Nota del editor: Nota del editor: Gayle Tzemach Lemmon es integrante del Consejo de Relaciones Exteriores y autora de "Ashley's War: The Untold Story of a Team of Women Soldiers on the Special Ops Battlefield" (La guerra de Ashley: La historia no contada de un equipo de mujeres soldado en el campo de batalla de las fuerzas especiales). Las opiniones expresadas en esta columna son de su propia responsabilidad.

(CNN) - Fotos de pequeños con pasadores en el pelo, cuerpos flácidos y casi sin vida envueltos en pañales, colgando de los brazos extendidos de un ser querido. Niños de cabello rizado escondidos debajo de grises mantas médicas con máscaras para proteger sus rostros. Niños que pasan trabajos para respirar mientras que el personal médico pone nebulizadores sobre sus bocas e intentan que sus sus sistemas respiratorios vuelvan a funcionar.

Estas son las imágenes que salen hoy de de Siria. Imágenes que capturan la atención del mundo y demandan que sus espectadores sientan su horror. Y lo peor es que hemos visto imágenes como estas muchas veces antes. Lo diferente ahora es que la guerra está entrando en su sexto año, y la respuesta dependerá del gobierno de Trump.

Gayle Tzemach Lemmon

Durante años, el personal médico, los activistas y los asesores políticos del gobierno de Barack Obama hablaron sobre ataques químicos y de cómo el régimen de Bachar al Asad los estaba desatando contra civiles (niños, mamás, papás, cualquiera en las regiones ocupadas por la oposición). Y, durante años, el mundo ha hablado de lo horribles que son, se aprobaron resoluciones en contra de su barbarie e incluso se habló de "líneas rojas", aunque en realidad no se ha hecho mucho para detenerlos.

Pregúntale a los médicos en la Sociedad Médica Sirio Estadounidense (SAMS, por sus siglas en inglés) y ellos te dirán que esto es totalmente predecible, y que ha estado sucediendo a plena vista. Hace más de un año, SAMS publicó un informe titulado "Una Nueva Normalidad: los continuados ataques con armas químicas en Siria". Su frase inicial era: "El uso de armas químicas es ilegal e inmoral, pero ha ocurrido en Siria con impunidad durante los últimos tres años".

Y los médicos y activistas apenas han podido documentar el uso sostenido de ataques químicos contra civiles. Las Naciones Unidas encontraron evidencia de "ataques de gas cloro contra civiles" por parte de la fuerza aérea siria entre el 2014 y el 2015. (El ejército sirio dijo que no era el responsable de la carnicería de este martes).

Pero ahora estas imágenes han obligado al mundo a enfrentarse a otro momento, uno más, de decisión mientras la guerra civil siria se extiende ya por la segunda mitad de una década. Puede que los ataques no sean nuevos, pero las más recientes imágenes que documentan su salvajismo los hacen mucho más difíciles de ignorar.

¿Cuántas imágenes de niños luchando por sobrevivir tras un ataque químico puede soportar el mundo? En este momento, la respuesta es muchas. ¿Esa respuesta cambiará en los próximos días, o serán menos molestas para la Casa Blanca de Trump las opciones limitadas y completamente difíciles que el gobierno de Obama investigó, debatió y analizó sobre cómo enfrentar al régimen de Bachar al Asad?

"El ataque químico de hoy en Siria contra personas inocentes, entre ellos mujeres y niños, es reprochable y no puede ser ignorado por el mundo civilizado", dijo el presidente Trump en un comunicado. "Estados Unidos está con nuestros aliados en todo el mundo para condenar este intolerable ataque".

Pero más allá de condenar el ataque, ¿qué hará? La declaración de Trump atribuyó la culpa a la Casa Blanca de Obama, afirmando que estas "acciones atroces del régimen de al Asad son una consecuencia de la debilidad e irresolución del pasado gobierno".

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresó su condena al ataque con químicos del martes pasado en Idlib. (Crédito: Olivier Douliery-Pool/Getty Images)

Y ahí está el reto: el mismo Trump tuiteó en más de una ocasión que atacar al régimen de al Asad no traería "ningún beneficio y (en cambio sí) tremendas desventajas". ¿Ha evolucionado su pensamiento sobre Siria? Si es así, ¿qué opciones en ese sentido hay sobre la mesa?

El portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, señaló que "el cambio de régimen no es una opción fundamental", sólo días después de que la embajadora estadounidense en las Naciones Unidas, Nikki Haley, dijera en una conferencia de prensa que "nuestra prioridad ya no es sentarnos y concentrarnos en derrocar a al Asad".

La Casa Blanca habla ahora de explorar opciones y no "telegrafiar" decisiones mientras Estados Unidos mantiene "más discusiones alrededor del mundo con nuestros aliados en cuanto a la acción apropiada". En otras palabras, hay que permanecer atentos.

Los funcionarios del gobierno de Obama están muy en desacuerdo con la politización de la Casa Blanca de Trump sobre el papel de Estados Unidos en la barbarie de Siria, pero dicen que el mundo ha dejado durante años a al Asad atacar a su pueblo sin controles ni consecuencias a la vista. Además, aseguran que las recientes declaraciones de la Casa Blanca de Trump sobre cambiar la política de EE.UU. con respecto a la permanencia o no del presidente sirio en el poder ha ayudado a construir un halo de impunidad.

"No es chocante, es predecible. Eso es lo que hace el régimen: escalar las acciones cuando no hay respuesta", asegura Wa'el Alzayat sobre el ataque químico del régimen. Alzayat, exasesor político de la embajadora de Estados Unidos en las Naciones Unidas, Samantha Power, ayudó a dirigir el esfuerzo estadounidense para establecer el mecanismo de investigación conjunto que buscaba identificar a los fabricantes de las armas químicas utilizadas en Siria.

También abogó por una mayor intervención de Estados Unidos en el conflicto sirio mientras trabajaba en el gobierno de Obama. "El régimen ha probado metódicamente la resolución de la comunidad internacional en cada paso de este conflicto. Eso se puede ver desde los primeros días de la revolución y la escalada de violencia se basa en la falta de respuesta de la comunidad internacional. Primero fue el uso de los morteros, luego siguieron los bombardeos, luego los misiles y, ahora, las armas químicas".

Alzayat afirma: "Esto es simple. Hasta que no haya un elemento de disuasión creíble, seguirá ocurriendo".

Los excolegas de Alzayat en el Departamento de Estado habían defendido un acuerdo negociado para el fin de la guerra civil siria, una guerra tan sangrienta y a la que ya no le faltan adjetivos para describir su infierno. Además, el secretario de Estado, Rex Tillerson, emitió una declaración en la que recalcó en la condena estadounidense del ataque con armas químicas.

"Está claro que así es como opera Bachar al Asad: con una brutal y descarada barbarie", dijo Tillerson. "También está claro que este horrendo conflicto, ahora en su séptimo año, exige un auténtico alto el fuego y las partes tienen que asegurar su cumplimiento". Invitamos a Rusia e Irán, una vez más, a ejercer su influencia sobre el régimen sirio y garantizar que nunca vuelva a ocurrir este tipo de atentado terrorífico, ya que los autoproclamados garantes del alto el fuego negociado en Astana (Rusia e Irán) también tienen una gran responsabilidad moral por estas muertes".

Sin embargo, a medida que Estados Unidos se pronuncia y presiona para poner fin a la guerra civil, el gobierno de Trump se encuentra con todas las limitaciones políticas que enfrentó su predecesor. No se sabe aún si se va a tratar con ellos de manera diferente. Lo que está claro es que las opciones ya limitadas que enfrentó el gobierno de Obama se han reducido aún más desde que Trump asumió el poder y que, para Estados Unidos, la lucha contra ISIS sigue teniendo prioridad, como fue durante la época de Obama.

Por lo tanto, mientras la comunidad internacional habla y trabaja por un acuerdo para ponerle fin a la guerra civil, la desgarradora batalla continúa. Y si las cosas se desarrollan tal como temen Alzayat y otros, el mundo deberá prepararse para mirar más imágenes horrorosas.

No importa cuán fuertes sean las palabras de la comunidad internacional hoy, pues no ayudarán a los niños a sobrevivir al siguiente ataque químico que caiga sobre su vecindario, a menos que estas conduzcan a un final real y duradero de la guerra en Siria.