(CNN) - Este año será inaugurada la nueva embajada de Estados Unidos en Londres, un cubo de vidrio gigante, en una antigua zona industrial al sur del río Támesis.

La embajada, que tuvo un costo récord de mil millones de dólares, generó controversia casi desde el momento en que se anunció su construcción. Algunos críticos se quejaron de que el diseño, realizado por la firma KieranTimberlake de Filadelfia, es demasiado imponente. (La embajada se ubica detrás de un anillo de estanques y jardines, básicamente un foso moderno).

Miembros del Congreso se opusieron al precio. En una audiencia de 2015, el representante republicano por Utah Jason Chaffetz, presidente de la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes, catalogó el proceso de construcción de estar al gestionado y aseguró que eso resultó en un edificio con una fachada de cristal de “aspecto opulento” que favorece la estética sobre la seguridad.

La nueva embajada de Estados Unidos en Londres tuvo un costo récord de mil millones de dólares y fue diseñada por la firma KieranTimberlake de Filadelfia.

¿Puede un edificio que cumple con los estándares rigurosos de seguridad ser también bonito? Y de ser así, ¿a qué costo? El moderno diseño de esta embajada gira alrededor de esas preguntas.

Los actuales requerimientos de seguridad son estrictos y complicados. Además de construirse con materiales resistentes a explosiones, las nuevas embajadas estadounidenses deben tener una separación de 30 metros de la calle, un muro o valla alta alrededor de su perímetro y barreras antiembestidas (para prevenir ataques con vehículos).

Aunque las embajadas no están hechas solamente para proteger a los funcionarios del Servicio Exterior. También son la cara de Estados Unidos ante el mundo. Para muchas personas, representan el primer lugar de contacto con su gobierno y una clave visual de los valores estadounidenses.

Pero a medida que las medidas de seguridad se intensifican, reconciliarlas con una apariencia acogedora resulta más difícil.

Delicado equilibrio

La mayoría de las embajadas que están construyéndose en este momento son fruto de un programa del gobierno lanzado en el 2011 para elevar los estándares de diseño.

Bajo ese proyecto llamado inicialmente Design Excellence (Excelencia en el diseño) y luego rebautizado Excellence in Diplomatic Facilities (Excelencia en infraestructuras diplomáticas), el Departamento de Estado ha contratado a algunos de los más célebres arquitectos estadounidenses. (La embajada en Londres es previa al programa, pero sienta un precedente para el mismo).

En abril pasado, Thom Mayne, arquitecto californiano conocido por sus diseños audaces, fue pionero con el nuevo complejo de la embajada estadounidense en Beirut, Líbano.

Tod Williams y Billie Tsien, la pareja de arquitectos detrás de construcciones minimalistas como el Museo de Arte de Phoenix y la Fundación Barnes, diseñaron la nueva embajada que será construida en Ciudad de México.

Brad Cloepfil, arquitecto del Museo Clyfford Still de Denver, colaboró con la firma Yost Grube Hall Architecture en la embajada de Maputo, en Mozambique, que ya está casi lista.

Jeanne Gang, que reinterpretó a los rascacielos con su ondulada Aqua Tower en Chicago, acaba de ser elegida para diseñar la nueva embajada en Brasilia (Brasil).

Aunque se trata de arquitectos que han ganado los premios más importantes en su profesión, ninguno tiene experiencia con infraestructuras diplomáticas.

El programa de excelencia promueve una arquitectura de vanguardia pero también recuerda lo que pasó hace 50 o 60 años, cuando el gobierno federal reclutó a importantes arquitectos modernistas, como Walter Gropius, Marcel Breuer y Edward Durrell Stone, para darle forma a la imagen de Estados Unidos en el exterior.

La embajada que ahora está siendo reemplazada en Londres, por ejemplo, fue diseñada por Eero Saarinen, más conocido por el Arco Gateway en San Luis (Missouri, Estados Unidos).

Esta es la embajada actual de Estados Unidos en Londres. A finales de año, será reemplazada por el nuevo y moderno edificio.

La embajada de Saarinen estaba en la Plaza Grosvenor, en el centro de Londres, e integraba a la diplomacia estadounidense en el corazón de la ciudad. El edificio, incluso, abría al público las puertas de su biblioteca.

Pero entonces llegó en 1983  el bombardeo a la embajada de EE.UU. en Beirut, que dejó 63 muertos, y vinieron los ataques terroristas a las embajadas en Kenya y Tanzania, que mataron a más de 200 personas. De repente, la prioridad fue endurecer la defensa de las embajadas y los consulados en todo el mundo.

Para lograrlo, en 2002 el Departamento de Estado adoptó el Estándar de Diseño de Embajadas (SED, por sus siglas en inglés), un edificio modelo que podría ser construido rápidamente en cualquier parte del mundo. Tenía opciones pequeña, mediana y grande, así como una camiseta.

