(CNN) - Si el presidente Donald Trump quería borrar cualquier implicación de que el abrupto despido del ya exdirector del FBI, James Comey, está vinculado con la investigación de la agencia sobre la intromisión rusa en las pasadas elecciones, lo ocurrido en la Casa Blanca en las 24 horas posteriores a la destitución de Comey parecía indicar lo contrario.

En lugar de evitar el tema, Trump apareció en un conjunto de imágenes que lo pusieron justo en medio del remolino ruso, empezando con un recordatorio visual de la administración Nixon.

En la primera foto desde que despidió a Comey, Trump estaba de pie en la Casa Blanca, sonriendo, mientras estrechaba la mano del embajador ruso Sergey Kislyak, sí, el hombre con el que varios de sus colaboradores se reunieron durante la campaña del año pasado.

Minutos después, Trump dio la bienvenida a la Casa Blanca a Henry Kissinger, quien se desempeñó como secretario de Estado bajo el gobierno de Richard Nixon. Las comparaciones fueron inmediatas entre Trump y Nixon, que despidió al hombre que conducía la investigación que precedió al escándalo del Watergate.

El encuentro de Trump con Kislyak formaba parte de una reunión con el canciller ruso, Sergey Lavrov, quien se encontraba en Washington para hablar con el secretaria de Estado, Rex Tillerson. Funcionarios de la Casa Blanca confirmaron la reunión entre Trump y Lavrov después de dar a conocer la destitución de Comey, el martes por la noche.

La Casa Blanca insiste en que las reuniones de Trump el miércoles ya estaban programadas y que no se debe interpretar nada más de ellas.

Comey estaba dirigiendo una investigación sobre la presunta interferencia de Rusia en las elecciones presidenciales del año pasado, lo que incluía la posible colusión entre asesores de campaña Trump y Moscú.

El ex asesor de Seguridad Nacional Michael Flynn fue despedido por mentir sobre sus contactos con Kislyak a finales del año pasado. Otros funcionarios de la administración también se han enfrentado a un escrutinio por sus contactos con el embajador ruso. El propio secretario de Justicia, Jeff Sessions, se inhibió de la investigación sobre Rusia después de que se descubrió que habló en privado con Kislyak el pasado verano y el yerno de Trump, Jared Kushner, también reconoció que se había reunido con Kislyak el año pasado en la Torre Trump.

Funcionarios y exfuncionarios de inteligencia estadounidenses han descrito a Kislyak como espía y reclutador de espías, algo que las autoridades rusas han rechazado.

A pesar de la controversia, las fotos publicadas por el Kremlin mostraron a Trump, Lavrov y Kislyak sonriendo mientras se saludaban en la Oficina Oval.

En una de las fotos, Trump hace un gesto al embajador mientras hace una observación a Lavrov. En la siguiente, Kislyak está cubriendo su boca mientras se ríe. No está claro de qué se reían; no se permitió el acceso a la reunión a periodistas y las únicas imágenes que surgieron vinieron de las cuentas del gobierno.

Sin embargo, el encuentro posterior con Kissinger no fue tan restringido. La reunión no aparecía en la agenda del presidente, y la prensa fue enviada en el último minuto para tomar una foto de la sesión.

Inicialmente, la Casa Blanca indicó que Trump estaría con Lavrov para la foto. Sin embargo, era el ex alto diplomático quien estaba sentado junto a Trump.

Trump dijo que se reunió con Kissinger para hablar "sobre Rusia y varios otros asuntos".

Tras el despido de Comey, Trump fue comparado con el jefe de Kissinger, cuya destitución de un fiscal especial en el año 1973 fue un precursor del escándalo de Watergate.

Los demócratas se han apresurado a hacer la comparación, sugiriendo que Trump temía que Comey ahondara demasiado en el vínculo con Rusia.

Trump, sin embargo, justificó el despido de Comey el miércoles.

"No estaba haciendo un buen trabajo. Es muy simple. No estaba haciendo un buen trabajo", dijo Trump dijo a la prensa mientras estaba sentado junto a Kissinger.