(CNN) - La enemistad del presidente electo, Donald Trump, con la comunidad de inteligencia está teniendo tonos surrealistas a sólo dos semanas de su toma de posesión, aumentando el potencial de una inusual tensión con los principales espías de la nación cuando se mude a la Casa Blanca.

A menos que él cambie el curso, Trump llegará al cargo habiéndole dado más crédito a las opiniones del presidente ruso, Vladimir Putin, y al fugitivo de WikiLeaks, Julian Assange, que a las principales agencias de la inteligencia estadounidense.

Su desestimación de las evaluaciones de analistas estadounidenses de que Rusia se inmiscuyó en las elecciones de noviembre ya ha agriado sus vínculos con las principales agencias de espionaje de Estados Unidos. Sin embargo, su decisión de invocar a Assange, que ha filtrado algunos de los secretos más secretamente guardados de la nación, plantea preguntas sobre la influencia de Rusia en la política estadounidense y podría envenenar sus relaciones con agentes de inteligencia y algunos de los principales republicanos en el Capitolio.

Trump se defendió este jueves con un tuit: "A los medios de comunicación deshonestos les gusta decir que estoy de acuerdo con Julian Assange, lo que es equivocado. Simplemente declaro lo que él declara, y la gente... decidirá lo que es verdad. La prensa trata de hacerme parecer como a alguien que está en contra de la "inteligencia" ¡cuando en realidad soy un gran fanático de ellos!".

Pero esta pelea es, en última instancia, una batalla entre Trump, a quien nunca le gusta admitir que está equivocado, y las agencias de inteligencia que insisten en tener pruebas para respaldar sus conclusiones sobre la presunta operación electoral del Kremlin. La confrontación y las divisiones políticas que ha abierto, estuvieron en el centro del escenario este jueves, cuando el senador John McCain presidió una audiencia del Comité de Servicios Armados del Senado sobre ciberataques desde el exterior, que incluyó el testimonio del Director de Inteligencia Nacional, James Clapper.

"Esta es una lucha de poderes como nunca habíamos visto entre un presidente entrante y la comunidad de inteligencia", le dijo Rod Beckstrom, exdirector del Centro de Ciberseguridad Nacional, este miércoles a Brooke Baldwin, de CNN, en Newsroom. "En este caso, Trump lo hace ver muy claramente desde el primer día: "Soy el líder aquí, siéntense y escúchenme". Él está poniendo (a la comunidad de inteligencia) en una difícil posición.

Decisión extraordinaria

La decisión de Trump de citar a Assange fue extraordinaria.

Mientras el australiano es visto en algunas partes del mundo como un denunciante heroico, Assange es buscado por Washington por la publicación de cientos de miles de documentos relacionados con la guerra de Iraq y cables clasificados de Embajadas. Algunos funcionarios estadounidenses creen que sus revelaciones pusieron en peligro a las tropas estadounidenses desplegadas por el mundo. Se encuentra refugiado en la Embajada ecuatoriana en Londres desde el 2012 y regresó al ojo público este martes cuando fue puesta al aire una entrevista con Sean Hannity, de Fox News, uno de los más grandes seguidores de Trump en los medios.

La filosofía entera de Assange radica en perjudicar a Estados Unidos y sus gobiernos aliados. Eso es lo que lo hace tan impresionante que un presidente entrante estadounidense se salga de su camino para citarlo como una fuente creíble.

Trump difícilmente habría podido citar a una figura más radioactiva que ha estado tratando de insultar a la inteligencia estadounidense y al personal del Departamento de Estado que tuvo que lidiar con las consecuencias de una de las mayores fugas de información clasificada de la historia del país.

"Es triste cuando los políticos apuestan más por Vladimir Putin o Julian Assange que por los estadounidenses que arriesgan sus vidas diariamente para proporcionar un análisis de inteligencia objetivo y no partidista", dijo un funcionario de inteligencia estadounidense a CNN.

Esas opiniones son compartidas por muchos republicanos.

"En el mundo de Julian Assange, somos los malos", le dijo a CNN este miércoles el senador por Carolina del Sur Lindsey Graham. "No son los iraníes, ni los rusos, ni los norcoreanos".
Y agregó: "Tienes que recordar quién es este tipo".

