(Crédito: ADALBERTO ROQUE/AFP/Getty Images)

Nota del editor: Jorge Dávila Miguel es columnista y analista político de CNN en Español. Las opiniones expresadas en este artículo corresponden exclusivamente a su autor.

Ya es un hecho: el Gobierno colombiano y la guerrilla han firmado en La Habana un acuerdo de cese del fuego después de medio siglo de guerra. Tras años de negociaciones, avances y retrocesos, el histórico pacto deberá conducir no solo a la paz, sino también al progreso de la gran nación colombiana. Más de 200.000 muertos le ha costado un conflicto que, en la práctica, ya se ha solucionado en La Habana con la firma del presidente Juan Manuel Santos y del líder guerrillero Rodrigo Londoño, alias “Timochenko”.

El presidente de Cuba, Raúl Castro, lo caracterizó así: “La paz será la victoria de toda Colombia, pero también de toda nuestra América”, en una vindicación evidentemente latinoamericanista para esta victoria diplomática, lograda en el seno de la región… sin la intervención de Estados Unidos.

Gana Colombia, gana toda América ––incluido Estados Unidos, claro–– pero especialmente gana Cuba, que desempeñó un papel crucial en estas negociaciones… Y no podemos dejar pasar el detalle: de promotora de las guerrillas ––una vía para la liberación latinoamericana, aunque también de enfrentamiento continental con Estados Unidos ante sus agresiones contra la Revolución cubana ––La Habana ha cambiado el fusil por la diplomacia para la solución de los conflictos. Y esta semana, los acuerdos colombianos son la joya de su corona.

La posición de Cuba en las relaciones internacionales, su acceso ––sobre todo en estos momentos–– a los principales factores de poder mundial, y un efectivísimo servicio diplomático y de inteligencia, así se lo permiten. Recientemente, La Habana reunió a dos grandes líderes religiosos en cisma: el papa Francisco y el patriarca Kiril, en otro acuerdo histórico, y unos más tal vez se perfilan.

La gran nación colombiana ha demostrado ––muchas veces contra viento y marea–– la serenidad y la madurez necesarias para haber llegado a este histórico momento. Todavía quedan algunos escollos, pero ya se vislumbra la refulgente luz al final de un túnel que ha causado tanto dolor y tanta muerte. Hay pocas cosas más que decir: ¡Felicidades, Colombia!

La gran nación colombiana ha demostrado —muchas veces contra viento y marea— la serenidad y la madurez necesarias para haber llegado a este histórico momento

Jorge Dávila Miguel