(CNN Español) - El presidente de Estados Unidos Donald Trump le ha declarado le guerra a las pandillas centroamericanas que están en su país y ha intensificado, en sus 100 primeros días de mandato, los esfuerzos para deportar a sus miembros.

¿Qué significa eso para Guatemala, Honduras y El Salvador, que desde hace varios años conforman una de las regiones más violentas del mundo?

Según el gobierno de EE.UU., los pandilleros o mareros son “criminales” que representan un serio desafío a la seguridad nacional. Así lo han dicho en varias oportunidades Trump y altos funcionarios como el secretario de Seguridad Nacional John Kelly o el secretario de Justicia Jeff Sessions.

El domingo pasado, para no ir más lejos, Trump justificó la construcción del polémico muro en la frontera con México en el hecho de que, entre otras cosas, eso frenará la llegada de “criminales” a Estados Unidos.

“Los demócratas no quieren usar dinero del presupuesto para el muro en la frontera, a pesar de que detendrá drogas y los muy malos miembros de la pandilla MS-13”, escribió el presidente.

Y unos días antes, culpó al gobierno del presidente Barack Obama de permitir la formación de pandillas en las ciudades de Estados Unidos. Pero “las estamos eliminando rápidamente”, agregó al final de ese mensaje.

Estados Unidos estima que hay unos 6.000 miembros de pandillas centroamericanas dispersos en 46 estados y en el Distrito de Columbia. Y según la oficina del fiscal en Massachusetts, la MS-13 es una de las mayores organizaciones criminales del país y tiene a otros 30.000 miembros operando internacionalmente, la mayoría de ellos en El Salvador, Honduras y Guatemala.

“Son una plaga”, ha dicho Sessions, el secretario de Justicia.

“Estamos bajo ataque de criminales que creen que su avaricia justifica violar a una niña amenazándola con un cuchillo, envenenar a nuestros jóvenes o matarlos por diversión”, señaló por su parte John Kelly, refiriéndose a organizaciones criminales como la MS-13.

De Estados Unidos para el mundo

Contrario a lo que puede creerse, la Mara Salvatrucha, la pandilla más grande y reconocida, nació en la década de 1980 en la ciudad de Los Ángeles (Estados Unidos) y no en Centroamérica.

La MS-13, como también se le conoce, fue creada por un grupo de inmigrantes salvadoreños que huyeron de la guerra civil en su país. Hoy, entre sus miembros también hay inmigrantes de México, Honduras, Guatemala y otros países de Centroamérica y Suramérica, según un informe del FBI sobre evaluación de amenazas de esa pandilla.

Con Barrio 18, la otra gran pandilla centroamericana, sucedió lo mismo. Según el Centro de Investigación de Crimen Organizado InSight Crime, nació en las calles de Los Ángeles a finales de los años 70, por iniciativa de grupo de migrantes que habían escapado de la guerra civil salvadoreña.

El primer objetivo de las pandillas era defenderse de la violencia de grupos racistas estadounidenses y de las pandillas de mexicanos. Cuando empezaron a tener poder, buscaron erigirse como una nueva autoridad en la zona y expandieron sus tentáculos a otras ciudades de Estados Unidos y a Centroamérica.

En un informe del 2016 llamado “¿Hogar dulce hogar? El papel de Honduras, Guatemala y El Salvador en la creciente crisis de refugiados”, Amnistía Internacional asegura que “tras una notable reducción de la violencia en el periodo posterior a la conclusión de los conflictos armados en Centroamérica en la década de 1990, en el último decenio las pandillas y la delincuencia organizada han convertido el Triángulo Norte en una de las subregiones más peligrosas del mundo”.

La ola de deportaciones de los 90

En 1996, el gobierno de Estados Unidos aprobó la Ley de Reforma de Inmigración Ilegal y Responsabilidad del Inmigrante, que amplió las categorías bajo las cuales podrían ser deportados los inmigrantes y coincidió con el auge de la actividad de las maras y pandillas en el Triángulo Norte, según el Centro de Investigación de Crimen Organizado InSight Crime en el 2015. 

“Hacia finales de la década de los 90, con la emisión de la legislación en Estados Unidos que llevó a un incremento en las deportaciones de los exconvictos, varios miembros de la MS-13 y de la 18 retornaron a Honduras. Hacia inicios del año 2000, estos dos grupos, junto con varios otros locales, empezaron una guerra sangrienta por el territorio –y por los ingresos derivados de la extorsión y de los mercados de droga que le acompañan– situación que continúa hasta el día de hoy”, afirma la exhaustiva investigación de InSight Crime.

