(CNN) - Liberados, pero aún aterrados.

Los residentes de un pueblo iraquí recién liberado a las afueras de Mosul huyeron en medio del pánico el martes debido a los rumores de que sus atormentadores y antiguos ocupantes, los militantes de ISIS, estaban regresando.

El pánico es un indicio claro de los daños psicológicos por vivir bajo el brutal régimen del grupo yihadista.

La ofensiva de las fuerzas iraquíes para recuperar Mosul, la segunda ciudad más grande de Iraq y último bastión importante de ISIS en el país, liberó a su pueblo del yugo del yugo terrorista.

El pueblo de Al-Adla, que está a unos 50 kilómetros al sudeste de Mosul, cerca del río Gran Zab. Fue liberado junto a otros pequeños asentamientos en la zona.

Pero el júbilo de los residentes fue de corta duración.

Dos días después de que sus casas fueron liberadas por las tropas de la coalición, un grupo de alrededor de 200 iraquíes huyó del pueblo, algunos incluso sin tiempo para ponerse los zapatos, por tan solo la mera sugerencia de que los odiados y temidos yihadistas estaban regresando.

Nuestro equipo de CNN estaba en ruta hacia el frente de batalla en la ciudad de al-Quwayr, donde la novena división acorazada del ejército iraquí lanzó su ofensiva el lunes, cuando nos encontramos con los aterrorizados aldeanos. Apenas tres horas antes de encontrarlos, habían oído rumores de que ISIS estaban planeando volver.

El pánico, y un impulso imparable de huir, tomó a los aldeanos.

Uno de ellos dijo que no vio señales de que los militantes estaban regresando, pero no podía arriesgarse.

Caminaron hasta que llegaron a las fuerzas kurdas. Ahí, al menos, sentían un cierto grado de seguridad.

Signos físicos y mentales de la ocupación

Su pueblo, al igual que con cualquier otro pueblo recapturado, estaba plagado de túneles excavados por los militantes, que los utilizan para esconderse de los 90.000 efectivos de la coalición, compuesta por las tropas iraquíes, los aliados peshmerga kurdos y una fuerza dispersa de minorías y milicias afiliadas.

Las cicatrices son profundas.

Un grupo de mujeres contó a CNN el horror de la vida bajo el control de ISIS.

Bajo la ocupación yihadista, dicen, vivían en constante temor. Todos los días, los militantes preguntaban si tenían armas de fuego o teléfonos celulares.

Había una ejecución sumaria para cualquier persona declarada culpable de poseer algo tan simple como un teléfono. Tal era la paranoia de sus ocupantes. Fumar era otro delito castigado con la muerte.

Un oficial iraquí solicita un informe de situación sobre el pueblo. No hay combatientes de ISIS allí, se le informa.

Los aldeanos reciben permiso para regresar.

Poco a poco, con cautela, los residentes nerviosos recogen sus escasas pertenencias y toman su ruta de regreso.

Aún asustados, pero listos para estar en casa de nuevo.