(CNN) - Dada su actual fortuna política, si el primer viaje al extranjero del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pasa sin ningún desastre, debe ser considerado como un rotundo éxito.

El presidente se embarca en un viaje este viernes hacia Arabia Saudita, Israel y asistirá a unas reuniones globales en Italia y Bélgica, luego de una de las semanas más tumultuosas y dañinas a las que cualquier presidente haya podido sobrevivir.

El nombramiento de fiscal especial para la investigación de si hubo cualquier tipo de colusión entre los consejeros de Trump y el posible hackeo electoral del Kremlin desencadenó una serie de eventos luego de que el presidente despidiera al director del FBI, James Comer, quien declinó el requerimiento de Trump de proteger al exconsejero de seguridad nacional Michael Flynn en la investigación de Rusia, reportado primero por The New York Times y confirmado más adelante por CNN.

Fue una semana que pudo haber puesto la entera presidencia de Trump en peligro y que ha dejado una Casa Blanca desalentada, confundida y en desacuerdo consigo misma.

Las giras internacionales, con sus largos viajes, una fatiga acumulada, altos riesgos y condiciones de confinamiento, pueden fácilmente exacerbar las tensiones entre los equipos de la Casa Blanca, y el campo Trump es el más dividido y más áspero dentro de la Casa Blanca en la historia reciente.

Un cartel gigante con las fotos del presidente Trump y del rey Salam de Arabia Saudita, anunciando la visita del presidente de Estados Unidos, es visto en una vía de Riad, el 19 de mayo de 2017.

De hecho, para algunos funcionarios que han perdido la confianza del presidente, esta gira puede ser una oportunidad para salvar sus trabajos.

“Es una especie de todo o nada”, dijo un funcionario, refiriéndose a lo que está en juego tanto para el personal como para el propio presidente.

Como resultado, Trump irá a su primer viaje, un ambicioso primer paso en la escena global, empujado por un torbellino en casa y enfrentando preguntas de líderes extranjeros sobre la viabilidad de su gobierno.

“Una pregunta que todo el mundo tiene fuera de Estados Unidos, y no es probable que se la hagan al propio presidente, es ¿cuál es su fuerza política real en relación a las divisiones en el Congreso, en relación a los problemas con su propio partido?”, dijo Anthony Cordesman del Centro de Estudios Estratégicos y Estudios Internacionales.

“¿Puede seguir adelante con su propia agenda? Esta sería ciertamente la pregunta mientras visita cualquier país del mundo”, añadió.

Una prueba significativa

El debut en el extranjero del presidente siempre será una prueba significativa, dado el desafiante itinerario y su completa falta de experiencia diplomática. Los viajes al extranjero son una propuesta agotadora, incluso para el mandatario más experimentado. Sus tediosas reuniones y cenas oficiales, los protocolos sofocantes y momentos en cámara, podrían causar un paso en falso que causaría un incidente diplomático o encender una tormenta política.

Pero el caos que ha azotado a Trump desde que llegó a la presidencia, la dificultad que su equipo de prensa ha tenido con sus comentarios contradictorios y sus tuits, además de su pura imprevisibilidad ponen a esta gira en la cuerda floja.

Luego está la naturaleza traicionera de los temas que debe enfrentar: desde el poder político en Medio Oeste, pasando por los diálogos de paz entre Israel y Palestina, el futuro de la OTAN (que atacó durante su campaña), y la preocupación europea sobre el impacto de sus políticas comerciales proteccionistas.

Además, el reto logístico mientras el presidente se mueve por todo el mundo es enorme. Hay una gran presión en sus jóvenes e inexpertos equipos de avanzada que negocian la puesta en escena de los encuentros de Trump con líderes extranjeros y preparan las agendas de las reuniones.

Cualquier incidente o comentario que ofenda al anfitrión o sugiera que Trump no está a la altura de su puesto podría exacerbar las preocupaciones sobre su idoneidad para la presidencia, una duda que ha sido elevada frecuentemente durante sus cuatro meses al mando.