En Estados Unidos, los miembros de la pandilla internacional MS-13 han sido condenados por varios crímenes, que van desde la extorsión hasta el asesinato.

Según el informe del FBI sobre evaluación de amenazas de esa pandilla del 2008, la MS-13 recurre a la violencia para intimidar a pandillas rivales, usando todo tipo de armas, desde armas de fuego hasta machetes. Los miembros de la MS-13 les han cercenado los dedos a sus rivales, han matado a sospechosos de ser informantes y han cometido violaciones, asaltos y otros crímenes.

“Las manifestaciones actuales del fenómeno de las pandillas juveniles son cuantitativa y cualitativamente diferentes a las de hace 10 o 20 años. Las pandillas juveniles contemporáneas son mucho más numerosas, su presencia se ha extendido por la mayor parte del territorio y sus actividades son significativamente más violentas, estratégicas y complejas”, se lee en el estudio “La nueva cara de las pandillas callejeras: El fenómeno de las pandillas en El Salvador”, realizado por la Universidad Internacional de Florida en coordinación con la Fundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE) en el 2017.

“En la pandilla, los adolescentes encuentran amigos, respeto, recursos y, en muchos casos, la familia y sus beneficios que nunca experimentaron en casa. Por lo tanto, la pandilla se convierte en una experiencia de vida totalizante. La lealtad, el comportamiento criminal y el poder sobre el territorio se convierten en el medio a través del cual los individuos ascienden y consolidan su posición en la pandilla, así como el control de la pandilla sobre la comunidad y el territorio”, asegura esa investigación.

Sin embargo, dice que cuando los pandilleros “maduran” y “comprenden mejor los retos y las dificultades de la vida pandillera, la posibilidad de morir, las lesiones graves y el acabar en la cárcel”, casi siempre abandonan esos grupos, lo cual explica que sigan siendo básicamente organizaciones juveniles.

Miembros de Barrio 18 son detenidos por miembros de la policía en Tegucigalpa (Honduras). (Crédito: ORLANDO SIERRA/AFP/Getty Images).

Radiografía de un fenómeno

De acuerdo con ese mismo estudio, en el 2012 Guatemala tenía cerca de 22 mil pandilleros (17.000 de Barrio 18 y 5.000 de la MS-13), El Salvador tenía unos 20 mil (8.000 miembros de Barrio 18 y 12.000 de la pandilla MS-13) y Honduras contaba con unos 12 mil pandilleros (5.000 individuos de Barrio 18 y 7.000 de la MS-13).

Las pandillas juveniles, aclara el informe, siguen siendo predominantemente un fenómeno masculino. Nada más en El Salvador, por ejemplo, se calcula el 90,5% de sus miembros son hombres. La edad media de ingreso a una pandilla es de 15 años y ha permanecido igual en la última década.

Los expertos concluyeron que el fenómeno contemporáneo de las pandillas en Centroamérica es “un producto de condiciones estructurales locales, tales como la pobreza, la desigualdad de ingresos y la desintegración familiar, y no es exclusivamente un efecto de la migración forzada”.

De acuerdo con eso, los “principales motores de afiliación” a las pandillas son “la pobreza y la falta de oportunidades educativas y de empleo”.

Sobre cómo se financian, en el caso de Honduras, por ejemplo, “todas las pandillas y maras principales dependen de los ingresos derivados de la extorsión en contra del sector del transporte público” y las ganancias netas anuales por ese crimen pueden llegar a ser de 2,5 millones de dólares al año, de acuerdo con el estudio “Maras y pandillas en Honduras”, realizado en el 2015 por el Centro de Investigación de Crimen Organizado InSight Crime.

El sicariato y el narcomenudeo también son algunas de sus fuentes de ingreso, tanto en Guatemala como en El Salvador y en Honduras.

Óscar Coronado alias 'Ploky', miembro de la Mara 18, durante su juicio en Ciudad de Guatemala en el 2010. (Crédito: JOHAN ORDÓÑEZ/AFP/Getty Images).

Combate a las pandillas

La MS-13 se ha vuelto tan poderosa en Estados Unidos, que en el 2004 obligó al FBI a crear un grupo especial de trabajo para luchar contra las empresas criminales, llamado Fuerza Nacional de Trabajo contra Pandillas MS-13.

