(CNN) - La historia de cómo fue que cinco científicos belgas descubrieron uno de los más extraordinarios sistemas planetarios —y lo bautizaron con el nombre de su cerveza favorita— es una historia de ingenio, persistencia y suerte.

TRAPPIST-1 es el nombre del sistema con siete planetas del tamaño de la Tierra que orbitan alrededor de una estrella diminuta, que “solo” está a 40 años luz de distancia. Tres de esos planetas están en la zona habitable de su estrella, lo que hace posible que puedan tener fuentes de agua líquida en su superficie y, por ello, albergar vida.

Los investigadores también llamaron a cada exoplaneta —aquel que orbita estrellas afuera de nuestro sistema solar— con los nombres de algunas de las cervezas trapistas o trapenses que llevan siglos fabricándose en Bélgica, como Rochefort, Orval y Westvleteren. Todas ellas comenzaron siendo producidas por monjes en pequeñas abadías, hace varios siglos.

“La gente lo recuerda muy bien porque (el nombre) es muy peculiar y está relacionado con un proyecto belga”, dice el astrónomo Emmanuel Jehin.

Las botellas de cervezas trapistas y los afiches de los exoplanetas están orgullosamente expuestos dentro de las modestas oficinas de los miembros del equipo de científicos en la Universidad de Lieja. Una pequeña “sala de mando” con cuatro computadores es usada para monitorear sus telescopios a miles de kilómetros de distancia, en Chile y Marruecos.

Jehin y su compañero de equipo y también astrónomo Michaël Gillon hablan con pasión de los secretos del nuevo sistema TRAPPIST.

“Incluso en la época de Isaac Newton, tenían algunas creencias de que existían extraterrestres alrededor de otras estrellas, pero era solo especulación”, dice Gillon. “Hemos especulado por siglos. Ahora, vamos a entrar en el reino de las respuestas científicas para esas preguntas específicas. Eso es lo que hace que esto sea tan emocionante”.

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Encontrando los exoplanetas del TRAPPIST

Los estudios teóricos sugieren que hay diminutas estrellas extremadamente frías que simplemente eran muy pequeñas para orbitar alrededor de los planetas del tamaño de la Tierra. La mayoría de los astrónomos se han enfocado, en cambio, en cómo las estrellas tienen aproximadamente el tamaño del sol. Antes, los exoplanetas habían sido encontrados orbitando alrededor de estrellas masivas, lo que hacía que fuera imposible estudiarlos en profundidad con la tecnología actual.

Gillon cuestiona esas teorías y preparó sus telescopios para que estudiaran estrellas diminutas y súper frías. Cree que la clave para encontrar planetas que los científicos puedan estudiar pasa por ese tipo de estrellas porque son más pequeñas, cercanas y fáciles para buscar vida.

Es 80 veces más fácil estudiar esos planetas porque proyectan una sombra en su estrella, similar a como se vería Júpiter en frente de nuestro sol.

El siguiente paso era asegurar la financiación. Para los astrónomos, el “tiempo del telescopio” es un tiempo muy valioso.

Necesitan mucho tiempo para observar las estrellas y explorar las caídas de luz que puedan indicar la presencia de un exoplaneta. Uno de los mejores lugares para explorar los cielos es el Desierto de Atacama, en Chile, donde se ubican varios observatorios de renombre por sus elevadas altitudes, cielos despejados y poca contaminación lumínica.

“Es muy difícil tener tiempo en Chile porque hay cientos de astrónomos peleando por esa zona”, dice Jehin. “Tuvimos la loca idea, en ese momento, de construir nuestro propio telescopio... tienes que tener agallas para hacer eso”.

Gillon y Jehin consiguieron 635.000 dólares de la Fundación Nacional de Ciencia en Bélgica y la Universidad de Lieja para sus dos telescopios TRAPPIST, uno en Marruecos y otro en Chile. Construir cada telescopio les tomó un año.

TRAPPIST era un proyecto prototipo pensado para buscar exoplanetas mientras Gillon y Jehin conseguían más fondos para construir telescopios robóticos más potentes. Ambos dicen que esperaban, pero realmente nunca pensaron encontrar algo significativo usando el prototipo.