La serie de tuits de Trump sobre WikiLeaks no fue su único golpe a los jefes de espionaje estadounidenses. Este martes se quejó de que un informe programado que él mismo había solicitado sobre el presunto hackeo ruso se había retrasado hasta el viernes. "Tal vez se necesita más tiempo para construir un caso, ¡muy extraño!", tuiteó Trump.

Los jefes de la agencia de inteligencia dijeron que la reunión con el director de la CIA, John Brennan, y James Clapper, director de Inteligencia Nacional, nunca debía tener lugar antes del viernes.

Desconexión

La enemistad ya plantea preguntas sobre hasta qué punto la desconexión entre el próximo presidente y la comunidad de inteligencia, que está en el punto de equilibrio de todo lo que el gobierno de Estados Unidos hace en el mundo, podría perjudicar la seguridad del país.

"Miramos esta realidad en la cara: el presidente de Estados Unidos favorece a Putin y le cree más a Julian Assange que a la CIA. El 20 de enero estaremos menos seguros", dijo George Little, un exportavoz de la CIA, en Twitter.

El representante Adam Schiff, el demócrata líder en el Comité de Inteligencia de la Cámara, dijo que los pronunciamientos de Trump eran alarmantes.

"El hecho de que ahora cite a personas como Assange, que han demostrado una hostilidad universal hacia Estados Unidos y sus intereses, lo lleva a un territorio nuevo y aún más traicionero", dijo en un comunicado.

"Con cada tuit cargado de teorías conspiracionistas y de comentarios erráticos e improvisados, el presidente electo daña nuestra seguridad nacional, mientras plantea nuevas preocupaciones acerca de su capacidad para llevar a cabo su trabajo".

El expresidente del Comité de Inteligencia de la Cámara Mike Rogers, un republicano que es actualmente analista en CNN, dijo que Trump necesita someterse a un "proceso de maduración".

"Va a necesitar de la CIA y la CIA va a necesitar de él", le dijo a Jim Sciutto de CNN en The Lead.

Los asistentes en el Capitolio dicen que los legisladores republicanos expresan en privado su incredulidad ante la insistencia de Trump en privilegiar a Rusia sobre la comunidad de inteligencia estadounidense. Todo lo que han visto apunta a la responsabilidad del Kremlin en la intromisión en las recientes elecciones, dicen los asistentes, y añaden que los republicanos esperan que Trump cambie de opinión.

El distanciamiento entre Trump y la CIA y otras agencias representa una estrategia poco ortodoxa, incluso para Trump.

Una teoría que podría explicar su comportamiento es su extrema sensibilidad hacia cualquier sugerencia de que su triunfo electoral de noviembre no fue legítimo. Él parece ver el debate sobre el papel de Rusia a través de ese prisma, y sus ayudantes han intentado repetidamente presentar esa noción como una trama de los demócratas para perjudicarlo.

Algunos funcionarios de la comunidad de inteligencia creen que la hostilidad de Trump podría estar basada en un malentendido.

"La comunidad de inteligencia no está diciendo que Vladimir Putin le hizo ganar las elecciones a Trump", dijo un funcionario este miércoles a CNN. "Estamos diciendo que hicieron una serie de cosas para sembrar dudas y algunas personas piensan que los rusos querían que Trump ganara, pero nadie ha dicho nunca que violaron la mecánica de las urnas".

De persistir este distanciamiento, la disputa entre el presidente electo y los agentes de inteligencia a los que pronto comandará también podría tener un impacto corrosivo en los analistas y agentes que hacen el trabajo más secreto de Estados Unidos. Habrá temores por la moral, especialmente entre aquellos que llevan a cabo misiones encubiertas en escenarios extranjeros hostiles con la sola promesa de una estrella en el muro conmemorativo de la CIA por si resultan muertos.

El analista de Inteligencia de CNN Phil Mudd, quien trabajó en la contrainteligencia de la CIA, advirtió que Trump se arriesgó gravemente dañando su credibilidad.

"¿Quién comienza una relación laboral despreciando a toda la fuerza de trabajo?", se preguntó Mudd.

Pamela Brown, Jim Sciutto, Nicole Gaouette, Shimon Prokupecz y Jim Acosta, de CNN, contribuyeron en este artículo.