(CNN Español) - Anias y Jadon McDonald son gemelos siameses. Su nacimiento fue raro: la ciencia dice que los niños son un caso de uno en millones. Sus padres están de acuerdo.

"Son tan perfectos", dice su madre, Nicole. "Son hermosos, y son tan graciosos y felices".

Con 13 meses, Jadon es el bravucón. Intenta salir de la cama y alejarse de su hermano. Cuando su hermano juega con un juguete, Jadon se mece hasta que logra quitárselo.

Anias es el contemplativo, al que le encanta escuchar a su madre leer. La ha tenido más difícil que su hermano. Es un guerrero silencioso, dice su madre, con una mirada cautivadora "como si viera en tu alma".

Nicole y Christian, los padres, tomaron la decisión que ningún padre debería tomar nunca: hacer lo que creen que es lo mejor para sus gemelos, incluso si pone en riesgo sus vidas. Separarlos.

La pareja se apoya en la fe. Oran con frecuencia y buscan el consejo de su ministro. Dicen que han puesto su esperanza en Dios, sin importar el resultado. "No sé cuál es la respuesta a mis oraciones aún", dice Nicole, rompiendo en llanto.

Christian dice que hace poco empezó a pensar si están haciendo lo correcto. Familiares y amigos le aseguran que están tomando la decisión apropiada.

Los gemelos que están unidos por sus cabezas —llamados gemelos craneópagos— son un fenómeno muy raro, que ocurre en uno de cada 2,5 millones de nacimientos. Alrededor de 40% mueren antes del parto, y otro tercio mueren en las primeras 24 horas del nacimiento. Los estudios han mostrado que el 80% de los gemelos siameses unidos por la cabeza mueren por complicaciones médicas para cuando tienen 2 años si no son separados.

El solo hecho de haber llegado a este punto es toda una hazaña para los niños McDonald, que comparte entre 3 y 5 centímetros en diámetro de tejido cerebral. Aunque estadísticas significativas son difíciles de recolectar para un caso tan poco común, se puede decir que el proceso de separación implica grandes riesgos, incluyendo la posibilidad de muerte o de daño cerebral de largo plazo para alguno o ambos niños.

Antes de todo esto, Christian y Nicole McDonald vivían una vida sin sobresaltos en Braidwood, Illinois, un pueblo de 5.000 habitantes a unos 112 km al sur de Chicago. ël era conductor de camiones; ella, una terapeuta pediátrica.

Los niños nacieron un mes prematuros, el 9 de septiembre de 2015, con una cesárea no programada, a las 11:11 p.m. "Son unos niños pequeños normales, como cualquier otros dos bebés que uno ve... excepto que son siameses", dice Christian.

Los McDonalds viven solo de la generosidad de otros. La familia recibe paquetes en el correo de ropa para los niños. Extraños envían cheques, también. Un donante que ha sido un contribuyente generoso al hospital ayuda a cubrir los costos de vida.

Las primeras 72 horas después de la operación serán las más cruciales y riesgosas. Si a los niños les va bien, probablemente estarán varias semanas en la unidad de cuidados críticos pediátricos. la siguiente escala: un centro de rehabilitación, posiblemente durante varios meses, en donde seguirán y recuperación y aprenderán a voltearse, a alzar sus cabezas y a lograr otros hitos de la infancia. Usarán casos protectores.

El médico que liderará la operación para separarlos es el doctor James Goodrich, de 70 años. "Será emocionante separarlos", dice el doctor Oren Tepper, el cirujano plástico de 39 años que reconstruirá los cráneos de los niños y cerrará las aberturas en sus cabezas.

Será un momento poderoso, el tipo de momento que los McDonald dicen que han aprendido a apreciar. Ir al parque. Abrazar a sus hijos.

Ese es su consejo para otros —apreciar los momentos pequeños de la vida— incluso cuando ellos están a punto de vivir el más grande de todos.

Con información de Wayne Drash y Dr. Sanjay Gupta, CNN