Solo esta semana el presidente alimentó las preocupaciones cuando The Washington Post reportó primero que él compartió información secreta en una reunión con la delegación rusa, en la Oficina Oval. Y como Trump estará lejos de Estados Unidos y la avalancha de noticias taquilleras sobre su gobierno parecen no parar, su equipo se verá obligado a establecer estrategias de manejo de crisis desde muchas zonas horarias lejos de la Casa Blanca.

Pero si el presidente quisiera, puede usar este viaje como una manera de salir de un periodo de debilidad para que el Gobierno gane algunos titulares positivos e incluso generar un impulso moral para sí mismo.

Después de todo, sus colegas internacionales están profundamente curiosos sobre su agenda y, en Arabia Saudita y particularmente en Israel, es probable que quiera dar una impresión positiva.

Trump es un personaje colegial que ha gastado gran parte de su tiempo socializando con algunos visitantes extranjeros así que de hecho podría disfrutar de la interacción. Sin embargo, al ser conocido como una persona tan casera, podría quedarle más difícil relajarse en una capital extranjera que en su resort en Mar-a-Lago, donde ha recibido a varios dignatarios extranjeros.

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‘Estados Unidos primero’

Los asistentes de Trump saben que su viaje no borrará la agitación política en casa. Pero ellos creen que la gravedad de los problemas que Trump enfrentará pueden ayudar a alinear al presidente. Nadie puede garantizar que está listo para superar el escándalo de la investigación sobre Rusia.

Sin embargo, los líderes mundiales, están menos interesados en los detalles de los problemas políticos de Trump y están más dispuestos a evaluar el impacto que puede tener su política ‘Estados Unidos primero’ en sus países, regiones y alianzas.

En Europa, especialmente, quieren saber si Trump se saldrá del acuerdo de climático de París y quieren probar sus verdaderos sentimientos hacia Rusia, algo que es visto como una amenaza en gran parte del continente.

Tan pronto como Trump deje Washington se dirigirá hacia el fondo de la geopolítica global. La mayoría de los presidentes de Estados Unidos hacen viajes rápidos a Canadá o México. Pero Trump no. Aunque claro, por su hostilidad hacia el TLCAN cualquiera de esos destinos habría significado un desafío.

En cambio, sus primeros pasos en suelo extranjero como presidente lo pondrán en la fosa de los osos de la política de Medio Oriente, en la región del mundo más devastada por la guerra, donde las tensiones sectarias hierven y los líderes deben dominar la ley de la selva política simplemente para sobrevivir.

Pero Trump tiene una ventaja: Israel y Arabia Saudita, aliados de Estados Unidos, han expresado su descontento con la política internacional del gobierno de Barack Obama, y el alcance de Irán y su controversial acuerdo nuclear.

Ellos están predispuestos a la recomposición que Trump dice que representa.

“El presidente va ir a Medio Oriente para hacerles saber a nuestros amigos que estamos de vuelta y para hacerles saber a nuestros enemigos que volvimos”, le dijo a CNN David Urban, quien lideró la exitosa campaña presidencial de Trump en Pensilvania y trabajó con su equipo de transición.

Se espera que Trump desvele un masivo tratado de armas en Arabia Saudita y que se reúna con líderes de naciones de mayoría musulmana para discutir cómo responder al poder de proyección de Irán en la región. Él también es probable que se queje del acuerdo nuclear que alcanzó el gobierno de Obama, aunque su gobierno haya certificado que Teherán está apegado a los términos del acuerdo.

Por otra parte, cuando Trump aterrice en Europa, será recibido con reservas, dada su retórica sobre la OTAN, y la antipatía hacia la Unión Europea manifestada por algunos de sus asesores políticos.

Él hará un viaje a Roma para una audiencia con el papa Francisco, asistirá a una reunión de la OTAN en Bruselas y también a una cumbre del G7 de países desarrollados en Sicilia.

— Kevin Liptak de CNN contribuyó con este reporte.