Simone Biles, en un ejercicio de suelo el pasado 11 de agosto (Pascal Le Segretain/Getty Images)

El TDAH, más conocido como “Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad”, es una alteración neurobiológica que sufren entre el 5 y el 7% de los niños. Se caracteriza por la hiperactividad, problemas de atención e impulsividad.

Este trastorno cobra especial vigencia a raíz de la revelación hecha por la campeona olímpica de gimnasia artística Simon Biles, quien dijo que padece TDAH y se medica para ello; esto en respuesta a la noticia acerca de que dio positivo en el test antidoping en Río 2016.

Pero, ¿cuáles son los síntomas? ¿A quiénes afecta? ¿Cómo se puede controlar?

Los síntomas conllevan una actividad física excesiva, bajo rendimiento escolar, dificultad para inhibir impulsos, trastornos de la conducta y del lenguaje, y un grado de atención muy bajo, que interfieren negativamente en el rendimiento y la progresión académica, la interacción social con otros niños, con adultos y con el ambiente familiar.

Estas complicaciones causan un rendimiento general por debajo de su capacidad intelectual y de su potencial e, incluso, en algunos casos generan depresión y ansiedad. “Aunque entre un 40 y un 60% de los niños con TDAH seguirá teniendo alguno de los síntomas en la edad adulta, con un diagnóstico precoz sus complicaciones pueden prevenirse o, cuando menos, controlarse”, asegura el Dr. César Soutullo, director de la Unidad de Psiquiatría Infantil y Adolescente de la Clínica Universidad de Navarra.

A continuación te contamos de algunos falsos mitos sobre esta enfermedad:

El TDAH desaparece después de la infancia: FALSO

Algunos síntomas de hiperactividad tienden a disminuir en intensidad con la edad. Sin embargo, la impulsividad y los problemas de atención persisten en la adolescencia y en la edad adulta. Esto hace que el tratamiento en muchos casos deba ser prolongado.

Cuando un niño no recibe el tratamiento correcto, éste producirá un deterioro importante en su capacidad para desarrollarse tanto en el terreno académico, familiar y social, limitando las posibilidades presentes y futuras del menor. En el ámbito académico, debido a la dificultad para organizarse y prestar atención, tendrán gran dificultad para mantener un rendimiento académico acorde a sus capacidades reales, lo que conlleva un fracaso escolar: repetición de curso, abandono de estudios, etc.  Si logran pasar de curso, arrastrarán lagunas que harán más duro el nivel siguiente. También se ve afectado su desarrollo social y emocional ya que, a consecuencia de la impulsividad y su constante actividad motora, suelen tener dificultades a la hora de relacionarse con compañeros. Tienen pocos amigos, fracasos repetidos en clase y mal comportamiento en el colegio.

Esta situación puede desembocar en cuadros depresivos ya que suelen tener una sensación crónica de fallar en todo y de no hacer nada bien. Además, los niños con TDAH no tratados presentan mayor riesgo de desarrollar comportamientos negativistas: desobedecen y desafían las reglas. Debido a la impulsividad, los adolescentes que no reciben tratamiento adecuado tienen más riesgo de empezar a fumar, beber alcohol y consumir drogas. Se pueden añadir otras complicaciones como embarazos a edades tempranas, accidentes de tráfico o menor progresión laboral.

Los padres tienen la culpa del TDAH y el diagnóstico es poco fiable: FALSO

El TDAH es un trastorno psiquiátrico de origen biológico, con un alto porcentaje de transmisión genética (75%), que afecta la capacidad del niño para:

  • Prestar atención a las acciones que realiza, por los problemas de atención.
  • Regular su nivel de actividad, por la hiperactividad.
  • Inhibir sus pensamientos o comportamientos, por la impulsividad.

El TDAH sólo afecta a los niños y no a las niñas: FALSO

El TDAH afecta tanto a niñas como a niños, aunque sí que presentan algunas diferencias: puede pasar más desapercibido en las niñas, ya que suelen tener menor hiperactividad y negativismo, es decir, tienen un comportamiento menos desafiante. La repercusión académica en las niñas, por tanto, suele aparecer más tarde, en la Secundaria.  Presentan con menor frecuencia síntomas depresivos; pero más de ansiedad.

El TDAH lo debe diagnosticar y tratar el neurólogo o neuropediatra. Si no mejora, el psiquiatra infantil: FALSO

Para manejar correctamente el TDAH y prevenir sus complicaciones, se requiere un diagnóstico correcto y temprano. Los padres y el entorno escolar del niño son los primeros que pueden sospechar un TDAH.

El diagnóstico definitivo lo realizará un psiquiatra del niño y del adolescente, neuropediatra, psiquiatra general, o  un psicólogo clínico. También un pediatra experto y formado en TDAH puede efectuar un diagnóstico inicial correcto e iniciar un tratamiento adecuado.

Cuando se confirma el diagnóstico, se debe diseñar un plan de tratamiento que incluirá tanto el uso de medicación, como apoyo psicosocial, del colegio y psicoeduación con la familia. Para ello, en muchas ocasiones es necesario contar con un abordaje multidisciplinar (psicólogos clínicos, enfermeras, pedagogos o profesores de apoyo, entre otros).