Nota del editor: John D. Sutter es columnista de CNN Opinion y se enfoca en cambio climático y justicia social.

(CNN) - El presentador de Fox News Chris Wallace planteó hace unos días una de las preguntas más importantes que le hayan hecho al gobierno de Donald Trump durante sus primeros 100 días en el poder.

“Una pregunta simple: ¿qué pasa si está equivocado?”, dijo este domingo.

La pregunta de Wallace, corta pero fundamental y contundente, estaba dirigida a Scott Pruitt, director de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés).

El contexto era el cambio climático.

¿Qué pasa si usted está equivocado y la contaminación por dióxido de carbono —producida por quemar combustibles fósiles— realmente es el motor principal del calentamiento global? Después de todo, eso es lo que asegura el consenso prácticamente generalizado de científicos climáticos.

A principios de marzo, Pruitt respondió a ese punto, al afirmar que no está de acuerdo en que la contaminación por dióxido de carbono sea “el principal contribuyente del calentamiento global que estamos viviendo”.

“Señor Pruitt, existen varios tipos de estudios que lo contradicen”, le dijo Wallace. “El Panel sobre Cambio Climático de la ONU dice que hay al menos un 95% de probabilidades de que más de la mitad del aumento de la temperatura global registrado desde mediados del siglo XX se deba a actividades humanas. Nuestra Administración Nacional Oceánica y Atmosférica dice que ahora hay más dióxido de carbono que en los 400.000 años anteriores, y afirma que el 2015 y el 2016 han sido los dos años más calientes de toda la historia”.

Y continúa: “Señor Pruitt, ¿se supone que tenemos que creer que todo esto es una coincidencia?”.

“¿Qué sucede si, de hecho, la Tierra se está calentando? ¿Qué pasa si está causando un dramático cambio climático y si nosotros, como humanos, estamos contribuyendo a que así sea a través de las emisiones de carbono?”, se preguntó Wallace.

“Es una pregunta sencilla: ¿qué pasa si usted está equivocado?”.

Scott Pruitt, director de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos.

“Mire, déjeme decirle que el CO2 (dióxido de carbono) contribuye a las emisiones de gases, tiene un efecto invernadero y sobre el calentamiento global”, le respondió Pruitt. “El problema es cuánto contribuimos nosotros desde una perspectiva de actividades humanas y qué podemos hacer al respecto desde nuestra mirada, Chris”.

Wallace contraatacó: “¿Pero no cree que el hecho de que tengamos esas plantas eléctricas de carbón expulsando carbón al aire, no cree que eso juega un papel?”.

En lugar de contestarle, Pruitt habló de cómo supuestamente Estados Unidos ha estado quemando carbón “de manera limpia”.

Pero el carbón no es limpio. Contribuye a la contaminación que está relacionada con varias muertes, así como al calentamiento global. Es más sucio que el gas natural, por ejemplo. La primera “planta limpia” de carbón de Estados Unidos fue inaugurada en enero pasado, según el diario The Washington Post, pero hay serias dudas sobre su tecnología —diseñada para aislar la contaminación producida por el dióxido de carbono— y su rentabilidad.

Pero bueno... no estoy aquí para hacer un chequeo de los datos de Pruitt. Muchísimos periodistas ya lo han hecho. En cambio, quiero hablar de Wallace y su increíble pregunta. Porque es una pregunta que puede cambiar la opinión que los estadounidenses —47% de los cuales dicen que el calentamiento global es natural o no están seguros de sus causas— tienen sobre la crisis del clima.

Sé que eso es verdad porque esta semana hablé con Jerry Taylor, un hombre que se convirtió de escéptico a creyente climático.

Y esa simple pregunta ayudó a que se replanteara lo que piensa al respecto.

Taylor es el presidente del Centro Niskanen, que aboga por un impuesto al carbono como solución conservadora a la crisis del clima. Pero antes de llegar a ese cargo estuvo 23 años en el Instituto CATO, un centro de pensamiento libertario, donde defendió acercarse al tema haciendo más estudios e investigaciones, pero tomando menos acciones. Una posición no muy lejana de la del gobierno de Trump, que aparentemente está tratando de inyectar dudas engañosas sobre la ciencia climática, como manera de justificar sus recortes a las regulaciones contra la contaminación.

El embalse Los Laureles suministra agua potable a casi un millón de habitantes de Tegucigalpa. Honduras ocupa el lugar 124, entre 181, del listado de países más vulnerables al cambio climático según una investigación de la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos. (Crédito: ORLANDO SIERRA/AFP/Getty Images).

Lo que Taylor creía sobre el escepticismo climático colapsó por unos pocos argumentos, según me contó. Pero la pregunta de “qué pasaría si” fue fundamental. Taylor me contó que después de ir a un programa de televisión por cable para promover el escepticismo climático, el invitado contrario lo presionó para releer el testimonio que el científico climático James Hansen, exdirector del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, dio ante el Congreso en 1988.

Las tres conclusiones principales de Hansen, hace 30 años, fueron:

1. La Tierra está más caliente en 1988 que en cualquier otro momento de la historia, desde que se mide la temperatura.

2. El calentamiento global es ahora lo suficientemente fuerte como para atribuirle una relación causa-efecto sobre el efecto invernadero.

3. Nuestras simulaciones climáticas computarizadas muestran que el efecto invernadero es ya lo suficientemente grande como para afectar la probabilidad de eventos extremos como olas de calor.

“Eso me sacudió bastante”, me explicó Taylor.

Se dio cuenta que había tergiversado y falseado la investigación de Hansen. Y empezó a preguntarse por los riesgos de no actuar al respecto.

Si existe incluso una pequeña probabilidad de que expertos mundiales como Hansen estén en lo correcto (97% de los científicos climáticos del mundo dicen que los humanos somos los mayores responsables del calentamiento global, según investigaciones revisadas previamente), entonces el mundo está en serios problemas, sobre todo a largo plazo.

Los científicos dicen que si la sociedad no hace nada al respecto y sigue quemando combustibles fósiles, nos esperan sequías muy intensas, olas de calor letales, extinción masiva de especies y aumento del nivel de los mares, todo lo cual, como Taylor mismo lo reconoció, hundiría a la mitad del estado de la Florida, así como muchas otras ciudades costeras.

No es un problema de si puede suceder, sino de cuándo.

Y sabemos que entre más contaminemos, más riesgos tenemos de que eso suceda. Además, hacer la transición de los combustibles fósiles trae una serie de beneficios colaterales, desde respirar un aire más limpio hasta tener una economía más fuerte y moderna.

¿Todavía no te convence nada de esto?

¿No crees que sea un gran problema?

Pregúntate a ti mismo: ¿qué pasa si estás equivocado?