(CNN) - Un amenazador humo negro se cierne sobre la ciudad de al-Qayyara. El aire aquí es veneno.

Los niños con las manos ennegrecidas y las caras manchadas juegan debajo de las columnas de humo tóxico que eclipsan el sol de la tarde.

La suciedad que recubre el paisaje y asfixia los pulmones de los residentes proviene de pozos de petróleo incendiados y saboteados por ISIS en agosto.

Los ingenieros y los bomberos llevan luchando contra las llamas durante 100 días. Cuando CNN visitó por primera vez al-Qayyara, a principios de octubre, habían contenido seis incendios, y había otros nueve. Sin embargo, el alcance real de los daños aún no se había determinado.

Ahora hay 19 pozos en llamas, tres de los cuales han sido sellados. Contenerlos todos de se espera que tome meses y habrá pérdidas por millones de dólares.

Se sospechaba que el grupo terrorista dañó el campo de petróleo para crear una cortina de humo, ya que las fuerzas iraquíes combaten por empujarlos fuera de al-Qayyara, unas 35 millas al sur de Mosul. Es un ejemplo devastador de la política de tierra quemada del grupo.

"ISIS, estos terroristas, hicieron esto", dijo Itkhlaf Mohammed, un ingeniero que trabaja para sellar los pozos. "Lo hicieron para estar a cubierto de los aviones y al mismo tiempo arruinar y vengarse de la zona".

Un reto colosal

Los bomberos, ingenieros y trabajadores petroleros deben luchar contra condiciones inimaginables para contener estos incendios de los pozos de petróleo.

El calor es tal que se ha derretido la mayor parte de la tierra cerca de los pozos. El aire es espeso y fétido y tiene un sabor terrible. El humo hace saltar las lágrimas.

Decenas de hombres trabajan largas jornadas en estos sitios, pero pocos usan máscaras de gas. Algunos cubren sus rostros con pañuelos.

El proceso de contener los incendios y sellar los pozos puede durar entre dos días y dos meses, dependiendo de la magnitud de los daños causados por los militantes.

"Este es un proceso muy complicado. No se puede apagar el fuego con agua", dice Mohammed."Tienes que llegar a la cabeza del pozo y controlarlo. Y esto es muy difícil y también peligroso".

Primero la maquinaria terrestre contiene el fuego y canaliza el petróleo lejos de las casas. Después, los trabajadores cavan entre las llamas, intentando mantener el petróleo y su equipo fríos, sacando el lodo y la tierra humeantes.

Poner freno a las llamas, a pesar de ISIS

Solo cuando se encuentran con la cabeza del pozo pueden determinar la magnitud de los daños y lo que debe hacerse para cerrarlo. A menudo, los expertos deben bajar al pozo para inspeccionar y reparar roturas mientras el fuego sigue por encima del suelo.

Los pozos que solo fueron incendiados se pueden desactivar a través de una válvula de funcionamiento. Pero si el pozo fue volado con explosivos -que es el caso para la mayoría- fijar la fractura es mucho más difícil.

Tapar la fuga con cemento es la opción de último recurso, porque significa que el pozo no se puede ser utilizado en el futuro.

Y mientras los guardias de los campos petroleros luchan por sofocar las llamas, los militantes han seguido deliberadamente interrumpiendo su trabajo. Las tropas iraquíes aún estaban luchando con los militantes cuando cuando comenzaron las reparaciones y los trabajadores dicen que a veces estuvieron bajo fuego de mortero. El grupo también dejó minas alrededor de los pozos que aún no se han removido.

"En este momento tenemos el problema de los artefactos explosivos improvisados que fueron plantados por ISIS", explica Mohammed. "Hemos estado trabajando con una unidad de desminado de la policía federal para despejar el área".

Hasta el momento 120 artefactos explosivos improvisados fueron localizados alrededor de los pozos en llamas. Las autoridades dicen que esperan encontrar docenas más.

"Tenemos que superar todas estas dificultades y apagar los pozos", dijo Abdelqadr Soltan, uno de los trabajadores. "Este es nuestro trabajo y nuestro deber".

Repercusiones a largo plazo

Mientras, los 15.000 residentes de al-Qayyara siguen viviendo en un entorno que saben está dañando su salud.

"Cada día los hospitales admiten decenas de pacientes que se quejan de problemas respiratorios", dijo Salah al-Joubri, alcalde de Al-Qayyara.

"Todo es negro. La ropa de la gente es de color negro. Sus casas son de color negro. Incluso el ganado es negro. Las personas lavan las ropas y 30 minutos más tarde están negras de nuevo".