(CNN) - Esta es la sencilla historia de amor de un adolescente de 15 años que conoce a una mucho mayor profesora de teatro en el colegio y eventualmente se enamora de ella. Sus padres no pueden alejarlos y años después la madre de tres hijos se divorcia y se vuelve a casar, ahora con su antiguo estudiante. Ellos florecen y él se convierte en presidente electo a sus 39 años mientras ella tiene 64.

No sabemos exactamente cuándo fue que surgió el amor entre Macron y su esposa Brigitte. Es suficiente con decir que sus padres le dijeron a ella que se mantuviera alejada hasta que él tuviera 18 años, mientras que a su hijo lo enviaron a París. Años después, ellos siguen juntos y él es el presidente electo de Francia.

¿Se imaginan a un político con una historia personal como la de Macron en Estados Unidos? Tal vez, o tal vez no. En Francia se ve con indiferencia.

Hay algunos otros elementos interesantes en esta historia.

Primero, que el esposo es mucho más joven que la esposa, dando un giro al estereotipo sobre hombres mayores con mujeres más jóvenes. Lo que es más, ellos han estado juntos durante muchos años.

Mucha gente ha señalado que la diferencia de edades entre Macron y su esposa es la misma que la del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su tercera esposa, Melania.

Aunque Trump nunca fue el profesor de teatro de Melania.

Además está el hecho de que son franceses, y todo lo que tiene que ver con la vida personal y las relaciones es distinto.

Pero las historias de amor complicadas no son nada nuevo para los presidentes franceses.

El actual presidente, Francois Hollande, tiene cuatro hijos de otra política y excandidata presidencial, Segolene Royal. Sin embargo, se separaron y él se unió a una periodista francesa hasta que un tabloide lo descubrió mientras iba en motocicleta al departamento de una mujer más joven en París.

Imaginen a un presidente estadounidense a bordo de un ciclomotor por las calles de Washington rumbo a otra relación. Inserte aquí las comparaciones con Bill Clinton, pero su relación extramarital fue un escándalo tan fuerte que casi derriba su presidencia. A Hollande no le ocurrió eso.

Tampoco a su predecesor, Nikolas Sarkozy, quien se divorció después de ser elegido presidente. Entonces él se juntó con Carla Bruni, modelo y estrella del pop, con quien se casó durante la presidencia.

Trump es solo el segundo presidente de Estados Unidos que se ha divorciado. Ronald Reagan fue el primero. Pero el colorido pasado en los tabloides de Trump es digno del precedente fijado por los presidentes franceses de una forma que Reagan no lo es.

La mayoría de los presidentes de Estados Unidos tienen una esposa y se quedan con ella. Barack Obama y los dos presidentes Bush son ejemplo de relaciones que duran décadas sin problemas públicos.

La relación de los Clinton obviamente tuvo sus problemas, pero ellos siguen casados.

La verdad es que los amores complicados no son nuevos para los políticos estadounidenses. La fascinación con la vida privada de los políticos sí es relativamente nueva. Los Roosevelt y los Kennedy tuvieron cada uno relaciones que podrían ser recogidas por los medios actuales.

Entre los candidatos presidenciales, hay una línea más larga de vidas personales complicadas. Por ejemplo John Edwards. Newt Gingrich, cuya primera esposa, por cierto, fue su profesora matemáticas.

Pero cualquiera que sea la razón, la vida personal de un candidato siempre ha parecido más importante en Estados Unidos.

Bueno, ya no realmente. No con el pasado del presidente Trump.