(CNN Español) - Brasil se enfrenta a una crisis política de proporciones inesperadas tras la publicación de una grabación realizada el pasado 7 de marzo en la que el presidente Michel Temer aparece como interlocutor del empresario Wesley Batista, dueño del grupo cárnico JBS, quien le confiesa en privado estar comprando voluntades de funcionarios del poder judicial para obstruir las investigaciones en su contra en el marco de la Operación Lava Jato, que desentraña la mayor trama corrupta descubierta en la historia de Brasil.

La calidad de la grabación es deficiente y Temer interviene de forma muy puntual, pero para la oposición política de Brasil representa munición de grueso calibre: sería el elemento inequívoco de que Temer ha encubierto hechos delictivos, algo que constituiría un delito y que le llevaría a ser juzgado y, eventualmente, destituido de su cargo.

"Por mucho menos le hicieron un impeachment a la expresidenta Dilma Rousseff”, opinó el analista político Fernando Abrucio en declaraciones a TV Record.

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Sin embargo, el debate jurídico está abierto y en el propio Palacio de Planalto, sede del Gobierno de Brasil, entienden que el documento no es tan explosivo como se esperaba.

Temer se defiende diciendo que en aquella conversación, desarrollada por la noche en el Palacio de Jaburú, su residencia oficial, no creyó en lo que el empresario Wesley Batista le estaba contando y que por esta razón no tomó medidas al respecto. El equipo del presidente concluye que la grabación no representa una prueba conclusiva de delito. A esta opinión se han sumado algunos analistas.

Adelantándose a la publicación de la grabación, el presidente compareció este jueves ante la nación para comunicar con rotundidad que no va a renunciar porque no tiene nada que ocultar. “No renunciaré! Repito, no renunciaré! Sé lo que hice y sé que mis actos fueron correctos”, clamó el presidente en una breve y contundente alocución televisada.

Michel Temer, presidente de Brasil.

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Según los analistas, el futuro de Temer depende ahora de los jueces del Tribunal Supremo, que ya ha autorizado la apertura de una investigación sobre el caso, y del Tribunal Superior Electoral, donde el próximo seis de junio el presidente tendrá que enfrentar junto a la expresidenta Dilma Rousseff un juicio por abuso de poder durante la pasada campaña electoral de 2014. Varios partidos políticos también han solicitado el inicio de un proceso de impeachment contra Temer.

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Pero sobre todo, todos los observadores coinciden en que será crucial para el futuro del presidente el grado de apoyos que consiga mantener en otros frentes. Por una parte, el apoyo de la población, que ya era bajo y que tras estas revelaciones está bajo mínimos.

En este sentido, este jueves se volvieron a registrar movilizaciones en varias capitales brasileñas para pedir la dimisión del mandatario y la convocatoria de elecciones directas. Por otra parte, la confianza de los mercados, que venían aprobando las medidas del Gobierno pero que con esta crisis se ha enfriado visiblemente.

El jueves se registraron fuertes caídas en la bolsa de Sao Paulo, corregidas levemente un día después. Y por último, la lealtad en el Parlamento de los partidos aliados al Ejecutivo, que también parece haber quedado seriamente comprometida.

Por mucho menos le hicieron un impeachment a la expresidenta Dilma Rousseff

opinó el analista político Fernando Abrucio en declaraciones a TV Record.