(CNN) - Está amaneciendo, estás recorriendo el desierto y la fatiga es tan enorme que crees que estás viendo duendes.

Bienvenido a Race Across America (RAAM), doce días de infierno pedaleando desde la costa oeste hacia el este. La ruta se extiende 4.828 kilómetros a lo largo de doce estados, pasa por las Montañas Rocosas, las Grandes Llanuras y el Valle de los Monumentos, así como por los desiertos de Mojave y Sonora, con la exigencia extra de 51,8 kilómetros de ascensos verticales.

Es una competencia un tercio más larga que el Tour de Francia y tiene que ser terminada en la mitad del tiempo, sin parar.

"Es una experiencia surrealista si estás en el desierto a las 3:00 a.m.", le dijo a CNN Phil Magnus, mecánico de la ciclista británica Shusanah Pillinger en el 2014 y el 2015.

"No quieres bajarla de la bicicleta porque es tiempo perdido, pero no quieres que sea inseguro porque está muy cansada".

"A veces nos inclinábamos hacia fuera del auto para gritarle con el fin de que permaneciera despierta, tratando de mantenerla en la carrera hasta el momento en que tuvimos que bajarla de la bicicleta".

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"Entonces sales del auto y te das cuenta de que estás de pie en el Camino Navajo en medio de la noche y sientes estos fantásticos olores que vienen del desierto. "No hay nadie más, ni siquiera otro ser humano del que seas consciente por kilómetros y kilómetros".

Pillinger hizo historia como la primera mujer británica en completar la RAAM en el 2015. Había llegado a menos de 1.600 kilómetros de la meta el año anterior, antes de quedarse dormida en su bicicleta, estrellándose y rompiéndose su clavícula.

La edición del 2017 comienza este martes en Oceanside, cerca de San Diego, y para terminarla, los pedalistas deben haber llegado a Annapolis, Maryland, en doce días.

Para sus 60 corredores individuales (también hay equipos de dos, de cuatro y de ocho) será un festival de refrigerios y bebidas calóricas, bolsillos de sueño arrebatados y una aguda evaluación de sus atributos mentales y físicos.

"Tienes que querer hacerlo", explicó Magnus. "Shu probablemente no sea la mejor ciclista del mundo, por lo que es un logro aún mayor que haya por ahí mejores ciclistas que ella que han fracasado".

"Ella es muy batalladora, y es una persona muy determinada y organizada mentalmente. Había veces en que estábamos tres en el auto de apoyo en un turno de quince horas, en la mitad de la noche, todos muertos de hambre y cansados, y te podrías perder de algo".

"Shu era la única persona que sabía dónde estaba, pero tenías miedo de preguntarle porque ha estado corriendo con la bicicleta durante tres días. Le preguntas y probablemente lo sabrá. Eso es parte de su psique. Ella no sólo está involucrada en todo, sino que está por encima de todo.

"Tal vez ese sea el tipo de personalidad que debas tener, la de un monstruo del control que pueda confiar en su equipo para enfocar esa tremenda energía mental y física que se necesita para la tarea".

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El equipo de Pillinger recolectó algunos valiosos datos de sueño de su fallido intento del 2014 para ayudarle a impulsar su éxito un año después.

Se descubrió que su mejor ciclo de sueño eran dos o tres siestas de 70 minutos cada 24 horas, que le permitían funcionar a su mejor nivel.

Un sueño de 210 minutos sería su recompensa por alcanzar sus objetivos en un período de 48 horas, pero después de un lento comienzo de su travesía del 2015, ella estaba a cerca de cinco días para ganársela.

"Fue brutal y muy emotivo", aseguró Magnus. "Nos dimos cuenta de que ella estaba atrasada después de salir de las Montañas Rocosas, pero no puedes decirle eso, a pesar de que es una mujer muy inteligente y podría haber sido consciente de ello.

"Estás ahí, deprimido, pensando '¿Cómo puede ser?' Hemos hecho todo lo que hemos podido como tripulación para no perder el tiempo. Ella debe estar andando un poco más lento.

"Luego, saliendo de las Montañas Rocosas con el beneficio de un ligero viento de cola y un poco de vigor renovado, ella hizo un ciclo en la región de más de 800 kilómetros en dos días y dio la vuelta".

Cuando Pillinger llegó a Ulysses (Kansas), estaba matemáticamente segura de terminar, aunque siguiera con su ritmo más lento de lo previsto, siempre y cuando no se cayera.

Eso estaba lejos de ser una certeza dada la paliza que su cuerpo y mente habían recibido. Después, ella se refirió a una especie de "hora de brujería", con episodios de paranoia, déjà vus y alucinaciones en las que veía una especie de "duendes".

La comprensión de que el éxito estaba a su alcance llevó a una liberación emocional para todo el personal de apoyo de Pillinger.

"Fue una experiencia única, todo el equipo estuvo en el mismo lugar al mismo tiempo", recordó Magnus.

"Puede que haya sido la primera vez en siete días que ella tuvo su sueño de 210 minutos y yo fui el último en llegar a dormir. Lloré porque sabía que había cambiado una situación en la que podría no tener éxito".

"Me he maravillado tanto de su fuerza mental como de su fuerza física. Formas vínculos muy sólidos como un equipo al quedar atrapado en el auto durante quince horas con personas a las que sólo habías visto pocas veces".

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"Todo el mundo estaba enfocado en ella, centrado el uno para el otro y había una energía muy, muy positiva, ese tipo que te gustaría sacar de la atmósfera y atraparla en una botella.

"Fue una de las más grandes experiencias de mi vida".

Para su siguiente desafío, Pillinger, que sigue viajando 41,8 kilómetros en bicicleta todos los días desde su casa en St. Albans hasta Londres, competirá en la transcontinental, una carrera de 2.880 kilómetros desde Bélgica hasta Grecia.

Y esta tiene un giro: es una misión en solitario, sin ningún equipo de ayuda en lo absoluto.