Ciudad de México (CNN) - María Pérez no ha visto a su nieto desde que él era un niño.

En su celular guarda un video de ese día. Allí aparece Eduardo Hernández, de 8 años, dándole un abrazo de despedida.

Ahora, Hernández tiene 21 años y camina a través del vidrio esmerilado del aeropuerto internacional de Ciudad de México.

Su abuela salta hacia él con las dos manos en el aire, limpiándose las lágrimas mientras pone sus ojos en él por primera vez en más de una década.

Los miembros de su familia se reúnen alrededor de él. Dos primos jóvenes corren saludarlo por primera vez. Una tía se inclina para abrazarlo. Pérez toma la mano de su nieto y la besa dos veces.

Hernández no puede dejar de sonreír. Está disfrutando la atención. Pero tiene emociones mezcladas. Las autoridades de inmigración de Estados Unidos acaban de deportarlo a México, pero sus padres aún viven en Wisconsin.

“Estoy de vuelta con mi gente y básicamente estoy feliz en este momento”, dice. “Pero estoy triste al mismo tiempo porque estoy dejando atrás a mi familia”.

Los primeros pasos de personas como Hernández se han vuelto una escena familiar en el aeropuerto de Ciudad de México, algo que podría volverse aún más común pues el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, prometió reprimir la inmigración ilegal.

En el área de llegadas, reuniones tumultuosas y conversaciones llenas de lágrimas con trabajadores sociales dejan ver la vida de los más recientes deportados de Estados Unidos y son una ventana para ver quién está siendo expulsando de Estados Unidos.

Miembros de su familia abrazan a Eduardo Hernández al llegar deportado desde Estados Unidos al aeropuerto internacional de Ciudad de México.

Hernández dice que ha vivido en Wisconsin por 13 años, que más recientemente ha trabajado en una fábrica haciendo encimeras y que estaba asistiendo a una escuela técnica.

Antes de su regreso a México, Hernández tenía varios problemas con la ley, incluyendo múltiples violaciones de tráfico y un delito grave por huir y eludir a un policía en Waukesha, Wisconsin.

Hernández entró ilegalmente a Estados Unidos en 2003 y fue detenido por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE por sus siglas en inglés) luego de los cargos por delito grave, dijo la esa institución en un comunicado.

Según su abogado, Hernández se declaró culpable después en un incidente de 2014 cuando estaba corriendo en su auto, en las calles con amigos, y sobrepasó a toda velocidad a un policía.

Con miedo de admitir su estatus migratorio ante el policía, huyó de la escena y fue capturado, dijo su abogado Marc Christopher.

Las autoridades de inmigración detuvieron a Hernández en diciembre durante su chequeo mensual con un oficial de libertad condicional. Es probable que el foco de los funcionarios de inmigración para deportar a personas con antecedentes haya puesto a Hernández en su radar, dice Christopher. El abogado describió a Hernández como “un buen chico” que ha pasado parte de su tiempo como voluntario enseñándoles arte a los niños.

“Voy a la cama cada noche deseando haber podido hacer algo diferente por él”, dice Christopher.

El ICE dice que un juez de inmigración le concedió a Hernández una “salida voluntaria”, en enero. Eso significa que Hernández tenía que dejar Estados Unidos, pero no tendría una orden oficial de deportación en su expediente.

Hernández dice que estuvo dos meses tras las rejas en Wisconsin antes de que las autoridades migratorias lo transfirieran a un centro de detención en Louisiana por una semana. Desde allí lo escoltaron a un avión con destino a México.

Fue un proceso largo, frustrante y humillante, añade, suficiente para mantenerlo alejado de Estados Unidos.

“Ahora que la situación es muy mala, no estoy pensando regresar”, dice él.

Un vuelo lleno

Hernández fue uno de los 135 pasajeros del vuelo.

Durante la más reciente visita de CNN al aeropuerto de Ciudad de México luego que los vuelos de deportación llegaran, algunos de los que se bajaban del avión decían que eran criminales convictos, como un hombre que dijo que había sido condenado por violencia doméstica en Colorado. Otros dijeron que solo tenían delitos menores en sus registros.

Como en el gobierno de Obama, Trump ha dicho que deportar criminales es una prioridad. Pero el gobierno de Trump ha expandido la definición de “criminal” que usan las autoridades, dándole a los funcionarios de inmigración la capacidad de hacer juicios sobre amenazas a la seguridad pública.

Los aviones de deportación no aparecen en las pantallas de información del aeropuerto, pero aterrizan en México tres veces a la semana. Son operados por ICE Air, una división del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas.

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A los deportados les dan una comida en el avión y una bolsa plástica con agua, snacks y documentos.

A su llegada a la Ciudad de México, docenas son escoltados a un área acordonada, donde funcionarios del Gobierno clasifican, en bolsas de malla de color rojo, ropa y artículos personales de los ciudadanos y la marcan con el nombre del deportado mexicano.

Los pasajeros de ICE Air se juntan alrededor de los trabajadores del aeropuerto, buscando una guía y esperando su turno para reclamar sus objetos personales antes de dejar el área de llegada.

Al otro lado de la puerta, la mayoría son recibidos por trabajadores del Gobierno, no por familiares ansiosos.

La trabajadora social Celia Anaya le dice a David Padilla, un deportado que recién llegó de Estados Unidos a México, sobre los beneficios del Gobierno federal para los desempleados.

La trabajadora social Celia Anaya sonríe cuando ve las puertas abrirse.

“Bienvenido a México”, dice ella al saludar a los deportados que caminan. Algunos descartan el saludo y se apresuran a tomar viajes a sus ciudades de origen desde la cercana terminal de buses.

