(CNN Español) - A unos kilómetros de Madrid, cada domingo, un grupo de mujeres acude a un entrenamiento muy especial con sus perros: aprender a recuperar poco a poco una normalidad que les fue arrebatada.

Mery es una de estas mujeres, todas ellas víctimas de violencia de género.

"El perro me ayuda a salir, a estar más tranquila, a llevar a mi hija al colegio…", dice. "Es un apoyo importantísimo, ganas una calidad de vida, de libertad y de seguridad impresionante".

Mery (los nombres se han cambiado por motivos de seguridad), junto con otras mujeres víctimas de malos tratos acude a las sesiones de la Fundación Mariscal con su "pepo", como les llaman a sus perros protectores. Son perros con un fortísimo instinto de protección y en cada sesión, tanto las mujeres como sus "pepos" aprenden tácticas de defensa.

La Fundación Mariscal nace de la unión de la empresa Security Dogs, una empresa de adiestradores, y un centro de formación llamado Forsec.

Aunque como fundación lleva apenas unos meses en funcionamiento, el "Proyecto Pepo" surgió hace unos años.

"Hace aproximadamente unos 7 u 8 años recibimos una petición por parte de una víctima de violencia de género de entrenar un perro para su protección personal.

"Desde la empresa de seguridad vimos cómo podíamos trabajar con este perro y nos dimos cuenta inmediatamente de que el sistema que existía, que era el de perro de seguridad, no era realmente lo que necesitaba esta mujer", nos cuenta Ángel Mariscal, quien lleva a cabo los entrenamientos con los pepos.

"Empezamos a indagar sobre el tema; como somos una escuela de adiestramiento, empezamos a dar vueltas sobre un instinto poco usado por parte de los adiestradores, que es el instinto de protección, y que existe y es fortísimo, y empezamos a trabajar sobre el instinto de protección. Unido al sentimiento de justicia del animal conseguimos que sean perros protectores", agrega.

"Vivir continuamente mirando hacia atrás"

"Yo tuve la necesidad de buscar un perro porque sufría agorafobia (trastorno que consiste en miedo y ansiedad intensos de estar en lugares de donde es difícil escapar o donde no se podría disponer de ayuda, según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos), no podía salir de mi casa", nos explica Cala.

"Miré en Google, encontré a Security Dogs, el 'Proyecto Pepo', y desde entonces estoy en el proyecto con la Fundación Mariscal. Llevamos ya tres años juntos, tres años en los que hemos aprendido los dos a vivir continuamente mirando hacia atrás, esperando a que aparezca mi agresor".

Cala viene al centro de la fundación todos los domingos, a prepararse, a aprender a protegerse.

"Mi vida cambió desde que una persona decidió que quería matarme. He podido volver un poquito a la normalidad desde que tengo mi perro".

Cuenta que sin el perro no puede salir de casa, que siempre tiene que mirar antes de cruzar una puerta, o moverse en espacios abiertos, donde pueda ver quién viene y que le dé tiempo de salir corriendo.

"Esa es la vida de una mujer que no tiene un perro, el estar permanentemente como una zona de guerra, que no sabes de dónde te puede venir el tiro".

El perro, dice, está entrenado para detectar a las personas que no traen buenas intenciones. "Me avisa que ha localizado a alguien que es sospechoso para él y yo puedo identificar si esa persona es mi agresor o no es mi agresor.

"En ningún caso va a consentir que se acerque a mí. La distancia de seguridad es la distancia de la correa, y jamás va nadie a cruzar esa distancia cuando mi perro esté conmigo".


Una de las víctimas de violencia de género con su perro durante el entrenamiento en la Fundación Mariscal. Foto: Mar Pichel/CNN en Español.

"Es un apoyo importantísimo"

"Entraste en mi vida para volver a ser libre". Es la frase que se lee en el tatuaje que Mery se hizo en el brazo en homenaje a su perro. "Es lo que ha hecho, volverme a hacer libre, a caminar libre por el mundo… mientras él está conmigo, yo estoy tranquila, no hay problema", nos cuenta.

"Mi vida era bastante complicada. No era capaz de ir a comprar sola, para ir trabajar era un mundo, porque cada dos por tres me cruzaba con él, entonces buscaba distintos caminos, distintos horarios, me presentaba media hora antes en el trabajo… y, poco a poco, el perro me ha dado el decir ‘hago mi vida’, y si me cruzo con él no pasa nada porque el perro está conmigo".

"Es un apoyo importantísimo, ganas una calidad de vida, de libertad y de seguridad impresionante", agrega.

Un proyecto integral

Ángel Mariscal cuenta que ahora mismo están formando a seis mujeres, y que otras 20 ya están acreditadas con su perro. Sin embargo, las solicitudes se acumulan. "Estamos totalmente desbordados", dice.


Ángel Mariscal durante uno de los entrenamientos. Foto: Mar Pichel/CNN en Español

Para poder entrar al proyecto, es fundamental que exista una orden de alejamiento para el agresor. Después, la Fundación hace una entrevista personal en la que se valora el grado de peligrosidad en el que se encuentra la mujer en ese momento, para poder agilizar los cursos y la formación.

"Después pasa por un psicólogo", nos explica Mariscal. "Este psicólogo no da terapia, nosotros no damos terapia –enfatiza-, sino que da la luz verde para poder continuar con la mujer y que ella no va a tener ningún problema a la hora de llevar el perro".

Luego, un etólogo determina si el perro va a estar en buenas condiciones en el domicilio de la mujer, y después empieza toda una cadena de cursos de formación.

"El 'Proyecto Pepo' lleva consigo otros muchos proyectos, es la recuperación integral de la víctima, nosotros lo llamamos proyecto de fortalecimiento de la víctima y hacemos muchas actividades. Hacemos talleres, por ejemplo. Hacemos un taller de navegación segura en la red, de búsqueda activa de empleo, hacemos actividades de monólogos, más lúdicas…", nos explica Carlos Ruiz, vicepresidente de la Fundación.

"También tenemos otro departamento de buscar trabajo. Gran parte de ellas se queda en una situación al borde de la exclusión social y el tener trabajo es algo muy importante por muchos motivos, uno de ellos es el que le permite tener cierta autonomía económica, no es el único".

"Todo el proyecto es absolutamente gratis para las mujeres, ellas no pagan nada". Por eso, ahora se están dando a conocer entre las distintas instituciones españolas y empresas privadas, para lograr financiación. "Tenemos que buscar ayudas, pretendemos llegar a acuerdos con empresas privadas para que nos den ayudas que necesitamos con urgencia, porque tenemos cada vez más solicitudes".

Además, el proyecto ya ha llamado la atención en el exterior. El gobierno de la Ciudad de México ha presentado una solicitud de información y próximamente, desde la Fundación, esperan que se lleven a cabo las primeras reuniones con las autoridades mexicanas.

"Nos queda camino por recorrer. Seguimos trabajando", concluye Ángel Mariscal.