(CNN) - Pisar El Mundo se siente como estar a bordo de un Titanic del siglo XXI.

Ubicado majestuosamente en el Puerto Victoria de Hong Kong, esta reluciente embarcación de 196 metros de largo es el más grande y probablemente el “yate residencial” más exclusivo en la tierra.

Hogar de la única cancha de tenis de tamaño completo en el mar, de un spa de 650 metros cuadrados y un centro de fitness, además de una colección de 12.000 botellas de vino, este barco ha visitado 1.213 puertos y ha navegado 641.000 millas náuticas.

Solamente este año ha realizado expediciones a dos de las regiones más remotas de la tierra: el Mar de Ross en la Antártida y a La Melanesia, cerca de Nueva Guinea en Oceanía.

Pero no te emociones mucho.

Ninguna de sus suites en esta belleza de 12 pisos está disponible para alquilar.

Apodado el “crucero condominio”, cada uno de sus 165 apartamentos a bordo —que cuestan entre 3 millones de dólares, para un estudio, y 15 millones de dólares, el de tres habitaciones— son propiedad de los residentes que deben tener un patrimonio neto de al menos 10 millones de dólares.

Para abordar El Mundo tienes que ser invitado.

Desde su lanzamiento en 2002, El Mundo ha navegado 641.000 millas náuticas.

Una difícil navegación

Cuando El Mundo fue inaugurado hace 15 años, casi fracasa.

“Inicialmente, el barco fue parcialmente propiedad de una compañía de hoteles”, le dijo a CNN Lillian Veri, una canadiense que ha sido dueña de una residencia en El Mundo desde hace 10 años.

El sexto piso del barco, explica ella, había estado reservado inicialmente para que fueran habitaciones de hoteles, cuyos ingresos de alquiler se destinaban a subsidiar la parte residencial del negocio.

“Bueno, solo que no funcionó de esa manera”, dice Veri.

Todos los diseños interiores de los apartamentos a bordo del barco deben ser aprobados por un comité antes de ser ejecutados.

En 2003, el modelo del negocio cambió. No habría turistas a bordo. Solo residentes de un altísimo ingreso económico.

Se convirtió —y permanece— como el único crucero enteramente residencial del mundo.

Todos los residentes son accionistas que votan sobre cada ruta que debe tomar cada año, hasta el tipo de combustible que se usa y la decoración de navidad.

“Las personas que compraron aquí son exitosas de una manera u otra. Abogados, doctores, arquitectos, empresarios”, dice Veri. “Tienen opiniones sobre cómo las cosas deben manejarse”.

El cambio en el plan de negocios funcionó.

Para 2006 todas las residencias del barco se habían vendido.

Sin lugar para Oprah

Durante el tour de CNN por las instalaciones del barco, varios residentes aparecieron.

Luciendo como pasajeros de un crucero regular, todos ellos saludaban a nuestra guía, Lisa Spiller, por su nombre; ella se unió como directora residencial de ‘El Mundo’ hace seis meses.

Cada persona que nos cruzamos, me di cuenta, son al menos multimillonarios. “¿Qué tan ricos son los residentes de ‘El Mundo’?”, le pregunté a Spiller.

Ella sonrió y dijo: “Digamos que el tipo de personas que compraron aquí tienen jets privados. Coleccionan arte. Esta no es su única residencia”.

El tipo equivocado de éxito, sin embargo, podría hacer que un candidato no fuera aceptado por el comité de veto.

“No creo que Oprah Winfrey pudiera ser aceptada para comprar una residencia aquí”, explica Veri, mientras hablábamos en su apartamento de tres habitaciones que cuenta con una terraza envolvente que tiene una vista sin obstáculos al horizonte de la isla de Hong Kong.

“Hay un código de confidencialidad y privacidad… No queremos paparazzi aquí. Este barco es un refugio, un santuario”, dice ella. “Nunca sabrás quién más vive aquí”.

Así luce una de las residencias de 'El Mundo'.

Hoy, 142 familias sin identificar residen en el barco. Todas ellas han pasado por un estricto proceso de escrutinio antes de que se les permita comprar la propiedad. Casi la mitad de aquellos que viven en este barco son norteamericanos, casi 45 son europeos y otros 20, de Sudáfrica.

La manager general Sandra Mooney dice que, en promedio, la mayoría de los residentes gastan seis meses cada año en el bote, que lleva una bandera de las Bahamas y se adhiere a las leyes de ese país cuando están en aguas internacionales. La ocupación aumenta en navidad, cuando muchos propietarios invitan a sus familias y amigos abordo.

Aunque el barco fue construido para 600 personas, dice Mooney, las habitaciones del hotel tienen una ocupación más alta por pie cuadrado que las residencias, pues solo tiene máximo 300 a bordo.

Viajar sin dejar casa

No hay dudas de que El Mundo es impresionante.

En una noche clara lejos en el mar, los residentes pueden elegir dormir bajo las estrellas en una colección de “camas de Balí”. Cada apartamento recibe turnos de cortesía dos veces al día. Y los artículos de tocador Bvlgari aparecen en los baños como por arte de magia.

Hay cobertura wifi a donde quiera que vaya el barco, médicos a bordo e incluso una profesora de pilates a mano.

Pero, individuos con semejantes fortunas y que valoran tanto la privacidad, ¿no preferirían viajar y comprar a bordo de sus propios yates?

El atractivo, explica Veri, radica en los itinerarios aventureros que el personal de ‘El Mundo’ proponen.

“No tengo la creatividad que esta gente tiene. Es mucho trabajo poner a tanta gente de acuerdo”, dice ella.

Para finales de 2017, por ejemplo, el barco habrá visitado Vanuatu, las Islas Salomón, Hawai, Shanghai, Hong Kong, Canadá, Alaska, México y América Central, rodeando Miami.

Tres veces por año este barco hace “expediciones”, viajes a destinos inusuales, a los que se unen destacados ecologistas y académicos que, a través de una serie de conferencias, desayunos y excursiones sobre el terreno, estimulan las discusiones educativas sobre el destino dado.