Nota del editor: Juliette Kayyem, analista de seguridad nacional de CNN, es la autora del best seller 'Security Mom: An Unclassified Guide to Protecting Our Homeland and Your Home'. Es profesora en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de Harvard, antigua subsecretaria del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos y fundadora de Kayyem Solutions, una firma de consultoría de seguridad. Las opiniones expresadas en este artículo son de su propia responsabilidad.

(CNN) - La esquiva búsqueda de una "Doctrina Trump" en asuntos exteriores se hizo más urgente luego de que el presidente de Estados Unidos autorizara el lanzamiento de un ataque con misiles en Siria en respuesta al aparente uso de armas químicas por parte del mandatario Bashar al Assad contra su pueblo.

Se ha dicho que las imágenes de niños esforzándose por respirar y muriendo en los brazos de sus padres han hecho que Trump, que llegó al poder en una doctrina aislacionista de "Estados Unidos primero", reaccione.

Es posible que Trump estuviera tan conmovido por las imágenes que los ataques fueron simplemente una respuesta emocional a una indignación moral. Pero las emociones del presidente no son una estrategia, y las fuerzas de Estados Unidos no pueden alinearse con lo que lo hace, o con lo que lo conmueve.

Juliette Kayyem

Nuestro papel es actuar de manera que se equilibren las razones de nuestra acción contra las consecuencias que se producirán cuando otras naciones, igualmente orgullosas, desafiantes y poderosas, respondan. Y aunque las respuestas inmediatas al ataque fueron abrumadoramente positivas, y en algunos casos aduladoras, la niebla de la guerra tiende a levantarse. En una muestra de desafío, Siria ya ha comenzado a utilizar el mismo aeródromo que el ejército estadounidense impactó. Rusia ha tomado medidas para retirarse de la inestable pero importante alianza con Estados Unidos para combatir a ISIS, y los estadounidenses han reducido los ataques aéreos contra el grupo yihadista, mientras espera cuál será la respuesta rusa.

Como nación, nunca debe confundir el éxito operacional (¿se cumplió la misión?) con el éxito estratégico (¿se cumplieron nuestros objetivos?). No hay duda de que los ataques a la base aérea siria fueron un éxito, pero con todo el debido respeto, debemos esperar. Lanzar misiles contra un aeródromo expuesto es un ejercicio familiar. Pero lo que todavía no sabemos es cómo esa acción encaja en una política más amplia, ya sea que señale una nueva Doctrina Trump o algo menos.

En otras palabras, ¿por qué bombardeamos Siria? Las explicaciones han variado: fue simplemente porque se quería enviar un mensaje, sirvió para poner una marca, para que Estados Unidos afirmara un estándar moral, o para asustar a Al Assad. También pudo haber sido un giro hacia el legado de Obama, cuya prédica siempre fue ponerle fin al reinado del mandatario sirio.

Esas son muchas opciones y la falta de disciplina en la comunicación por parte del equipo de Trump (desde la fuerte sugerencia de Nikki Haley, la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, según la cual Al Assad debe irse, hasta el pronunciamiento del secretario de Estado, Rex Tillerson, de que luchar contra ISIS sigue siendo nuestra mayor prioridad), es menos una señal de agentes libres que expresan sus expresiones y más una muestra de que incluso los consejeros más cercanos de Trump no conocen el plan del juego.

Mientras el secretario Tillerson dice una cos sobre la Siria, la embajadora ante la ONU dice otra.

Sin un plan, reina la incertidumbre. Los rebeldes sirios y los aliados árabes ya están presionando al gobierno de Trump para que haga más, lo que requerirá una cierta expectativa establecida por Estados Unidos una vez que se entienda el propósito de los ataques. Siria, Rusia e Irán se burlan de estos. Y China, cuyo presidente estaba en Mar-a-Lago cuando se autorizó la misión, pero que ahora ha vuelto a casa, ha criticado la iniciativa desde entonces.

Esto es desconcertante, por decir lo menos. Pero también es descuidado. No hay nada malo en que las misiones militares tengan múltiples propósitos, pero el fracaso en tener una sola "teoría del caso" parece ser el resultado de que no haya teoría.

Si, por ejemplo, el esfuerzo en contra de ISIS sigue siendo de importancia primordial, seguramente debería ser una declaración hecha menos de pasada. Si deshacerse de al Assad es ahora un objetivo de la política estadounidense, entonces el cómo debemos hacerlo (con la autorización del Congreso incluida) debe ser claramente discutido.

Y ahora avancemos unas cuantas horas, porque esto se pone serio. La decisión del equipo de Trump de reorientar el grupo de ataque liderado por el portaaviones estadounidense Vinson hacia la Península Coreana es un movimiento agresivo. Para bien o para mal, una nación como la nuestra no empieza de cero cada vez que movemos una flota importante.

Corea del Norte y China, que controla la mayor parte de lo que sucede con Corea del Norte, seguramente verán esta acción a la luz de los ataques de Siria. Y es probable que estén enterados de los informes de noticias según los cuales Trump está recibiendo información sobre varias opciones para abordar la amenaza norcoreana.

Podríamos esperar que Estados Unidos hubiera aprendido que nuestra mera acción no mueve al mundo de la manera que siempre deseamos. Vietnam, Iraq, Afganistán y Libia son ejemplos bastante convincentes. Pero si los últimos días dan algo de pista, el "adivina, adivinador" es el nuevo enfoque de Trump en cuanto a los asuntos exteriores. Lamentablemente, esto no es una doctrina. Es una falta de previsión.