(CNN) - Cuando el fotógrafo Alessandro Falco estaba creciendo en el centro de Italia, a menudo oía historias sobre Venezuela que le contaban sus abuelos.

"La mitad de mi familia es de Venezuela. Mis abuelos emigraron allí después de la guerra (II Guerra Mundial) y mi madre nació allí", afirma Falco. "Llegaron a este hermoso país y creo que ahí es donde nació mi pasión visitarlo".

Sin embargo, los informes sobre la situación actual de la nación rica en petróleo pintaron un cuadro diferente al que su familia le había contado en el pasado. Venezuela se ha sumido en una profunda recesión económica que ha dejado al país corto de dinero y luchando para pagar las importaciones de alimentos vitales necesarios para alimentar a sus 30 millones de habitantes.

"Me interesé en documentar situaciones de emergencia humanitaria por primera vez en Brasil en 2014 y 2015 y, ahora, en Venezuela", dice Falco. "Quería ver cuánto de lo que había leído y oído era verdad".

Después de conectar con algunos familiares y colegas sobre en el lugar, Falco viajó a Venezuela a principios de este año y pasó casi un mes en la capital, Caracas, la ciudad occidental de Maracaibo, y en algunas zonas rurales cerca de la frontera con Colombia.

"Me quedé en una zona céntrica de Caracas la primera noche que llegué", añade Falco. "Hacia las 2 o 3 de la mañana empecé a escuchar un montón de ruido. Fue entonces cuando me di cuenta que era el sonido de la gente haciendo cola para comprar alimentos".

Falco comenzó a fotografiar a la gente de pie en las filas, las temidas "colas" que se han convertido en una parte de la rutina diaria de los venezolanos.

"Decidí centrarme en las emociones de los venezolanos, que están luchando con la vida en el día a día", dice Falco. "Hay filas en cada barrio y cada lugar. A veces son 30 personas, a veces son hasta de dos kilómetros de largo".

En un momento encontró un hombre que había muerto a tiros cerca de un supermercado en Petare, el mayor barrio marginal de la ciudad.

"La gente en el barrio me dijo que le habían disparado porque trató de robar a alguien. No sé si él estaba tratando de robar comida o dinero. Todo lo que sé es que la atmósfera era tensa", recuerda Falco. "Todo el mundo está asustado en Caracas, incluso tienen miedo de mí".

Caracas es considerada una de las ciudades más violentas del mundo, con una tasa anual de homicidios de 120 por cada 100.000 habitantes. Asaltos, secuestros y robos menores también están fuera de control, especialmente cerca de las líneas de alimentos.

"Las mujeres hacen fila en esta ciudad peligrosa, en medio de la noche, poniendo en riesgo sus vidas sólo para comprar dos bolsas de arroz o sardinas", dijo Falco. "Se ha convertido en una situación en la que sólo puedes ayudarte a ti mismo".

Eso incluye a las mascotas de la familia, muchas de los cuales ahora están muriendo de hambre porque la gente no puede permitirse el lujo de alimentarlas.

Una de sus fotos muestra a un perro escuálido, que sólo puede ser alimentado una vez al día por sus propietarios en la región de la Alta Guajira.

"Cuando la gente come carne hoy en día en Venezuela, no consume filetes o solomillo. Las personas a menudo tienen que comer los trozos sobrantes ... lo que ellos usan para alimentar a sus animales".

Falco dijo que la historia que más le llamó la atención fue la de Aura Rosa. Ella es una madre de 22 años de edad que ha estado pasando hambre para alimentar a su pequeño hijo.

"Ella está dramáticamente delgada y suspiraba suavemente ante mis preguntas, agotada por el hambre. Ella dijo que no había comido en 24 horas y que sólo comía una vez al día con el fin de alimentar adecuadamente a su hijo", dijo Falco. "La vitalidad de su hijo, jugando alrededor de su joven madre que muere de hambre, simplemente me rompió el corazón".

El gobierno venezolano ha negado recibir alimentos y ayuda humanitaria de organizaciones internacionales como Amnistía Internacional y las Naciones Unidas.

El Fondo Monetario Internacional pronostica que la economía de Venezuela se contraerá en un 10% este año, peor que su estimación anterior del 8%. También estima que la inflación en Venezuela se catapultará al 700% este año, frente a una estimación anterior de 480%.

"Venezuela ya no es el país en el que mis abuelos vivieron y el país que amaron", concluye Falco. "Es más como el lejano oeste, donde cada día es incierto".

La vitalidad de su hijo, jugando alrededor de su joven madre que muere de hambre, simplemente me rompió el corazón

Alessandro Falco