(CNN) - Boca abajo en el barro, un niño yace muerto en la orilla de un río en el que se ahogó junto a su hermano y su madre.

Su nombre es Mohammed Shohayet, un refugiado rohinyá de 16 meses cuya familia huyó, escapando de la violencia en Myanmar.

"Cuando veo la imagen, siento que preferiría morir", dijo el padre de Mohammed, Zafor Alam, a CNN. "No tiene sentido mi vida en este mundo".

La imagen tiene paralelismos con la del pequeño refugiado sirio Alan Kurdi, quien fue encontrado muerto en una playa de Turquía en septiembre de 2015, cuando trataba de huir de la guerra civil en su país.

Los conflictos que los dos niños dejaron atrás son diferentes, pero la desesperación de sus familias es demasiado familiar.

Los rohinyás son un grupo étnico musulmán de Myanmar y están considerados como una de las minorías más perseguidas del mundo. El gobierno de Myanmar los ve como inmigrantes bengalíes, a pesar de que llevan generaciones viviendo en el estado de Rakhine, en Myanmar.

"En nuestro pueblo, nos dispararon con armas de fuego desde helicópteros, y los soldados de Myanmar también abrieron fuego contra nosotros", dijo Alam. "No podíamos permanecer en nuestra casa. Huimos y nos ocultamos en la selva".

"Mi abuelo y abuela fueron quemados hasta la muerte", agregó. "Todo nuestro pueblo fue quemado por los militares. No queda nada".

"El ejército estaba buscando rohinyás"

Zafor Alam dijo que iban de pueblo en pueblo tratando de escapar de la violencia.

"Caminé durante seis días. No pude comer arroz en cuatro días. No pude dormir nada durante seis días", dijo. "Cambiamos constantemente nuestra ubicación mientras el ejército estaba buscando rohinyás".

Alam se separó de su familia durante el viaje y llegó al río Naf que se extiende entre Myanmar y Bangladesh. Dice que comenzó a nadar y fue recogido por pescadores de Bangladesh que lo llevaron al otro lado de la frontera.

Entonces, comenzó el proceso para llevar a su familia.

"Me puse en contacto con un barquero y le pedí que ayudara a mi esposa e hijos para que pudieran cruzar el río. Estaban esperando en el otro lado", dijo Alam.

"Llamé a (mi familia) el 4 de diciembre. Estaban muy desesperados por abandonar Myanmar", dijo Alam. "Fueron las últimas palabras que crucé con mi familia. Cuando estaba hablando con mi esposa por teléfono, podía oír a mi hijo pequeño llamando "Abba-Abba" (papá-papá)".

Apenas unas horas después de esa llamada telefónica, Alam dijo que su familia trató de escapar.

"Cuando la policía de Myanmar notó que las personas se preparaban para cruzar el río, abrió fuego", dijo Alam. "A toda prisa, el barquero subió a todas las personas a bordo para escapar de los disparos. El barco estaba sobrecargado. Luego se hundió".

Un día más tarde, el 5 de diciembre, se enteró de lo sucedido.

"Alguien me llamó y dijo que había encontrado el cuerpo sin vida de mi hijo", dijo Alam. "Tomó una foto de mi hijo con el teléfono móvil y me la envió. Me quedé sin palabras".

"Es muy difícil para mí hablar de mi hijo", agregó. "Mi hijo era muy cariñoso. En nuestro pueblo, todo el mundo lo quería".

"Sólo el río sabe"

La historia de la familia de Alam es familiar para muchas familias rohinyás que han llegado a la frontera con Bangladesh. La Organización Internacional para las Migraciones dice que unas 34.000 personas han cruzado la frontera en las últimas semanas y meses.

"Sólo el río sabe cuántos cadáveres de rohinyás están flotando allí", dijo Alam.

Ahora en el campo de refugiados de Leda en Teknaf, el sur de Bangladesh, Alam está lidiando con lo que sucedió.

"No me queda nadie. Mis dos hijos y mi esposa murieron. Todo ha terminado", dijo.

"También estamos sufriendo aquí en Bangladesh. No tenemos una casa para vivir. No hay comida. Las personas que llevan viviendo en el campo mucho tiempo nos han dado refugio".

Pero, al menos, es un respiro de la violencia.

"Nos acostumbramos a vivir en constante temor de perder la vida en Myanmar", dijo. "No tenemos temor en Bangladesh".

CNN no puede verificar independientemente la historia de Zafor Alam, ya que el acceso al norte del estado de Rakhine está todavía muy restringido.

En una respuesta escrita a CNN, Aye Aye Soe, portavoz del gobierno de Myanmar, ha calificado el testimonio de "propaganda" y "falso".

No obstante, confirmó que los helicópteros militares de Myanmar dispararon contra un pueblo rohinyá el 12 de noviembre, pero dijo que fue en una una misión de rescate para dispersar una "turba armada de los presuntos delincuentes y aldeanos colaboradores" que emboscaron a sus tropas.

El gobierno de Myanmar ha negado en repetidas ocasiones las acusaciones de violaciones a los derechos humanos, diciendo que solo están llevando a cabo "operaciones de limpieza" contra sospechosos de estar involucrados en un ataque contra la guardia de fronteras de Myanmar, el 9 de octubre.

Esta semana, el gobierno hizo un extraño anuncio de que investigaría la brutalidad policial después de que emergió un video que muestra a agentes golpeando a los aldeanos rohingyás.

"Nada ha cambiado"

En septiembre, el gobierno creó la Comisión Rakhine, encabezada por Kofi Annan, para estudiar los problemas de la región.

Zafor Alam dijo que la Comisión es una cortina de humo.

"La Comisión se ha formado para engañar a todo el mundo", dijo. "El ejército saca a la gente de las aldeas cuando la Comisión visita la zona".

"Cuando las elecciones se llevaron a cabo en Myanmar, pensé que la victoria de Aung San Suu Kyi sería beneficiosa para nosotros", dijo Alam. "Pero el sueño y la realidad son completamente diferentes. Desde que asumió el poder, nada ha cambiado. Seguimos siendo perseguidos".

"Aung San Suu Kyi y los militares quieren eliminar a los rohinyás en el estado de Rakhine. Ella niega las atrocidades cometidas por los militares", dijo.

Amnistía Internacional ha publicado un extenso informe que denuncia la "campaña sistemática de violencia" contra el pueblo rohinyá, que "puede equivaler a crímenes contra la humanidad." Aye Aye Soe dijo a CNN que esas afirmaciones "no tienen fundamento".

Hace poco, Aung San Suu Kyi se reunió con los ministros de Exteriores de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) en Yangon para discutir la situación. Dijo a los ministros que el Gobierno se ha comprometido a resolver los problemas en el estado de Rakhine, pero agregó que "el tiempo y el espacio son críticos para que los esfuerzos den sus frutos", según el diario estatal The Global New Light de Myanmar.

Pero Zafor Alam dijo que dar al Gobierno más "tiempo y espacio" sólo terminará en más derramamiento de sangre.

"Quiero que todo el mundo lo sepa", dijo. "El Gobierno de Myanmar no debe tener más tiempo.

Si tardan más en tomar medidas, van a matar a todos los rohinyás", advirtió.