Greenville, Carolina del Sur (CNN Español) – Como todas las mañanas, Karyme Zuryta tiene una lista de solicitudes de sus oyentes en La Jefa 94.9 FM de Carolina del Sur.

Desde hace 5 años es DJ en esta emisora de Greenville, una de las ciudades que ha sido testigo del rápido crecimiento de los hispanos en el estado.

"Tenemos comunidad de todos los lados: cubanos, la comunidad puertorriqueña en Greenville está creciendo tremendamente, la comunidad mexicana yo diría que es la más fuerte", dice Karyme, quien por sus años en esta estación de música variada, ya ha perdido un poco su acento mexicano.

Y su percepción no es equivocada.

El estudio exclusivo para CNN en Español del Centro de Estudios Latinos, latinoamericanos y Caribeños de la Universidad de Nueva York, dice que los mexicanos constituyen el 61% de la población en Carolina del Sur. En 1990 se contaban unos 10.000 y para 2014 ya eran unos 167.000mexicanos en el estado.

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Los puertorriqueños representan el 13,3% de los hispanos. Los datos de 2014 dan cuenta de unos 36.000 y son el segundo grupo más grande en Carolina del Sur. Y en los últimos años han superado a otros grupos como los colombianos.

Con el crecimiento vienen retos.

Paola Gutiérrez trabaja desde hace varios años con la comunidad como directora de Programas de PASOs, una organización dedicada a mejorar los servicios de salud de los inmigrantes.

"Se necesitan oportunidades de liderazgo, líderes en la comunidad latina, también recursos de educación e información", apunta Gutiérrez, recalcando que una parte importante de la población es menor de 5 años y que los padres además "necesitan asesoría legal, un taller para saber cómo integrarte mejor, para saber cómo integrarse a la comunidad".

Esta creciente comunidad ha llegado a Carolina del Sur atraída por los trabajos y el bajo costo de vida. Y en las calles de Greenville muchos se la ingenian, con ventas informales de comida en la calle o en las casas. Como el popular restaurante casero de Jaqueline Aguilar, quien llegó hace 4 años a Greenville.

"Teníamos unos amigos que trabajan en la construcción”, recuerda Aguilar. "Empezamos a hacerles de comer y ellos mismos nos fueron recomendando con sus amigos”.

Su sueño es abrir un restaurante, pero ahora le preocupa la retórica que escucha en la campaña electoral y espera que quienes puedan hacerlo, voten en estas elecciones, ya que ella, como muchos en Carolina del Sur, son indocumentados.

Pero el crecimiento demográfico no refleja un aumento del electorado hispano. Pese a que hoy son el 5,35% de la población, su porcentaje como electorado es mucho menor. El estudio indica que aunque creció de 0,7% en 1990 a 2,7% en 2014, su participación en las urnas no llega ni al 1% del electorado estatal.

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Sin conocer esas cifras, Ángela Castillo ha decidido, por su cuenta, desplegar una mesa en la entrada de uno de los supermercados más populares de Greenville para hablar con los hispanos y ayudar a inscribirlos para las elecciones.

"No hay mucho esfuerzo aquí en este estado para tener el material o avisar a la comunidad hispana a donde ir a registrarse para votar o cuales son los requisitos", indica Castillo.

Pero también ve apatía en los que pueden votar. De hecho, el nivel de inscripción en Carolina del Sur está por debajo del 51% a nivel nacional y el estudio proyecta que para noviembre serán incluso más bajo.

Y la participación tiene la misma tendencia.

En 2012, solo 43% de los latinos elegibles salió a votar. Y para noviembre pudiera caer al 34%.

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A Julie Smithwick, directora de PASOs, le preocupa que esa apatía, termine afectando su influencia como electorado.

"No hay líderes reconocidos. Entonces la gente mira las estadísticas y dice, no hay que preocuparse de los latinos, no hay muchos, no se los ve y entonces no hay que realmente que cambiar nada. No hay que crear más acceso a los servicios, pero los que trabajamos con la población latina sabemos que sí hay que hacer muchos cambios".

Mientras Ángela dice que irónicamente la campaña electoral está animando a algunos a inscribirse.

"Mucha gente tiene miedo del futuro, de qué va pasar con este país y mucha gente sí (está motivada), para que Trump no gane", y añade "por eso es tan importante que cada voto sea contado, porque nosotros representamos cada persona que no puede votar”.

Eso mismo espera Jaqueline. Sus dos pequeños son su preocupación, más allá de su propio estatus inmigratorio.

"Pues más que nada, los temerosos son los hijos. Los hijos son los que dicen: mami si llega a gana Donald Trump ¿qué vamos a hacer? ¿nos vamos a ir a México? y digo, pues sí, ni modo, nos toca, ¿verdad? Yo pienso que cuando uno sabe trabajar, aquí o en su país, uno la hace”.

Mientras el debate sigue en Greenville, Ángela espera pacientemente en la puerta del supermercado. Algunas veces logra detectar potenciales votantes. Otras, se va con las manos vacías, pero esperanzada de que en unos días volverá a seguir con su misión de que más se animen a votar en un estado conservador, al que pese a sus rigurosas leyes inmigratorias, muchos llaman hogar.