Y en el 2012, se convirtió en la primera y sigue siendo la única– pandilla callejera designada por el gobierno de Estados Unidos como “organización criminal transnacional”.

En noviembre del 2016, los gobiernos del Triángulo Norte lanzaron una Fuerza Trinacional contra las pandillas, que se encarga de combatir a esos grupos delictivos y al narcotráfico.

Aunque nunca se especificó cuántos policías y soldados de los tres países conformarían esa Fuerza Trinacional, el objetivo si es claro: lograr que Guatemala, El Salvador y Honduras dejen de ser una de las regiones más violetas del mundo. ¿Cómo? Mejorando el control migratorio, reforzando la presencia de fuerzas de seguridad e intercambiando información de inteligencia para hacer frente al crimen organizado que azota a Centroamérica.

Los planes sociales, sin embargo, suelen brillar por su ausencia en las estrategias de los distintos gobiernos para luchar contra esta problemática.

Preocupación en Centroamérica

El fiscal de El Salvador, Douglas Meléndez, reconoció la semana pasada durante una reunión del Consejo Centroamericano de Fiscales Generales que sí hay una preocupación por las “deportaciones masivas” desde Estados Unidos.

“Hay una preocupación clara (…) en cuanto a las deportaciones de personas o de supuestos pandilleros que pudieran existir para los tres países”, dijo Meléndez en la rueda de prensa posterior al encuentro, a cuyo audio completo tuvo acceso CNN en Español.

“Vamos a trabajar a futuro para ver cómo lo vamos a enfrentar, porque existe una preocupación de que si en este momento tenemos niveles fuertes de pandillas, podrían aumentarse a raíz de las deportaciones”, añadió.

Sin embargo, el canciller de El Salvador, Hugo Martínez, dijo este lunes que no cree que vaya a haber una “deportación masiva” de pandilleros salvadoreños.

“Estamos hablando que son el menor número de casos en esa categoría. Estamos hablando de que si hay una de esas personas que ha cometido un delito grave en Estados Unidos tiene que responder en las cárceles de Estados Unidos por esos delitos graves. Entonces, bajo ninguna circunstancia estamos hablando de deportaciones masivas de miembros de las organizaciones criminales”, aseguró en un video compartido por la Cancillería salvadoreña.

“Yo veo que sí debemos estar preparados, pero tampoco disparar las alarmas como para pretender que aquí vamos a tener una deportación masiva de pandilleros porque no es el caso al que estamos asistiendo en este momento”.

Preguntado sobre la política de Trump respecto a las pandillas centroamericanas y la posibilidad de que aumenten masivamente las deportaciones, Heinz Heimann, vocero de la Presidencia de Guatemala, le dijo a CNN en Español que “precisamente por eso se acaba de establecer la fuerza denominada Fortaleza, que está encaminada al combate de las pandillas organizadas” y “está siendo empoderada con apoyo de El Salvador y Honduras”.

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU. (ICE, por sus siglas en inglés), deportó en el 2016 a 240.255 personas de 185 países, siendo México, Guatemala, Honduras y El Salvador los que más aportan a esa lista, en ese orden.

Sin embargo, de esas 240 mil personas, solo 2.057 fueron clasificadas como sospechosas o se confirmó que pertenecían a pandillas. Y un total de 138.669 del total de deportaciones (58%) fueron de criminales convictos.

Los integrantes de la Mara Salvatrucha suelen vestir prendas o tener tatuajes que incorporan el MS-13 o el número 13, según las autoridades.

‘No son amenaza para la seguridad nacional’

La amenaza por parte de las pandillas a la que se refiere el presidente Donald Trump es una “exageración” según José Miguel Cruz, investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de la Universidad Internacional de la Florida.

Para Cruz —quien ha publicado varios libros e informes relacionados con el fenómeno de las pandillas en El Salvador y Centroamérica— el plan contra los pandilleros de Trump es una “justificación de la ofensiva en contra de las comunidades migrantes en Estados Unidos”.

“Creo que el tema de la Mara Salvatrucha ha sido sacado de proporción. En perspectiva, Estados Unidos sufre otras amenazas mucho más importantes vinculadas al terrorismo islámico que puede ser de origen doméstico, grupos de crimen organizado mucho más peligrosos como los narcotraficantes, que pandillas como la MS-13, que fundamentalmente está conformada por jóvenes menores de 21 años”, le dijo Cruz a CNN en Español desde Miami.