Nota del editor: John Everard fue embajador británico en Corea del Norte. Las opiniones en este artículo son de su propia responsabilidad.

(CNN) - El 15 de abril, el día del 105 aniversario del nacimiento de Kim Il-sung, conocido como el Presidente Eterno de Corea del Norte, fue muy tenso.

Muchos observadores temían que Corea del Norte llevara a cabo su sexta prueba nuclear, o que el USS Carl Vinson y su escolta (que Pyongyang pensaba que estaban cerca de la Península Coreana) fueran a atacar. Muy pocas personas fuera del gobierno estadounidense sabían que el grupo de portaaviones estaba en realidad a unos 5.632 kilómetros de distancia.

Tanto Corea del Norte como Estados Unidos advirtieron sobre consecuencias devastadoras si el otro hace algún movimiento. Sólo un pequeño error de cálculo en Pyongyang, Washington o Beijing pudo haber enviado la situación a una espiral de violencia.

Pero al final nada de eso pasó. En cambio, al día siguiente, Corea del Norte probó de forma fallida un misil de alcance medio, al que ni Estados Unidos ni China respondieron. Pasamos por otra crisis provocada por los norcoreanos.

En mi opinión, la explicación más plausible para esto es que Corea del Norte parpadeó. Aunque es posible que los grandes preparativos alrededor de su sitio de pruebas nucleares estuvieran destinados sólo para impresionar a la comunidad internacional, parece más probable que los norcoreanos planearon una prueba nuclear para el sábado pero desistieron, probablemente porque evaluaron los riesgos de que unas serias represalias fueran muy graves.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos. (Crédito: Kevin Dietsch-Pool/Getty Images)

Se creía que la inminente llegada del grupo estadounidense de portaaviones estaba en consonancia con la amenaza de Corea del Sur y China del 12 de abril de apoyar las sanciones de la ONU, que incluyen cortarle el suministro de petróleo al régimen comunista, lo que probablemente habría frenado su frágil economía, lo que probablemente consideró Pyongyang en demasía.

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Tal vez los norcoreanos calcularon (con razón, al parecer) que una prueba nuclear o una prueba de un misil balístico intercontinental (uno de largo alcance del tipo que necesitarían para hacer caer una ojiva nuclear sobre los Estados Unidos continentales) era demasiado peligrosa. En cambio, el lanzamiento de un misil de alcance medio les permitiría negar que se estaban doblegando ante la presión extranjera, aunque no se haya desencadenado una vigorosa reacción internacional. El hecho de que fracasara sin duda también suavizó las respuestas.

Si este análisis es correcto, Estados Unidos ha logrado, por ahora al menos, su objetivo a largo plazo de detener el desarrollo de armas nucleares y misiles por parte de Corea del Norte.
Para perfeccionar estas armas los norcoreanos necesitan probarlas, y si no se atreven a hacerlo por temor a las consecuencias, entonces su programa está efectivamente congelado. La aseveración de su viceministro de Asuntos Exteriores según la cual Pyongyang seguirá ensayando misiles "semanal, mensual y anualmente" debe tomarse con beneficio de inventario. Otros lanzamientos de misiles de mediano alcance como los del domingo pasado no ayudarán mucho a Corea del Norte a desarrollar un misil balístico intercontinental efectivo.

Al principio de su presidencia, Donald Trump encargó una revisión de la política sobre Corea del Norte. Las fugas que circulan alrededor de la comunidad diplomática sugieren que sus prioritarias recomendaciones son que, en lugar de proseguir con las negociaciones (los norcoreanos han dicho que nunca negociarán su armamento nuclear), Estados Unidos debería aumentar la presión sobre Pyongyang para que abandone su programa nuclear.

Es probable que el despliegue del USS Carl Vinson, que llegará a la península coreana a finales de este mes, será parte de esta nueva política, así como los renovados esfuerzos para coordinar acciones con China, a lo que se refirió el consejero de seguridad nacional estadounidense, H.R. McMaster. Tal vez la amenaza china de apoyar el corte de suministros de petróleo es un fruto temprano de este nuevo diálogo.

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Este no es del todo un nuevo inicio. Los mandatarios anteriores han intentado lidiar con Corea del Norte a través de sanciones, y el presidente Bill Clinton contempló un ataque militar. Pero no hemos visto previamente tales amenazas de acción militar (respaldadas por ejemplos en Siria y Afganistán) combinadas con consultas enérgicas con China y la consiguiente amenaza de sanciones mucho más graves.

Estos son los primeros días, y la política tiene serios riesgos. Por ejemplo, ¿Pyongyang responderá a la presión económica con aventuras militares? Por lo menos hasta ahora está en desventaja.