(Crédito: TIMOTHY A. CLARY/AFP/Getty Images)

Nota del editor: Roberto Izurieta es analista político y profesor de la Universidad George Washington. Fue director de comunicación del presidente de Ecuador Jamil Mahuad del partido Democracia Popular entre 1998 y 2000; además fue asesor de los presidentes Alejandro Toledo en Perú, Álvaro Colom en Guatemala y Horacio Cartes en Paraguay y participó en la campaña de Enrique Peña Nieto en México. Es colaborador político de CNN en Español. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Hillary Clinton ganó por puntos el primer debate presidencial de esta campaña, pero no hubo KO de ningún lado. Es entendible: Clinton no está preparada para ganar una pelea callejera. Es que Estados Unidos no tiene experiencia en lidiar con candidatos populistas. Para ellos, las razones, los hechos, las cifras, los argumentos y los planes son totalmente irrelevantes. Los candidatos populistas saben que al corazón de su base electoral tampoco les importa ese debate racional. Los candidatos populistas juegan con las emociones, lastimosamente con las emociones más bajas y fáciles de manipular: el miedo, el resentimiento, la frustración, la ansiedad.

En este primer debate, las partes que más nos dicen sobre quiénes son los candidatos fueron los argumentos expresados en su mensaje inicial por parte de cada uno. Clinton fue, como siempre, muy articulada y clara. Donald Trump comenzó apelando a su base usando una vez más el argumento del miedo sobre los inmigrantes, tanto porque quitan empleos a los votantes blancos de zonas deprimidas como por razones de falsa seguridad.

Hillary Clinton estuvo fantástica en dos ocasiones. Cuando habló sobre las pocas hipótesis que pueden explicar por qué Donald Trump no quiere publicar sus impuestos: porque no es tan rico como parece, porque no ha pagado impuestos o porque debe dinero a personas que le comprometerían su integridad como presidente (como por ejemplo, Rusia o China).

El peor momento de Trump fue cuando él mismo se hundía en las explicaciones de por qué cuestionó el lugar de nacimiento del presidente Obama. En ese momento, Trump trataba de explicarse mientras Clinton solamente le dejaba hundirse solo. Ahí Trump demostró que le importa más su ego que ser estratégico y centrarse en su mensaje.

Pero no hay que subestimar a Trump, principalmente por lo que representa. Trump representa a hombres blancos del interior, que todavía es el segmento electoral más grande de los votantes (muchos de ellos que generalmente no votan y que Trump busca que salgan a votar por él y compensar así la pérdida que tendrá con votos hispanos, los negros y las mujeres).

No debemos olvidar que si bien casi todos los segmentos poblacionales han mejorado sus ingresos en estos últimos años, es ese segmento poblacional (de blancos del interior de Estados Unidos) el único que no ha visto mejorar sus ingresos (y ha visto disminuir su prestigio y relevancia política y social), según indicó un análisis del Wall Street Journal publicado el pasado 14 de septiembre. Es la misma base electoral que hizo ganar la salida de Gran Bretaña de la comunidad europea: zonas del interior venidas a menos por la pérdida de empleos de manufacturas y minas de carbón cerradas.

Las elecciones y los debates son una confrontación de personalidades y peleas políticas, lastimosamente con poco contenido. Y en eso Trump es un maestro. Pero considerando que ahora son sólo dos candidatos y cada debate tiene una hora y media, hay espacio para que Hillary Clinton demuestre y muestre su capacidad y Donald Trump su superficialidad. Ojalá también Clinton pueda demostrar esa emoción que produce confianza y empatía con los votantes: conocer sus verdaderas motivaciones para saber que sinceramente hará lo posible por mejorar la vida de la gran mayoría de los ciudadanos que todavía está saliendo de una de las peores crisis de los últimos 100 años. Tiene dos debates más para lograrlo.

Pero no hay que subestimar a Trump, principalmente por lo que representa. Trump representa a hombres blancos del interior, que todavía es el segmento electoral más grande de los votantes

Roberto Izurieta