(Crédito: GUILLERMO LEGARIA/AFP/Getty Images)

Nota del editor: Berndhardus Van Hoof es profesor de Gerencia Ambiental y Ecología Industrial de la Facultad de Administración de Empresas de la Universidad de los Andes. Ingeniero industrial por la Hogerschool holandesa, es doctorando en Ecología Industrial por la Universidad de Erasmus, Róterdam.

(CNN Español) - Colombia es un país de tradición agrícola. Sin embargo, los agricultores sólo aprovechan el 5% de las 22 millones de hectáreas aptas para siembra. Muy pocos sectores agrícolas generan productos de valor agregado, con base en tecnología e innovación, que puedan competir en el mercado global. La gran mayoría de los cultivos son a pequeña escala, de campesinos de supervivencia, que cultivan minifundios. Por decir lo menos, carecen de una visión empresarial. Sostienen que no forman parte de una cadena de valor que reconozca su esfuerzo.

Entretanto, la agricultura ha perdido importancia en la economía. La contribución del sector agropecuario al Producto Interno Bruto (PIB) ha caído del 25% en 1960 a solo 6% hoy. En efecto, consume inmensos recursos a un alto costo social y genera beneficios mínimos.

PROFE 1 Van Hoof

Bart Van Hoof

En verdad, el agro en Colombia tiene grandes oportunidades de negocio y hay potencial para revertir su tendencia decreciente. Las ventajas competitivas del agro colombiano son evidentes: buen clima, suelos fértiles, abundante agua, consumidores urbanos de ingresos medianos, cercanía a grandes mercados de exportación. Sin embargo, con la excepción de relativamente pocas agro-empresas, los agricultores enfrentan enormes desafíos: un ecosistema de negocios deficiente, limitada inserción en cadenas de valor, desconocimiento de buenas prácticas agropecuarias, poca o ninguna capacidad técnica y mano de obra descalificada.

A ello hay que agregar la tradicional ausencia de instituciones públicas en zonas rurales, la falta de infraestructura, inseguridad jurídica, transporte costoso, políticas agrícolas inadecuadas y un sistema financiero cauteloso.

En este contexto, ¿cómo ha hecho el sector floricultor para convertir a Colombia en el segundo exportador de flores del mundo?

Primero, han sabido ubicar sus cultivos en zonas estratégicas, como la sabana de Bogotá y Rio Negro en Antioquia, caracterizadas por su seguridad jurídica, orden público, cercanía a aeropuertos internacionales y buen clima.

Segundo, han realizado un esfuerzo gigantesco en materia de investigación genética para prolongar la vida de las flores y producir nuevas variedades, aplicado técnicas de producción más amigables con el medio ambiente y enfocado en el mercado.

Tercero, han encauzado la tarea para generar valor agregado, mejorando la calidad e innovación en variedad de flores; colaborando con los integrantes de la cadena de valor y con proveedores y formando alianzas con competidores, al punto de que logran enviar flores a destinos europeos y de otros continentes a menor costo en barco, ¡y mantenerlas frescas!

Cuarto, han tomado la protección ambiental en serio, obteniendo certificaciones de organizaciones mundiales que garantizan una producción más limpia.

Con estas prácticas, los 1.477 productores de flores y follajes, en 6.876 hectáreas sembradas, lograron exportar en 2014 cerca de 230.000 toneladas de flores a 89 países, un aumento del 5% respecto al año anterior, lo que representa más de USD 1.374 millones de ingresos por divisas y un aporte al crecimiento del PIB agropecuario del 2%. La floricultura es la actividad agrícola que genera el mayor empleo por hectárea, con un promedio de 15,7 trabajadores por hectárea, permitiendo que 600.000 colombianos dependan del sector, en su mayoría mujeres, muchas de ellas cabeza de familia.

¿Qué lecciones puede aprender el agro colombiano de la industria de flores?

Lo primero, centrarse en la exportación. Fue la exportación lo que forzó a la industria a enfocarse en innovación y desarrollo tecnológico para mejorar la calidad, ampliar la variedad y prolongar la vida de las flores. Como es lógico, han debido emprender una inmensa campaña de capacitación, tanto para su mano de obra como su personal gerencial, apoyar la investigación y la tecnificación,

Más allá de la visión de negocio, los floricultores priorizaron la productividad, eligieron los cultivos favorecidos por consumidores de otras latitudes y reconocieron la importancia de proteger el medio ambiente para construir una industria sustentable.

Si lo lograron los floricultores, ¿por qué no pueden hacerlo los miles de agricultores colombianos que producen mango, piña, aguacate y decenas de frutas y vegetales?