Washington (CNN) – El presidente de Estados Unidos Donald Trump se sumergió en los temas de política comercial este lunes, al firmar varios decretos con los que retiró a su país del Acuerdo Transpacífico, promulgó una congelación en las contrataciones federales (excepto para los militares) y restableció la “política de Ciudad de México” sobre fondos para el aborto (una directriz que impide a las ONG que reciben fondos del gobierno hacer actividades relacionadas con promover el aborto en otros países).

Al realizar estas acciones, está utilizando su “poder ejecutivo”: una serie de amplias, pero vagas, prerrogativas otorgadas al presidente de Estados Unidos en el segundo artículo de la Constitución.

Todos los presidentes, desde George Washington, han usado sus poderes ejecutivos de una u otra manera y unos más que otros.

El predecesor de Trump, Barack Obama, usaba ávidamente estos poderes. Siguió una larga tradición de presidentes que apelaron a movimientos unilaterales para evitar legisladores reticentes.

Estos son algunos de los datos relevantes sobre el alcance que pueden tener los decretos del presidente Trump: lo que puede lograr con ellos y lo que no.

Decreto

Un decreto es un documento oficial firmado por el presidente, en el que declara una política de gobierno. Con esta medida, un presidente les da instrucciones a las agencias y departamentos de la administración sobre cómo operar en un asunto determinado.

El decreto es jurídicamente vinculante y se registra en el diario oficial del gobierno, el Federal Register. Cada uno de estos documentos tiene un número propio que le es asignado.

Sin embargo, los decretos no pueden revertir una ley aprobada en el Congreso. Con un alcance limitado, su efecto no es tan extenso como el de una decisión legislativa.

Pero el presidente Trump sí puede anular cualquiera de los decretos expedidos por Obama, así como el sucesor del magnate podrá hacerlo con aquellos que el actual mandatario firme durante su tiempo en la Casa Blanca.

¿Cómo se aplica esto en la práctica?

El presidente Obama usó un memorándum para empezar a aplicar la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, una política que buscaba que quienes fueron llevados a Estados Unidos siendo niños pudieran salir de las sombras.

Si bien Obama no les podía dar la ciudadanía y otorgarles una situación legal permanente sin la aprobación del Congreso, sí les dio temporalmente una condición de legalidad. Ahora, el presidente Trump podría fácilmente anular esta política.

Es una medida de doble vía entre los republicanos y demócratas. Por ejemplo, durante sus primeros días en el cargo, el presidente Obama echó para atrás la prohibición contra las investigaciones que usaban células madres, una decisión que había sido implementada con un decreto del mandatario anterior George W. Bush.

¿Con qué frecuencia se utilizan los decretos?

El número de decretos expedidos por un presidente y otro varía. Obama firmó 277 documentos de este tipo durante sus dos gobiernos en la Casa Blanca. George W. Bush emitió 291, Bill Clinton 364 y Ronald Reagan 381.

La mayor cifra, hasta ahora, la ostenta Franklin D. Roosevelt con 3.721 decretos expedidos en los 12 años de su mandato.

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¿Cuál es la diferencia entre un decreto y una acción ejecutiva?

Una acción ejecutiva es un término más amplio, pues incluye todos los tipos de decisiones unilaterales que tome un presidente. Así que puede incluir decretos, proclamaciones, memorándums y proposiciones.

Ahora, los decretos tienen un peso legal que puede variar. Las directrices y los memorándums, que se usan para informar a las agencias federales sobre una política administrativa, tienen el mismo efecto legal que un decreto, según una declaración que hizo el Departamento de Justicia de Estados Unidos en 2009.

Pero las proclamaciones son más ceremoniales y usualmente no conllevan ningún peso legal.

Las acciones ejecutivas suelen ser polémicas, pues como la Constitución no específica los términos de cuándo o cómo deben usarse, por lo general son para enfrentar desafíos legales.

¿Cómo se usan las acciones ejecutivas?

El presidente Obama utilizó algunos de los otros tipos de acciones ejecutivas con mayor frecuencia que los decretos. Los memorándums presidenciales no siempre son de conocimiento público e influyen en las políticas de una manera menos abierta que los decretos. El exmandatario usó los memos para extender beneficios federales a parejas del mismo sexo, por ejemplo. El diario The Washington Post registró muchas de sus acciones como opuestas a sus órdenes.

Y Trump podría anular fácilmente alguna de estas decisiones. De hecho, empezó revirtiendo el decreto de Obama que había cancelado la política de George W. Bush. El movimiento de Obama permitió que Estados Unidos financiara algunos grupos internacionales que usaron fondos no estadounidenses para proveer abortos. Trump lo prohibirá.

El Congreso puede inmiscuirse en la autoridad ejecutiva del presidente al restringir el financiamiento de ciertos programas o al expedir una ley que explícitamente prevenga la ejecución de un decreto.

Además, cada presidente tiene la autoridad de cancelar las acciones ejecutivas que los mandatarios anteriores hayan expedido.

Sin embargo, los decretos y las demás acciones ejecutivas empalidecen al lado de las leyes aprobadas por el Congreso.

A diferencia de las acciones ejecutivas, una ley empieza en el Congreso como un proyecto, que es avalado por la Cámara de Representantes y el Senado y que después firma el presidente.

Los mandatarios han dicho recurrentemente que prefieren gobernar a través de la legislación, pues las leyes aprobadas por el Congreso tienen un alcance mayor y cuentan con más oportunidades de permanecer en el tiempo, pues los presidentes siguientes no pueden abolirlas unilateralmente.

Las leyes también requieren que más funcionarios electos la firmen para poder pasar, lo que significa que el presidente no es el único propietario político de ninguna ley.

Aún así, por su diseño a las leyes les cuesta mucho trabajo ser aprobadas. El partido minoritario en el Capitolio puede detener prácticamente cualquier iniciativa a la que se oponga. Además, los grupos de interés pueden dirigirse a los legisladores para influir en sus votos. La planeación y el cabildeo de una legislación puede tomar años hasta que se encuentre el momento indicado para aprobarla. Mientras que las acciones presidenciales, aunque son temporales y limitadas, se pueden expedir con el golpe de una firma.