Nota del editor: Jen Psaki, comentarista política de CNN y miembro del Instituto de Política y Servicio Público de la Universidad de Georgetown, fue directora de comunicaciones de la Casa Blanca y portavoz del Departamento de Estado durante el gobierno de Barack Obama. Ha trabajado como consultora para la Planned Parenthood Federation of America. Síguela en Twitter en @jrpsaki. Las opiniones expresadas en este comentario son de su responsabilidad.

(CNN) - Como madre, las escenas del ataque terrorista en Manchester me dan ganas de encerrar a mi hija en su habitación, prohibirle que asista a conciertos y cerrarle el mundo. Y ni siquiera tiene 2 años. El miedo es una respuesta humana. Pero también es lo que buscan los terroristas.

Las imágenes e historias de las jóvenes víctimas que empiezan a surgir en estos días pondrán a prueba nuestra resolución de no tener miedo. Y son momentos como estos en los que necesitamos que el presidente de Estados Unidos sea una voz firme, que reconozca la reacción humana a la tragedia, pero que también nos guíe lejos de permitir que el temor se transforme en prejuicio y odio.

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Pero este tipo de liderazgo requerirá un nuevo enfoque del Comandante en Jefe, uno que difiera de lo que ha dicho y hecho en el pasado. En los días posteriores al ataque de París, por ejemplo, el entonces candidato Donald Trump pidió que se prohibiera a todos los musulmanes entrar en Estados Unidos e implementar un registro que garantizara que conociéramos la identidad de todos los musulmanes estadounidenses que vivían pacíficamente entre nosotros.

Jen Psaki

Alentó la ira contra los musulmanes y ayudó a estimular, a través del país y entre los miembros del Congreso, el temor a los refugiados que llevó en parte a restricciones más estrictas a su reasentamiento. Yo estaba trabajando para el presidente Barack Obama en ese momento, y nuestra propia reacción de la Casa Blanca al ataque de París tampoco fue perfecta.

Estábamos tan envueltos en nuestra propia indignación por los ataques de Donald Trump contra la comunidad musulmana, y contra los refugiados, que no concentramos suficiente energía en comunicar al público las fortalezas de nuestro propio sistema: nuestra aplicación de la ley, nuestro proceso de investigación y nuestras propias protecciones para mantener al pueblo estadounidense a salvo.

El presidente Obama también fue criticado en ese momento por no reaccionar a los ataques con más emoción, con más enojo. Algunas de esas críticas estaban justificadas. Estaba de viaje en Asia, y no estaba digiriendo la cruda reacción en Estados Unidos.

Sus respuestas durante las conferencias de prensa estuvieron envueltas por el tono constante y pragmático que había sido su estampa. Pero en los días que siguieron al ataque, tampoco hizo lo suficiente para reconocer el impacto de los ataques en su país.

Aunque su enfoque fue frustrante para muchos de nosotros en la Casa Blanca en el momento, su tranquila calma demostró en retrospectiva que también contenía sabiduría. Se negó a entrar en una carrera hacia el mínimo común denominador, para reforzar su propio lenguaje o formas de pensar para reflejar el miedo y las emociones de la gente en el país que dirigió. Nos dijo que necesitaba ser la voz de la razón. Él estaba en lo correcto.

Donald Trump aseguró durante una rueda de prensa en la Ribera Occidental que los atacantes de Manchester eran unos "perdedores malvados". (Crédito: THOMAS COEX/AFP/Getty Images)

Han pasado 18 meses desde el ataque de París. Hay un nuevo presidente en el cargo. Tal vez no quiera sacar una página del apacible y estable libro de tácticas de Obama, pero espero que al menos pueda aprender de cómo la gente de Manchester, los ciudadanos que han perdido vecinos, compañeros de clase y niños, ya han respondido. Los taxistas musulmanes ofrecen carreras gratuitas en la ciudad. Los ciudadanos se unen.

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En cierto modo somos más vulnerables a los prejuicios reactivos en Estados Unidos. La población de musulmanes estadounidenses palidece en comparación con países como el Reino Unido, donde los musulmanes son alrededor del 15% de la población en Manchester, según el más reciente censo en el 2011.

Sin embargo, no se habla de expulsar a los musulmanes de la ciudad. Ni siquiera el liderazgo conservador del Reino Unido tiene un movimiento para registrar a los musulmanes o prohibirles su entrada al país.

Hay un esfuerzo a nivel de base para vivir juntos. Para estar juntos. El verdadero desafío de los eventos como el de Manchester no es cómo respondemos con simpatía por las víctimas o la ira contra los "malvados perdedores" (como nuestro presidente los ha llamado) como consecuencias inmediatas, sino en cómo reaccionar en los próximos días.

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Si la historia es una guía de cómo el presidente Trump reaccionará en las próximas semanas, tenemos motivos de preocupación. Como ciudadanos, debemos esperar que no use este horrible ataque como una apertura para convertir la ira y el miedo en discriminación y, de cualquier manera, resolverse a no dejar que eso suceda.