Nota del Editor: Juan Mascardi es director de las licenciaturas en Periodismo y Producción y Realización Audiovisual de la Universidad Abierta Interamericana de Rosario, Argentina. Las opiniones expresadas en esta columna son personales y de su propia responsabilidad.

Bajo la herencia la inmortalidad,
cultura y poder son esta porno bajón,
por un color, sólo por un color,
no somos tan malos ya la cancha estalla en nada

La inspiración del músico y compositor argentino Luis Alberto Spinetta para su canción “La bengala perdida” fue una muerte. Un crimen en la distancia entre dos tribunas teñidas de humo y chispazos. El 3 de agosto de 1983 Boca enfrentó a Racing en la Bombonera de Buenos Aires. Desde la tribuna local partieron varias bengalas hasta que una dio en el cuello de Roberto Basile, un empleado bancario de 25 años que perdió la vida en el estadio. “Asesinos, asesinos”, gritaron desde las lejanas gradas de Racing. El partido se disputó. Tal vez alguien recuerde que fue empate en dos tantos. El humo, el fuego y el asesinato a la distancia ya se habían ejecutado. “Por un color, sólo por un color”, canta el Flaco Spinetta. “No somos tan malos”, agrega el ícono del rock argentino en su poética, frase que se desprende de un diálogo que él mantuvo con un grupo de hinchas.

Si el crimen de Basile se caracterizó por la lejanía entre tribunas, por un fogonazo al bulto, por la cobardía asesina de un francotirador escondido en el anonimato colectivo, el asesinato de Emanuel Balbo ocurrido en el estadio Mario Kempes de Córdoba mientras se disputaba el clásico provincial entre Belgrano y Talleres es la cara opuesta de la misma moneda de la violencia. Los golpes son próximos y certeros. La violencia se desata en una tribuna que posee un mismo color: el celeste de Belgrano. Los rostros del odio son cercanos. El silencio que circunda a los que sólo observan mientras se ejecuta el crimen es una postal dolorosamente horrible. La caída libre desde las alturas del hombre golpeado hasta el hartazgo es el sello de la espectacularidad de la violencia que se hace pública ante la multitud y ante las cámaras. La exacerbación del odio se potencia por la falsa hermandad que se quiebra ante un grito de sospecha: “Es de Talleres”.

"Estamos con una sociedad enferma". Las palabras del ministro de Gobierno de Córdoba, Juan Carlos Massei, aluden a las bases de una sociedad resquebrajada. Pero responsabilizar a la sociedad y sus enfermedades es esquivar a una tipología que el fútbol genera en sí mismo. La xenofobia, la aniquilación del rival, el “no existes” que se canta en las tribunas en alusión al rival son prácticas específicas que se consolidaron mientras fueron avanzando políticas de exclusión social, del culto de la individualidad, de desprecio hacia la generación de proyectos colectivos. Mientras los lazos sociales se fracturan el fútbol argentino inventó la cultura del “aguante”. Cuanto más odio al rival, mejor.

Cuando pase el tiempo el crimen de Balbo será recordado por su carácter extremo. Por el vuelo del cuerpo. Por la caída al vació. Por la no aceptación de palabras en las tribunas que se alzaron como cúspides de la intolerancia. Cuando pase el tiempo se sabrá cuáles son las condenas para los homicidas, cuáles son las sanciones para el club Belgrano y qué políticas a favor de la tolerancia habrá podido ejecutar la Asociación del Fútbol Argentino en medio de una crisis rodeada de huelgas y desguace de los clubes. Cuando pase el tiempo se recordará la marcha colectiva de los hinchas de Talleres y Belgrano como gesto de hermandad y aparecerán otros poetas que, como el Flaco Spinetta, intentarán exorcizar tanto odio acumulado.

Cuando pase el tiempo el dolor colectivo de una sociedad que llora en silencio y a los gritos el dolor será el dolor de un grupo reducido de familiares y amigos que recordará a Balbo como hoy lo recuerda su tío Enzo en Facebook: "No le hablo a tu cabeza, le hablo a tu corazón. A vos que miraste, lo insultaste, lo escupiste, le pegaste trompadas, patadas y hasta con tus banderas. A vos que escuchaste a un tipo decir que el es de Talleres y sin conocerlo ni preguntar sacaste toda tu violencia y actuaste, seguramente sin pensar. A vos que hoy seguramente te levantaste contento o enojado por el resultado, comiste tu asado y les deseaste felices pascuas a los tuyos, qué suerte, nosotros no pudimos hacerlo".

En el homicidio muerte de Emanuel se multiplica la tragedia porque los golpes y el silencio son demasiado próximos. Por un color, un mismo color. El celeste fue rojo. Y tal vez por eso nos duele tanto.

En el homicidio muerte de Emanuel se multiplica la tragedia porque los golpes y el silencio son demasiado próximos. Por un color, un mismo color. El celeste fue rojo. Y tal vez por eso nos duele tanto

Juan Mascardi