que no deja a nadie indiferente. La nueva impronta del madridismo: la épica.

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Ya es lugar común decir que Cristiano Ronaldo es de odios y amores. Pero como buen lugar común tiene un trasfondo de verdad: a CR7, con sus marcas de goles, su cuidada imagen publicitaria y sus gestos que algunos califican arrogantes lo aman porque es quizá el jugador de los tiempos recientes que más ha valido el dinero que costó su millonaria transacción. Y no era tarea menor: venía llamado a llenar el vacío de Ronaldo Nazario, Zinedine Zidane y Raúl González. No es el "segundo Ronaldo": es Cristiano, es CR7.

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Por eso, porque es de amores y odios, tanto lo aman y tanto lo critican. Que solo les mete goles a los chicos y que no es decisivo en los momentos más importantes. Hoy, en el Santiago Bernabéu confirmó que su marca vale lo que vende: "es el mejor jugador del mundo" dice su entrenador Zidane. Hay quienes lo discutirán, claro —Messi sigue jugando—, pero no se puede dudar que CR7 está en el Olimpo, muy por encima que los demás.

¿Por qué? Primero, por lo evidente: porque es una máquina de hacer goles: lleva 360 en sus 342 partidos disputados con el Real Madrid. Y los hace de todas las formas y colores, como lo demostró con su triplete contra el Wolfsburgo: en el área, de cabeza, de tiro libre. Y sí, también de penalti. Llegó a cinco tripletes en la Champions League (una marca solo igualada por Messi), y es el segundo jugador del Real Madrid en marcar un hat-trick en fase de eliminación directa en ese torneo (después de Ronaldo, 'o fenomeno'). En esta temporada CR7 lleva 15 goles en el torneo de clubes más importante de Europa. Solo es superado por... él mismo, en la temporada de 2013-2014, cuando marcó 17. En la Liga española, ni hablar: lleva seis temporadas seguidas marcando más de 30 goles.

Pero no solo es la cantidad: marcó un golazo en la final de la Copa del Rey contra el Barcelona en 2011, marcó 46 goles en el título de liga del Real Madrid en 2012, marcó el gol de la victoria del Real Madrid sobre el Barça en la Supercopa de 2012 y marcó dos en la importante victoria sobre el Bayern Múnich en la semifinal de la Champions League del 2014 y anotó el cuarto en el triunfo que le dio ese título al Real Madrid sobre el Atlético. La semana pasada silenció al Cam Nou en el clásico en el que con su gol derrotó al Barça.

CR7 marca y marca... y afianza su marca.

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Los goles los celebra con autoridad, sin timidez: lo hizo cuando le envió un particular mensaje al entonces presidente de la FIFA Sepp Blatter con gesto de comandante y cada vez que marca salta y baja los brazos en señal de poder: otra de sus marcas. Se quita la camiseta y muestra su cuerpo de gimnasio. Si es de tiro libre se levanta la pantaloneta y muestra su pierna musculosa. Ve hacia las pantallas de los estadios cuando marca. Se acomoda el cabello. Sonríe con altivez. Esa también es parte de la marca CR7.

Es como un auto deportivo —un Lamborghini, un Porsche— que todos tienen que voltear a ver en las calles: es ruidoso, brillante, acelera a todo motor, sobrepasa sin necesidad y frena en seco. Lo aman y lo odian. Pero todos conocen la marca.

Por si fuera poco, CR7 va más allá del fútbol. Su dominio en la cancha lo lleva al de la publicidad. Tiene ingresos de 67,4 millones de euros y su rostro está en todas las grandes empresas. Incluso en lugares lejanos, como Japón, donde se da el lujo de promocionar un maseajeador facial sin de hecho pasar por la vergüenza de usarlo.

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Sí, CR7 también es una marca de éxito comercial. Es imagen de marcas como TAG Heuer, Nike, Emirates, Herbalife, Samsung, Toyota y Poker Stars. Y, desde luego, tiene su propia línea deportiva CR7. Y vende camisetas del Real Madrid como arroz.

Un sello de épica

"El espíritu de Cristiano" dice Marca tras la remontada contra el Wolfsburgo. "El héroe de una generación" lo describe Rubén Jiménez. "No hay imposibles para Cristiano", titula As. "Cristiano se puso el traje de superhéroe", sice Sport, diario catalán. CR7 evita la 'Undécima' decepción", dice, por su parte, otro diario del los archirrivales culés, Mundo Deportivo. ¿En qué radica el poder de Cr7?

En su cualidad épica. A pesar de que era el Wolfsburgo y de que el Real Madrid tenía que remontar porque era el equipo poderoso, la remontada pasó por los pies de Cristiano, de nadie más. Y lo hizo de la misma forma en que le quitó esa Copa del Rey al Barça y que calló bocas en el Allianz Arena en la mítica derrota al Bayern.

Es el héroe moderno, el héroe del que se acordará esta generación. El sucesor de Di Stefano, de Butragueño.

No es la primera vez que calla bocas. No es la primera vez que genera memes. No es la primera vez que hace vibrar a 80.00 madridistas en el Bernabéu.

Y, a pesar de eso, se da el lujo de decir que aunque fue una de sus mejores noches, no fue la mejor. Y quizá tiene razón. No solo por las anteriores, sino seguramente por las que vienen.

Porque pase lo que pase, creó una marca, imborrable, insuperable. En goles, en dinero, en poder. Y el club más rico del mundo, el Real Madrid, puede decir sin tapujos que es "made in" Cristiano.

Porque, a pesar de lo difícil del reto, sin importar de la grandeza del rival —sea líder o colero— CR7 vuelve todo una marca.