Washington (CNN) - Algunos círculos políticos de Washington están en medio de una tensión que se refiere a esto: Donald Trump no conseguirá ser reelegido y puede que ni siquiera termine su primer período completo. Dado este escenario, el mandatario es visto como un bache en un camino mucho más largo, el mismo que será olvidado tan pronto deje su cargo.

Esa lógica es defectuosa. Y la decisión de Trump de sacar a Estados Unidos del acuerdo climático de París, que aún no se ha anunciado, pero que está siendo ampliamente reportada, demuestra por qué.

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Para ponerlo de manera simple: las decisiones que Trump toma cada día cambian el curso del país en todos los ámbitos, desde el clima hasta la inmigración y el comercio.

La idea de que sus acciones se pueden deshacer en el segundo en el que deje su cargo, ya sea en cuatro u ocho años, es un juicio enormemente erróneo sobre no solamente lo difícil que es cambiar el rumbo de la nave del Estado, sino también acerca de cómo se habrá transformado la manera en que el mundo percibe a Estados Unidos para ese momento.

Volvamos al principio del acuerdo de París. Trump se opuso al acuerdo climático -firmado por el entonces presidente Barack Obama, en 2015- durante la campaña electoral de 2016 y lo presentó como un excelente ejemplo del modo en que Estados Unidos "hace malos arreglos".

"Vamos a cancelar el acuerdo climático de París y a detener todos los pagos en dólares de Estados Unidos a los programas de calentamiento global de la ONU", prometió Trump durante un gran discurso enérgico a finales de mayo de 2016. "Este acuerdo les da control a los burócratas extranjeros sobre la cantidad de energía que usamos en nuestra tierra, en nuestro país. De ninguna manera".

(Nota importante: cabe destacar que los 195 signatarios del acuerdo climático, que propone metas para reducir las emisiones de carbono, se vincularon de manera voluntaria. Ningún país en el tratado tiene la capacidad de dictar las políticas de emisiones de otro).

El entonces presidente de EE.UU., Barack Obama, y su homólogo chino, Xi Jinping, estrechan sus manos en su reunión en Hangzhou, donde ambos ratificaron el Acuerdo de París. (Crédito: How Huee Young/AFP/Getty Images).

Mucha gente asumió que el lenguaje áspero de Trump sobre el cambio climático era simplemente una postura de campaña, diseñada para apoyar su lema de "Estados Unidos primero" en la base demócrata. Incluso después de la victoria de Trump, había dudas de que fuera a cumplir su promesa, sobre todo porque Ivanka Trump y el secretario de Estado, Rex Tillerson, estaban abogando porque el país permaneciera en el acuerdo.

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No obstante, Trump parece estar listo para hacer precisamente eso. Y esta es la última de una serie de declaraciones y decisiones (su rechazo al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica –TPP–, su duro discurso sobre la inmigración y sus puntos de vista sobre la OTAN) que no sólo representan un retroceso con respecto a las políticas del gobierno anterior sino que también rompen con las más amplias ideas posteriores a la Segunda Guerra Mundial de lo que Estados Unidos es y será en la escena mundial.

El desempeño de Trump durante la gira por el extranjero, la semana pasada, proporciona más pruebas. Se llevaba bien con los líderes saudíes, por ejemplo, y se enfrentó con personas como la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron.

¿Necesitas más ejemplos? Su rechazo permanente a condenar a Rusia. Sus elogios para el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, y el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte. Y así.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos. (Crédito: Win McNamee/Getty Images)

Desestimar a Trump como ineficaz o anómalo es perder de vista el punto más amplio. Puede que Trump fracase en que el Congreso apruebe su agenda, pero el simple hecho de ser presidente todos los días, con las grandes o pequeñas decisiones que tome, tiene un efecto profundo.

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Salirse del Acuerdo de París no significa que Estados Unidos jamás vuelva a tratar el tema del cambio climático en la escena mundial. Del mismo modo que salirse del TPP o la aprobación al oleoducto Keystone XL no significa que el próximo presidente no será capaz de revertir algunos de los efectos de esas decisiones, si él o ella así lo deciden.

Pero, no hay duda en que la dirección con la que Trump dirige la nave de los asuntos estatales importa, y en gran medida. Y no es algo que se pueda deshacer fácilmente.