Otros se detienen frente a la trabajadora social y hacen una pausa para tener una conversación donde a menudo hablan sobre su experiencia.

Anaya escucha sus preocupaciones, entonces aprovecha la oportunidad para hablarles e instruirlos. Los beneficios del Gobierno de México para desempleados, dice ella, puede incluir ayuda económica mensual hasta por 120 dólares durante seis meses.

Planeando regresar

David Padilla no parece poner mucha atención a la explicación de la trabajadora social. El hombre de 26 años dice que planea volver a Estados Unidos porque eso fue lo que les prometió a sus hijos, que viven ahora con su mamá en Utah.

Él no entra en detalles sobre cómo regresará a Estados Unidos, pero bromea sobre finalmente tener la oportunidad de asistir a un juego de fútbol profesional en México.

Padilla dice que dejó México cuando era un niño y ha vivido en Salt Lake City durante 24 años. Según él, estaba en camino a su trabajo en una construcción, a principios de marzo, cuando agentes de inmigración, que buscaban a su tío, lo tomaron en custodia.

Padilla tiene dos delitos menores por conducir bajo influencia del alcohol y algunas faltas de tráfico en su expediente, según documentos de la corte. En 2008, fue sentenciado a pasar 30 días en prisión por hurto.

El hombre culpa a Trump por su deportación.

“Si me hubieran detenido ese día y Trump no estuviera en el Gobierno”, dice él, “ creo que hubiera vuelto a casa”.

A Padilla se le va la respiración cuando ve fotos de su perro y de sus hijas de 1 y 5 años en su teléfono. Para él, la separación es la parte más difícil.

“Es muy duro. Ellos te detienen y no puedes decir ni siquiera adiós a nadie”, dice él.

Padilla describe su viaje de regreso como una pesadilla. No le gustó estar esposado o que los agentes de inmigración le hayan cortado los cordones de sus zapatos.

“No te tratan como humano”, dice Padilla.

El ICE no respondió inmediatamente un requerimiento para comentar el caso de Padilla.

El portavoz de la agencia, Bryan Cox, dijo que los deportados son esposados en los aviones por seguridad de los funcionarios. Todos los aspectos de esto están de acuerdo con la ley federal y las políticas del ICE, dijo.

“Los procedimientos se hacen de una manera humana de acuerdo con la política”, dice Cox.

Deportada dos veces

Guadalupe Figueroa no se considera a sí misma como una criminal peligrosa. Ella llegó por primera vez a Estados Unidos como inmigrante indocumentada en 2003. Según funcionarios de inmigración, ella fue deportada dos veces días después de que fuera atrapada tratando de cruzar ilegalmente la frontera ese año.

Eventualmente cruzó, encontró una casa y empezó una familia en Somerville, Alabama. Mientras ella limpia casas, su hijo de 11 años y su hija de 10 años, ambos nacidos en Estados Unidos, van a la escuela.

Guadalupe Figueroa, deportada, muestra una foto de sus hijos que permanecen en Estados Unidos.

Según su abogada, Geraldine Escalante, Figueroa regresó a su hogar en México cuando su mamá se enfermó en 2012. En esa época Figueroa también se volvió víctima de extorsión de los carteles. Buscando conseguir asilo, decidió cruzar la frontera nuevamente, en agosto de 2015. Agentes de la Patrulla Fronteriza la detuvieron en California, luego la dejaron ir a Alabama para que hiciera el resto de sus procedimientos de inmigración.

El expresidente Barack Obama aún estaba en la Oficina Oval cuando su proceso de deportación inició. En diciembre, la apelación de Figueroa para bloquear la orden de retiro de un juez fue denegada. Cuando se registró con funcionarios de inmigración en enero, fue detenida.

Según el ICE, la deportación de Figueroa, el 27 de febrero, estuvo “de acuerdo con una orden final de expulsión emitida por un juez federal de inmigración después de que su caso recibió todo el proceso apropiado a través de los tribunales federales".

Aunque Figueroa nunca ha estado procesada por un crimen violento o vinculada con pandillas, el ICE dice que ella sigue siendo una prioridad.

“El ICE está enfocado en identificar, arrestar y remover amenazas a la seguridad pública, como criminales convictos y miembros de pandillas, así como individuos que han violado nuestras leyes de inmigración”, dice el portavoz del ICE, Thomas Byrd, en un comunicado escrito.

Con lágrimas, Figueroa dice que no entiende por qué la están separando de su familia. A su hijo también le cuesta entender. En una carta que Figueroa lleva con ella, su hijo dibujó a un niño pequeño llorando y diciendo, “quiero a mi mamá”.

“Me siento horriblemente triste porque las pesadillas me persiguen todos los días, todas las noches, ¡TODAS LAS SEMANAS! Y necesito que vuelvas. Hice este dibujo de cómo estoy de triste. No quería dibujar esto, mamá, pero así es como me siento en mi corazón y en mis sueños”, escribió el niño en la carta.

El esposo de Figueroa, quien vive en Alabama, le dijo a CNN que su hijo está viendo a un terapeuta para hacer frente a la separación. Su abogado dice que esto es una tragedia porque no cree que Figueroa sea uno uno de los “bad hombres” que Trump dice estar persiguiendo.

Ella está de acuerdo con eso y dice que si alguna vez tuviera la oportunidad de decirle a Trump algo, ella le diría eso que ambos tienen en común.

“Mire su corazón, porque usted tiene un hijo también y yo, como mamá, estoy sufriendo por mis hijos”.

- Catherine Shoichet, Toby Lyles y Casey Hicks de CNN contribuyeron con este reporte.