Nota del editor: Roberto A. Ruarte es asesor en mercados financieros. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) - El ser humano por naturaleza suele ser racional y quiere encontrar razones en los diferentes movimientos de los mercados financieros. Si subió el dólar contra el peso mexicano; si se apreció la moneda mexicana; si la Bolsa de valores de EU subió, si bajó; si el petróleo tuvo una recuperación o por el contrario una caída, la pregunta de rigor es ¿por qué?, exigiendo una razón para el movimiento registrado por el activo financiero en cuestión.

Ya un célebre trader de mercados nos dijo que los mercados financieros son irracionales no racionales. Hay que considerar que la emoción varía de la euforia en los picos o techos a la depresión en los valles o pisos.

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Otra definición importante es que los mercados son cíclicos y ciclotímicos, y que el mercado continuamente sanciona consensos.

Con respecto a este punto, la mayoría de los inversores son seguidores de tendencia. Si algo sube, se montan pensando que va seguir subiendo, y si baja, salen del mercado o los más profesionales le apuestan en contra, piensan en forma lineal y esto está reñido con la naturaleza de los mercados que son cíclicos y ciclotímicos. Es un error pensar linealmente en el comportamiento de los mercados financieros, y muy peligroso cuando estamos justo por terminar el ciclo positivo o el ciclo negativo.

Negociantes trabajan en el piso de la bolsa de Wall Street en Nueva York. (Crédito: BRYAN R. SMITH/AFP/Getty Images)

Un ejemplo de ello lo podemos ver en el dólar-peso mexicano. Cuando fue elegido Trump, y en su asunción, muchos especuladores estaban comprando dólares pensando linealmente que el dólar, que llegó a los 22 pesos el pasado 20 de enero, se iría a 23, 25 y 30 en 2017. Ahora que el dólar se cayó 4 pesos, los especuladores están comprando pesos pensando linealmente nuevamente. Viene bajando y seguirá bajando, piensan, a 17 pesos mexicanos por dólar o menos.

El error se pagó muy caro para los que compraron dólares en enero a 21.50 pesos mexicanos o 22, y puede ocurrir lo contrario: los que estén vendiendo a cerca de 18 pesos, seis meses después, aplicando una visión lineal de pensamiento y de comportamiento en mercados que en realidad son cíclicos: momentos buenos y malos.

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En enero, el sentimiento de pánico y depresión existía en los mexicanos y también en los foráneos con lo que pudiera hacer Trump hacia México. Seis meses después, ahora preocupados muchos inversores por Brasil, salen de aquel país y vienen a México y asumen que Trump se está debilitando y que México ha podido soportar sin mayores problemas los seis primeros meses de mandato del presidente republicano y la confianza ha regresado. Si en aquella oportunidad fue venta de dólar, ¿aquí será compra?

Hablando que el mercado sanciona consensos, las calificadoras de riesgos, avocadas a su trabajo de mirar la economía real, examinan minuciosamente todo tipo de variables, financieras como mercados, económicas como inflación, crecimiento, empleo, finanzas públicas, inflación, políticas para determinar la fortaleza del gobernante y sociales para ver si existen riesgos de conflictos que puedan significar peligro para los inversores.

Cuando todas estas variables están de maravillas otorgan grado de calificación segura de inversión a los países. No podemos criticar su trabajo pues ellos deben mirar dichos datos y los mismos están excelentes, el error es trasladar esa información para operar los mercados financieros.

Transeúntes miran los indicadores del mercado TSE en Tokio. (Crédito: KAZUHIRO NOGI/AFP/Getty Images)

En marzo de 2000, le otorgaron a México el grado de inversión, todas las variables de maravillas, macro, microeconómicas, mercados, situación social, fiscal etc. En ese momento México hereda la crisis de las tecnológicas de EU y se hunde la Bolsa fuertemente en pesos y el dólar se aprecia con el peso mexicano, el consenso era que todo estaba bastante bien, sin embargo, en dicho momento era venta de Bolsa de pesos y no compra.

En 2008, Brasil fue el país señalado por importantes calificadores como el país modelo. Su premio, grado de inversión, con Lula de Silva como el mandatario con mayor prestigio en América Latina y casi todo el mundo. ¿Qué hicieron los mercados? El Bovespa colocó su techo y descendió fuertemente su valor, mientras el real se depreció contra el dólar de 1.60-2 a niveles de 4.28.

Aspecto del piso de la Bolsa de Valores del Estado de Sao Paulo (Bovespa). (Crédito: Miguel Schincariol/AFP/Getty Images)

Brasil en 2016, con el zika, recesión, corrupción de Petrobras, impeachment a la presidenta y su posterior salida, baja imagen de los gobernantes, su Bolsa subió 80% en dólares, siendo la estrella de la región, mientras las mismas calificadores mandaron a bonos basura a muchas empresas de Brasil, considerando riesgo alto de invertir en Brasil en 2016, justo el año del cambio cíclico; el pensamiento lineal de ciertos especuladores resultó letal en 2008 y también en 2016.

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México mismo en 2017 era el país más pesimista de América Latina y en el primer semestre terminó siendo su moneda y su ETF en dólares el EWW las verdaderas estrellas de los mercados con rendimiento cercanos al 20% para los primeros seis meses. Con la desconfianza de enero, la depresión tomó al mercado muy barato en dólares y generó la oportunidad y el cambio cíclico.

Ahora, vale la pena preguntarse si es tiempo de pensar en forma lineal, como sugieren Yellen, Trump y Buffet, o en cambio cíclico como sugieren Soros, Rogers, Faber entre otros célebres, ahora que Wall Street que desde los pisos de marzo del 2009 en Dow y sp500 lleva 267% de subida sin una caída superior al 20%, siendo la segunda subida más importante de la posguerra, solo detrás de la del 300% entre 1988 y 2000.