Sin embargo, manipularon los telescopios diligentemente, a miles de kilómetros de distancia, desde Bélgica.

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“Así es como funciona la ciencia en el siglo XXI”, dice Gillon. “No tienes que estar en un lugar mirando a través de tu telescopio. Es robótico, puedes incluso controlarlo desde un iPhone y ver los resultados en tu iPad. Realmente puedes acceder a la información desde cualquier lugar del mundo”.

Durante cinco años, la búsqueda solo arrojó falsos positivos. Pero un día, increíblemente, Gillon descubrió el primer exoplaneta TRAPPIST, mientras estaba sentado en su sofá, en casa.

“Vi un descenso de luminosidad, que era un claro indicio de que algo había pasado frente a la estrella”, dice Gillon. “Mi esposa ya estaba durmiendo, mi hija se había ido a la cama y le dije: ‘Hey, mira, es un planeta del tamaño de la Tierra’. Ella no estaba impresionada, para nada, porque era solo un gráfico”.

Con desespero, Gillon llamó a Jehin, emocionado pero también cauteloso por la posibilidad de otro falso positivo. Pero el equipo no solo confirmó el hallazgo de Gillon, sino que durante el año siguiente, descubrió la asombrosa cifra de otros seis exoplanetas que orbitaban muy cerca de la misma estrella.

“Soñaba con un planeta, así que cuando vimos dos era algo loco; cuando fueron tres, la locura era total... y de repente, en el 2016, fueron cuatro, cinco... wow, era fantástico, era como un sueño”, dice Gillon. “Es como una broma cósmica”.

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Michaël Gillon y Emmanuel Jehin, científicos belgas que descubrieron los siete nuevos exoplanetas.

En el horizonte

Aunque el equipo estaba emocionado, necesitaban mantener en secreto el descubrimiento. Si se les hubiera escapado algo, otros astrónomos hubieran podido comenzar a husmear alrededor de su estrella antes de que la investigación estuviera completa.

“Durante muchas semanas, se mantuvo entre nosotros y tal vez otras dos personas”, explica Jehin. “Es muy difícil guardar un secreto, porque quieres hablar. Estábamos más preocupados por filtraciones en nuestro equipo”.

“Pero (Jehin) es un tipo muy paranoico. Yo no soy tan ansioso”, bromea Gillon.

Una vez que el descubrimiento fue publicado, en febrero pasado, la imaginación popular se avivó rápidamente.

El pequeño sistema solar, que no es más grande que Júpiter y sus lunas, ha inspirado ya un doodle de Google, un afiche de la NASA, experiencias de realidad virtual, historias de ciencia ficción, caricaturas, canciones y pinturas. Incluso, ya existe un video juego al respecto.

“Para un adicto a la ciencia ficción, es un sistema maravilloso”, dice Jehin. “Puedes imaginar vida en diferentes planetas, viajando de un planeta a otro, hablándoles a cada uno de ellos”.

“Es frustrante no ver el planeta, pero podemos usar la imaginación para llegar allá”, agrega Gillon.

Los nuevos telescopios, que son más grandes, llamados SPECULOOS (por Búsqueda de planetas habitables que eclipsen estrellas súper frías o Search for habitable Planets EClipsing ULtra-cOOl Stars, en inglés), recibieron ese nombre por una famosa galleta belga y ahora ahora explorarán 1.000 de las diminutas y heladas estrellas que están más cerca, en búsqueda de más sistemas como TRAPPIST.

En los meses que vienen, cuatro nuevos telescopios, cada uno con un costo de un millón de dólares, serán puestos en marcha en Chile.

Jehin y Gillon también se enfocarán en el sistema que ya encontraron. Con tecnología más nueva y más sofisticada, tratarán de determinar si alguno de los planetas que acaban de ser descubiertos tiene atmósferas como la de la Tierra e intentarán detectar moléculas que puedan significar vida como agua, carbono y metano.

“Todavía no sabemos si son habitables”, dice Gillon. “No sabemos qué esperar, pero estamos llenos de teorías. Pero como digo, las teorías suelen estar equivocadas. Recibiremos muchas sorpresas en los próximos años”.