El resultado: docenas de nuevas embajadas y consulados construidos velozmente, pero sin carácter individual. El punto culmen del SED fue la maciza y fuertemente blindada embajada en Bagdad, terminada en el 2009.

Así es el búnker de la fuertemente blindada embajada de EE.UU. en Bagdad, terminada en el 2009.

El aspecto deprimente y las ubicaciones aisladas de esas embajadas no pasó desapercibido. Algunos diplomáticos dijeron que obstaculizaban el desarrollo de relaciones locales.

“Nuestros diplomáticos están comprometidos con un trabajo heroico y difícil cada día”, escribieron en 2010 el senador John Kerry y el exsecretario de Defensa William Cohen en un artículo de opinión para CNN, en el que lamentaban la existencia de embajadas que eran como búnkeres de “concreto”.

“Pero con mucha frecuencia, los edificios (donde trabajan) de cemento frío y a una distancia prohibitiva, escondidos de la vida de la ciudad y con muy poca consideración por los entornos localesdebilitan el mensaje de nuestros diplomáticos e incluso su misión”.

El programa de Excelencia fue una corrección, un intento de mover el péndulo de vuelta hacia un diseño cuidadoso.

“A lo largo del tiempo, la Oficina de Operaciones de Edificios en el Exterior del Departamento de Estado (OBO, por sus siglas en inglés) tomó las lecciones de lo que el SED hizo bien, pero también nos dimos cuenta que el SED no siempre (nos) permitía satisfacer las diversas necesidades de la misión o implementar los dólares de los contribuyentes de la manera más rentable”, le dijo a CNN una vocera del Departamento de Estado Christine Foushee, en un correo electrónico.

El gobierno ahora quiere que las embajadas representen lo mejor de la arquitectura estadounidense, mientras respetan la cultura del país que las acoge. Los funcionarios intentan ubicarlas en lugares más centrales y urbanos y quieren cumplir objetivos ambientales sin sacrificar la funcionalidad o la seguridad.

De todas maneras, algunos sienten que el péndulo se ha movido demasiada. Además de los costos de las embajadas, las críticas en el Capitolio señalan que el tiempo requerido para hacer el diseño personalizado y construirlas hace que los funcionarios diplomáticos se queden en infraestructuras inferiores y viejas por mucho tiempo.

La historiadora arquitectónica Jane C. Loeffler, experta en arquitectura de embajadas, fue crítica del SED, pero se pregunta si los nuevos edificios son lógicos, dados los parámetros.

“El llamado ‘alto-diseño’ no tiene mucho sentido cuando esos edificios son estructuras de bajo perfil, e intencionalmente lo son”, explica la experta. “Cuando están detrás de muros perimetrales muy altos, realmente no se pueden ver bien, y mucho menos fotografiarse, lo cual está prohibido”.

Pero el diseño cuidadoso es crucial en otros aspectos, dice Loeffler. “Lo más importante es la calidad del lugar de trabajo, la eficiencia energética, la accesibilidad y otros factores que están en la agenda del programa de Excelencia (del Departamento de Estado)”, asegura.

El Departamento de Estado sostiene que los diseños personalizados al final no cuestan más que los que se hacen siguiendo un modelo. (La embajada en Bagdad, que siguió los estándares SED, no fue precisamente una ganga: costó 750 millones de dólares).

“En este ambiente de restricción del presupuesto, el programa de Excelencia provee la mejor relación calidad-precio para el contribuyente estadounidense”, dice Foushee. Y agrega que las nuevas estructuras “cumplen o exceden estándares de seguridad muy rigurosos, requeridos por la ley y por nuestro equipo de expertos y profesionales”.

Con el nuevo gobierno, dirigido por un presidente que antes estaba en el mundo inmobiliario, la política de diseño y construcción de embajadas podría cambiar de nuevo. El presidente Donald Trump ha propuesto fuertes recortes al presupuesto del Departamento de Estado.

“Mientras que la seguridad sea la prioridad número uno para esta administración, y parece que lo es, es poco probable que los recursos para la construcción de nuevas embajadas sean recortados”, señala Loeffler. Sin embargo, agrega que el dinero para el funcionamiento y mantenimiento de las embajadas podría estar en peligro, así como los fondos para el tipo de diplomacia blanda que hace que una embajada sea un verdadero puesto de avanzada en el extranjero.

El nuevo cubo en Londres marca el inicio de una nueva era después de la tímida arquitectura de embajadas desde la Guerra Fría. Falta ver cuánto éxito tendrán en la tarea extraordinariamente difícil que deben cumplir: mantener en equilibrio la belleza, la seguridad y una buena relación costo-beneficio.