(CNN Español) - Dejar las armas y enfrentarse a la vida después de estar por años en las filas de las FARC no será nada fácil para miles de guerrilleros. La mayoría de ellos no tienen educación secundaria y menos universitaria. No saben desempeñar un oficio distinto al de la guerra. Están por fuera de su círculo familiar y no tienen acceso a los programas sociales de salud y educación del Estado.

Es un salto al vacío. Un reto que, para la mayoría de los guerrilleros, será tan duro como la vida en la selva.

Felipe Rodríguez es uno de esos tantos ejemplos de colombianos que entraron a las FARC cuando aún eran menores de edad. Solo estudió primaria y su único oficio durante los 10 años que estuvo en la guerrilla fue portar y disparar un fusil ruso AK 47.

Me encontré a Felipe en las selvas del sur de Colombia, en los llanos del Yarí, cuando asistía a la X Conferencia de las FARC. Y después de conversar un rato accedió a darme una entrevista.

Comencé preguntándole: Vas a dar un salto al vacío, vas a cambiar totalmente de vida. ¿Qué es lo que más te preocupa en estos momentos? A lo que me respondió sin duda alguna: “Bueno la preocupación mas grande, no solo mía sino de muchos compañeros, es de que el Gobierno no cumpla los acuerdos. Pero a nosotros los camaradas nos han dicho que lo que se pactó es algo muy serio y además hay países acompañantes y la ONU y que ellos van garantizar que se cumpla. Porque todo lo que ellos acordaron lo hicieron con amarraduras bastante fuertes.”

Le insistí en algo que creo fundamental para el futuro de estos guerrilleros una vez se desmovilicen.

"¿Qué tienes como proyecto de vida?, le dije. ¿Qué piensas hacer? ¿A qué te vas a dedicar?”

Felipe respondió, esta vez, con dudas: “Mi proyecto es terminar el bachillerato y después de eso capacitarme en una carrera ".

"¿Qué te gustaría?", le pregunté.

"No lo he pensado. Lo primordial es terminar el bachillerato y ya miraré qué hacer”.

Otra guerrillera con la que pude conversar en las selvas del sur de Colombia, a la que llamaremos Mireya, tiene sus propias preocupaciones, aunque no muy distintas de las de Felipe. Le pregunté si tiene temor de que la asesinen, como ha pasado con muchos que han dejado las armas y toman la opción de la política.

Mireya dice que volver a la sociedad es un reto porque por ser de las FARC tiene enemigos.

Mireya dice que volver a la sociedad es un reto porque por ser de las FARC tiene enemigos.

“La gran incertidumbre y el miedo de todos es que nos pase lo mismo. Pero igual confiando en los camaradas, pienso que para que se vuelva a cometer una cosa tiene que ser ya difícil… uno se siente inseguro porque a pesar de todo tiene uno sus enemigos. Con el solo hecho de estar en las FARC tienes enemigos”, afirma Mireya.

Para Felipe y Mireya dejar las armas significa dar el paso hacia la vida política. Cambiar las armas por las urnas. Algo que suena fácil, pero que tiene muchas implicaciones.

“Significa que hemos dado un paso más hacia la política. Como origen nosotros siempre quisimos una salida a este conflicto por la vía pacífica. Los camaradas siempre lo han planteado. Conscientemente nosotros hemos sabido que vamos por la toma del poder, bien sea por las armas que fue lo único que nos dejaron como alternativa o por la vía política y es un honor lograr esto que nos habíamos trazado, ser un movimiento legal”, sostiene Felipe Rodriguez.

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Ahora Felipe y Mireya piensan dedicarse a rehacer sus vidas y reencontrarse con sus familias.

“De mi familia no sé nada”, afirma Mireya.

"¿Y tampoco ellos saben nada de ti?", le pregunto.

"No. Se han hecho planteamientos, posibilidad de buscarlos pero no los he encontrado. No se si están vivos o están muertos”, añade.

Felipe no ha visto a su madre en 10 años. Y ahora no sabe qué va a hacer cuando tenga a su madre frente a frente.

“No, eso será, no sé. Mirarla, abrazarla, darle todo ese amor que estando ausente nunca le pude dar”, dice Felipe visiblemente emocionado.

El conflicto armado de 52 años en Colombia ha dejado, según cifras oficiales, más de 250 mil muertos y cerca de 8 millones de desplazados.

“Somos hermanos, una guerra que la están peleando son los pobres porque los ricos de esta nación nunca mandan a los hijos a la guerra. Sentimos, como el ser humano siente, los que caen aquí y siento los que caen allá. Los soldados y policías que han caído en esta guerra son de familias pobres, iguales que las nuestras”, manifiesta con pesar Felipe, un guerrillero a punto de entregar su fusil.

Los sueños de estos guerrilleros son muy parecidos a los de cualquier colombiano.

“Un país en donde todos tengamos estudio, la educación, la salud, todo. Que todos tengan donde vivir y se acabe la miseria y el hambre”, concluye Mireya en su conversación con CNN en Español.

La pregunta es si era necesario tanto dolor y tanta muerte para, paradójicamente, terminar coincidiendo con lo mismo que aspiran cerca de 44 millones de colombianos que jamás han empuñado o disparado un arma.

¿Valió la pena?