CIUDAD DE MÉXICO (CNN) - Ella tiene 23 años, pero su cuerpo menudo la hace lucir como una adolescente. Sus ojos expresivos y su sonrisa fácil pueden fácilmente ocultar los horrores que vivió, así como el abuso mental y físico inimaginable que casi le quitó la vida.

Ella se hace llamar Zúnduri, aunque no es su nombre real. Es el nombre que adoptó luego de recuperar su libertad, un término que significa "niña hermosa" en japonés.

Cinco días sin comer

Zúnduri dice que todo comenzó cuando huyó con su novio a los 17 años. La relación se desinfló rápidamente y pronto se encontró sin hogar en la Ciudad de México. En vez de volver a casa, encontró comida y cobijo con una mujer que tenía una tintorería en el sur de la ciudad.

Era un negocio familiar. La mamá era la dueña y recibía ayuda del padre. Dos hijas ayudaban de forma ocasional. Había también una hermana de la dueña, con dos hijos.

En un principio, Zúnduri dice que la dueña la trataba tan bien que comenzó a llamarla "mamá".

Pero poco a poco, el trabajo que ella le pedía se fue incrementando. Primero hacía trabajo doméstico en la casa, pero no en la tintorería. Luego se incrementó a planchar ropa unas horas al día, lo cual eventualmente se transformó en turnos de 16 horas. Ocasionalmente planchaba ropa hasta por 20 horas al día, dice.

Mientras el trabajo se incrementaba, la cantidad de alimento que se le permitía comer decrecía. Ella dice que una vez pasó cinco días sin comer nada y que estaba tan hambrienta que masticaba bolsas de plástico que usaba para las camisas de los clientes. Ella sobrevivió con un poco de agua que pudo tomar de la plancha, dice. Para entonces, ya dormía en el piso.

'Las madres corrigen a sus hijos'

La pesada carga laboral fue seguida por golpizas.

"La primera vez que ella me golpea, me agarró a patadas. Entonces ella me dijo: 'No, es que tu no tienes derecho a decirme nada porque yo soy como una madre para ti y las madres corrigen a sus hijos", dice Zúnduri.

La joven dice que, además de ser víctima de abuso físico, también le lavaron el cerebro. El mensaje siempre era el mismo: 'Tú no vales nada'".

"Empezó a envolverme en la cabeza, 'es que tu mamá no te quiere, es que si tu mamá te quisiera estuviera aquí contigo, si tu mamá te quisiera te hubiera vuelto a recibir. El hombre con el que te fuiste tampoco, no te quiere porque ni siquiera te aguantó, porque no vales como mujer", dice Zúnduri.

Encadenada

Finalmente, cuando ella sentía que no podía más con las golpizas y las humillaciones, las cosas se pusieron peor. Su captora la encadenó.

"Me dijo: 'a los animales como a ti así se le tratan' y agarró y colocó la cadena en el cuelo. Y le dije, 'es que no, no es necesario que me trates así, no lo hagas'", dice Zúnduri.

Las cadenas entonces cambiaron de lugar, a su cintura, para que ella pudiera seguir planchando ropa, dice Zúnduri, quien estima que pasó seis meses encadenada.

Zúnduri ahora está celebrando su primer año de libertad. Luego de cinco largos años de cautiverio, finalmente pudo escapar en abril de 2015 cuando la mujer que la esclavizó dejó las cadenas un poco sueltas.

María Teresa Paredes, abogada de derechos humanos y una de las primeras personas que vio a Zúnduri luego de su escape, dijo que se horrorizó por las heridas que tenía la víctima.

"No había una parte de su cuerpo que no tuviera cicatriz, que no tuviera heridas, parecían como rasguños, moretones", dice Paredes.

La actriz y activista Karla de la Cuesta, que ahora es una amiga cercana de la víctima, dice que Zúnduri también fue torturada. Sus captores usaban frecuentemente la plancha para quemar diferentes partes de su cuerpo.

"Me cuenta que le quitaban las costas, que cuando les salian las costras de las quemaduras después se las quitaban, para que le volvieran a sangrar (...) su cabecita, se la lastimaron mucho", dice De la Cuesta.

Abusada por toda la familia

Luego de que Zúnduri escapó y su caso llamó la atención de las autoridades, la policía allanó la asa donde estuvo cautiva. Siete personas fueron detenidas, incluyendo dos menores. Todos eran miembros de la misma familia. Los dos menores luego fueron liberados, pero los otros cinco adultos siguen tras las rejas y enfrentan cargos de trata de personas y explotación, delitos que se castigan con al menos 40 años de prisión.

Juana Camila Bautista, la fiscal especial a cargo del combate de la trata de personas en la Ciudad de México, dijo que todos los integrantes de la familia maltrataron de alguna forma a Zúnduri, incluidos los menores.

Bautista también dijo que los investigadores han comprobado el testimonio de Zúnduri. Rastros de sangre que se encontraron en varias partes de la tintorería tenían el mismo ADN de Zúnduri.

La joven, según Bautista, estaba muriendo de hambre.

"Tenia una anemia de un grado muy alto y los médicos determinaron que su organismo, a raíz de esto, todo su organismo interno representaba a un ser humano de 80 años", dijo Bautista.

Zúnduri ya ha pasado por varios procedimientos médicos como parte de su recuperación. Ella contó su historia al alcalde de Nueva York, Bill de Blasio. Viajó al Vaticano en julio para reunirse con el papa Francisco. También ha viajado a otros países como Argentina, donde ella habló abiertamente de su historia de esclavitud.

Su sueño es estudiar en una escuela de gastronomía para convertirse en repostera. Ella quiere abrir su propia pastelería algún día.

Zúnduri es una víctima, una sobreviviente. Pero cuando uno ve su sonrisa amigable, uno se da cuenta que a pesar de todo lo que pasó, su espíritu sigue imperturbable.